La mala fama

marzo 19, 2009

No olvidar en esta página  sobre Arahal su mala fama (histórica), a la que pienso dedicar las entradas necesarias. Creo que esta mala fama en el nombre de Arahal está compuesta de varios ingredientes: el suceso incendiario de la Guerra Civil, precedido en el siglo XIX por el saqueo -también incendiario- de los papeles del pueblo, acompañado por un toque de canallismo exótico con bandoleros como el Niño del Arahal. Mi opinión puede parecer simplista, pero esta mezcla de acontecimientos han convertido en poco tiempo -lo que va de la mitad del XIX a la primera mitad del XX- a un inocente pueblo agrícola en lugar de fama sangrienta. Recuerdo, cuando era estudiante universitario, como al decir yo el nombre del pueblo, alguien preguntaba por asesinos pirómanos, no por aceitunas de verdeo. Con el tiempo supe defenderme, pero sentía en mi cierta culpabilidad de pertenecer a una tribu que resolvía las cosas con fuego.

He pensado muchas veces si no hubiera habido incendio en la cárcel del ayuntamiento y los muertos hubiesen sido en el paredón, como en todos sitios, y que tampoco hubiera habido saqueo y quema en 1857, la fama que tendriamos…En las revueltas de Utrera y El Arahal de 1857, la fama vino de la represión del ejército “apaciguador”. Lo dijo Pérez Galdós: “no van los tiros a matar las ideas, que no existen; no van a matar los sentimientos, que tampoco existen: van a matar el hambre…” (1) La resonancia politica de estos tiros, dentro y fuera de España, fué grande. Arahal era un lugar de furibundos campesinos, aunque estos no fueran de Arahal.

Respecto a los sucesos del 36, el caos era el mismo que en todos los pueblos, pero hubo una mano asesina que quemó, seguida de otra mano asesina represora que ordenó disparar, muriendo mucha gente inocente. O sea, en los dos sucesos tuvo mucha importancia la represión, que luego se justificaba magnificando aún más lo sucedido. La propaganda oficial funcionaba bien. Era normal oir cosas así: “A las gentes de derechas las encerraron en la iglesia, efectivamente, pero no llegaron a hacer como en El Arahal, el pueblo aquel de Los Tres Gatos…”(Aquilino Duque). La guerra civil fué terrible, pero aquí fué peor. Ese fué el mensaje y un paso más de nuestra mala fama. Creo que así lavaron su memoria otros pueblos, que no fueron tan “malos”. La hipocresía en la postguerra era necesidad fundamental para la supervivencia: aquí no ha pasado nada, donde ha pasado ha sido en el pueblo de al lado.

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Por eso es necesario hablar de cosas que ocurrieron, aunque no parezca conveniente hacerlo. Por ahora me basaré en testimonios escritos, empezando con la muerte de un inocente, en el que se cebó la crueldad de la represión. Leo su historia en un libro de reciente publicación (2006), Maestros de la República. Relata la historia de varios maestros muertos en la Guerra Civil, por ser maestros y quizás ser de izquierdas. Este es el caso del maestro Jose Rodríguez Aniceto: “…estaba de vacaciones en Salamanca, su ciudad. Y fueron a buscarlo a Salamanca para fusilarlo en El Arahal, en público, bajo el reloj del ayuntamiento donde impartía sus clases. En un pueblo de 13.000 habitantes, ejecutaron a más de 425 ciudadanos, pero a muy pocos fueron a buscarlos tan lejos…”

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“…José Rodríguez Aniceto, el maestro fusilado en El Arahal, en una fotografía junto a su esposa… la mujer era estupenda, que preparaba a los niños para la primera comunión y tenía muchos santos por toda la casa…”

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Uno de estos niños cuenta en el libro que vió como lo mataron cuando bajaba corriendo por la calle de la Laguna : “Jose María era un niño que iba a casa de su abuela, pero se cruzó en la plaza con la ejecución de su maestro, don José, que le estaba enseñando en la España difícil de 1936 que la cultura es el principio de la libertad. Sonó la descarga, se inclinó para atrás y cayó hacia adelante”.

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(1).- «¿Qué pedían los valientes revolucionarios del Arahal? ¿Pedían Libertad? No. ¿Pedían la Constitución del 12 o del 37? No. ¿Pedían acaso la Desamortización? No. Pedían pan… pan… quizás en forma y condimento de gazpacho… Y este pan lo pedían llamando al pan Democracia, y a su hambre Reacción… quiere decirse que para matar el hambre, o sea la Reacción, necesitaban Democracia, o llámese pan para mayor claridad… No creáis que aquella revolución era política, ni que reclamaba un cambio de Gobierno… era el movimiento y la voz de la primera necesidad humana, el comer…” (O´Donnell, por B. Pérez Galdós)

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Referencias bibliográficas:

Mª Antonia Iglesias. “Maestros de la República. Los otros santos, los otros mártires”.  La Esfera de los Libros. Madrid, 2006.

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Las imágenes corresponden al libro citado, con los retratos de José Rodríguez Aniceto y su grupo escolar. Reproducido éste en b/n y en color (en el centro) con los colores de la bandera republicana.

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6 comentarios to “La mala fama”


  1. […] Esta historia local que  utilizan los escritores del siglo XX enlaza perfectamente con la mala fama a la que aludí en otra […]


  2. […] Poco se puede añadir a la historia del bandolerismo andaluz, bien estudiada y documentada (incluido internet). Ahora encuentro un texto que me conduce de nuevo a nuestro paisano, el famoso Niño del Arahal. Es una nota de la época (1907) en que se cita un extenso panorama de bandidos, cuatreros y fechorías,  asombrándome de que él no esté. Puede explicarse porque el de Arahal saltó a la fama al final, acompañando en la muerte al Pernales. Fué a partir de caer bajo los disparos de la Guardia Civil y divulgarse su imagen por todas partes cuando el Niño se hizo célebre. Y es cuando el nombre de Arahal entró en la leyenda del bandolerismo. Era el pueblo representado en el nombre del bandido. Si se hubiese apodado Antoñito o Antoñín, Arahal habría guardado su anonimato en el tiempo,  como Estepa, pueblo que superó con mantecados y polvorones sus más de 30 bandidos. Insisto de nuevo con esta entrada en esa obsesión mía de investigar la mala fama “accidental” del pueblo y de la que ya he escrito aquí. […]

  3. francisco Says:

    Todo lo que se cuenta sobre arahal es verdad? creo que la mala fama
    De nuestro pueblo se interponen muchos interses así que tendremos que apechugar cada uno con lo que nos toque.
    Mi abuelo contaba cosas que hay que taparse los oidos, llamaban alas
    Puertas y alas personas que sacaban de su casa no volvian y no eran de izquierdas eran gente sin escrupulos y pagados

  4. Carmen Martínez Says:

    Todas las historias de la guerra incivil que conozco son las que me contó mi madre, subrayadas siempre con la coletilla de que todos (derecha, izquierda y demás) hicieron barbaridades.


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