Crónica negra

abril 23, 2009

El escritor Alfonso Grosso, uno de los representantes de la llamada “generación del medio siglo”, sevillano y buen conocedor de Sevilla y su provincia, utilizó a Arahal en algunas de sus novelas. Desgraciadamente no en las buenas (Florido mayo, Guarnición de silla o Inés just coming, por ejemplo), sino en las comerciales y de prosa rápida para el gran consumo. Arahal está en dos basadas en hechos reales, El crimen de las estanqueras y Los invitados, la más famosa de todas sus obras.

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En Los invitados novela unos hechos sangrientos ocurridos muy cerca de Arahal. Él mismo aclara desde el principio que es una “obra de imaginación pese… a (que son) reales los toponímicos y todas y cada una de las coordenadas geográficas en las que he situado la acción”. El autor, camino de Paradas, lo primero que hace es evocar la delincuencia: “dejar por fin atrás la travesía del Arahal, cuna del bandolero Antonio Jiménez Rodríguez, Niño del Arahal… Quizás creando un climax drámatico de la zona.

Luego, añade el recuerdo de la Guerra Civil, pues los hechos coinciden en el tiempo: “…el día 22 de julio del año 1936, curiosamente la misma fecha del día de los crímenes treinta y ocho años más tarde, y jornada de luto tanto en Paradas como en El Arahal. No sólo el cuadro de la Magdalena sufrió las consecuencias de las pasiones desencadenadas…” El famoso cuadro del que dicen los arahalenses ser propietarios, por tratar el tema de la patrona del pueblo.

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Esta novela tan leida, era la versión de Grosso de los crimenes misteriosos -aún hoy sin resolver- del cortijo Los Galindos en término de Paradas, pero sentidos en el pueblo como si hubieran sucedido en plena Corredera. Los crimenes ocurrieron el 22 de julio de 1975 y Los invitados se publicaron en 1978. La tesis de Grosso de que la causa de las muertes fue un problema de drogas -cannabis plantado en el mismo cortijo-, hoy no se mantiene, pero la acción novelística de caracter policial o thriller hizo que se vendieran miles de ejemplares.

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En El crimen de las estanqueras, editada en 1985 y de peor calidad que la anterior, Grosso nos relata otro famosa crónica negra de Sevilla. Nos presenta a los asesinos: uno de ellos es de Arahal, un desertor de la mili llamado Juan Vázquez Pérez. Grosso describe así el pueblo del protagonista: “una compleja y antigua villa situada a cuarenta y cinco kilómetros de Sevilla, a la que se le atribuían sus raíces semánticas árabes como «mudanza» o «retirada», aunque fundada por los romanos dada la cantidad de lápidas inscritas y sarcófagos hallados en su término…” Y añade una breve historia, posiblemente por necesidad de relleno de su novela, pues al personaje no le hace ninguna falta tanta descripción de su localidad: “Conquistada por Fernando III, Sancho IV la incluyó en la Orden de Calatrava. Tras pertenecer a la de Alcántara, la villa pasó a manos del marquesado de Guillena y a la casa de Osuna para terminar siendo propiedad de los Girones, que acrecentarían su monumentalidad y cultura, transformándola, no obstante, en un gran latifundio que ha quedado perpetuado; creando, en razón de la dura explotación del campesinado, graves problemas en los inicios de la guerra civil movimientos revolucionarios iniciados a lo largo del siglo xix que convirtieran la antigua ciudad árabe en foco catalizador de todos los problemas sociales de la campiña sevillana…”

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Grosso no sólo no evita los conocidos tópicos de la historia del pueblo, sino que situa a éste en cabeza de los conflictos sociales de la comarca. He copiado el párrafo completo de la curiosa síntesis histórica de Arahal desde los romanos hasta la guerra civil, posiblemente sacada de una enciclopedia. Con una historia así es lógico que surjan asesinos de estanqueras. Esta historia local que  utilizan los escritores del siglo XX enlaza perfectamente con la mala fama a la que aludí en otra entrada.

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Arriba, el best seller de Alfonso Grosso, “Los invitados”. Finalista Premio Planeta 1978. Centro, María Magdalena Penitente, seguidor de El Greco. Parroquia de San Eutropio, Paradas. Debajo, retrato de Alfonso Grosso por David Padilla.

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Alfonso Grosso

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