Archive for marzo, 2010

La guerra civil en Arahal

marzo 23, 2010

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Una fotografía

Con esta fotografía de la cárcel de Arahal delante vuelvo a retomar el tema de la guerra civil. Esta imagen, que ha representado durante años lo ocurrido en el pueblo, es una fotografía original, una de las muchas copias (15×10) que distribuyeron las agencias de prensa durante la guerra civil española. Tiene en el reverso el sello de la Keystone View Company que la había comprado a la British News y la vendía en su sucursal argentina. La descripción pegada detrás, es errónea, no sólo no dice nada de Arahal, sino que se refiere a “muertos abandonados en el patio de una casa…” Para el lector argentino sería suficiente en una guerra confusa y de numerosos nombres. No fue el caso de los nacionales que le sacarían mucho partido a la imagen.

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La fotografía fue tomada por Juan J. Serrano Gómez (Fotos Serrano), que junto con su hijo acompañaba como reportero gráfico a la columna del Ejercito del Sur que liberaba la provincia de Sevilla del Frente Popular. Este fotógrafo de origen castellano, que se afincó en Sevilla y montó un estudio en la calle O´Donnell, desplegó tan enorme actividad fotográfica en la guerra que le valió una Gran Cruz de Campaña. La fotografía suya es la única que conozco del pueblo, aunque tuvo que ser testigo de todo lo que ocurrió esos días, incluida la matanza posterior a la liberación, pero de eso lógicamente no hay ningún testimonio gráfico.

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La fotografía de Serrano aparece en muchos libros de la guerra civil, aunque no muy bien explicada. Así ocurre en “España en llamas” (Ediciones Acervo, 1968), libro que logró reunir 1.500 fotografías del conflicto. También aparece la imagen de Arahal, debajo de la cual se puede leer: “La columna no volverá a Sevilla hasta la noche, pues desde Carmona marchó a Arahal, en donde los elementos extremistas se habían hecho acreedores de un castigo…” No se detallan ni crimen ni castigo.

El primer libro que divulgó la fotografía a gran escala fue el de la Causa General, con el siguiente pie: “Cadáveres de nacionales fusilados en la cárcel de Arahal (Andalucía)”. La Causa General fué creada en 1940 como una especie de documento escrito por los vencedores conteniendo los crimenes cometidos por los rojos, con el propósito de ser utilizado como propaganda en  España y en el extranjero.

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Con el tiempo la fotografía va perdiendo aún más su origen. En un libro publicado en 2005 (“Escenas de guerra y sentimientos” de F. Yélamos), que encontré casualmente, aparece la cárcel de Arahal sin pie de foto y utilizada como mera ilustración de un texto sobre niños muertos en la contienda.

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Los hechos

De lo ocurrido en Arahal se puede leer parte en los relatos periodísticos de esos días. Como el de ABC, publicado el 25 de julio, recién ocurridos los hechos. O el del periódico FALANGE de 9 de febrero de 1937, seis meses después, escrito en homenaje al único falangista que murió en la cárcel. En ninguno de los dos periódicos se detalla la represión.

Gracias a los tiempos digitales que corren, puedo ofrecer aquí los textos originales referidos para que el lector juzque lo escrito:

ABC del 25 de julio (transcripción de las páginas de arriba)

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FALANGE de 9 de febrero de 1937

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También se puede consultar la transcripción de algunas charlas de Queipo de Llano en la radio. Las relacionadas con Arahal son del 23 de julio de 1936:

(…) Al Arahal fue enviada una columna formada por elementos del Tercio y Regulares, que han hecho allí una razzia espantosa, sancionando con ejemplares castigos los excesos salvajes inconcebibles que se han cometido en aquel pueblo.

(…)

(…) Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso, también a las mujeres de los rojos; que ahora, por fin, han conocido a hombres de verdad, y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará.” (23-7-36)

(…)

” (…) A todos les recuerdo que, por cada persona honrada que muera, yo fusilaré, por lo menos, diez; y hay pueblos donde hemos rebasado esta cifra. Y no esperen los dirigentes salvarse, apelando a la fuga, pues los sacaré de bajo la tierra, si es preciso, y si están muertos, los volveré a matar…”

Leer completo en La Guerra Civil Española. Queipo de Llano en Radio Sevilla.

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Lo que no se pudo leer entonces fueron los detalles de la represión. De lo que ocurrió “después” no quedó nada escrito. Hasta la muerte de Franco, o sea 40 años después, la historia había sido contada por los vencedores. A partir de 1975 empezaron a surgir referencias a lo ocurrido desde el punto de vista contrario. En toda España la bibliografía de la guerra civil comenzó a enriquecerse con multitud de testimonios, biografías o autobiografías, relatos de gente que querían contar lo que le sucedió a él y pagaban su publicación. Y aún sigue. De ahí que el tema de la guerra civil sea un género inmenso e inagotable hoy dia.

También de Arahal salió un texto en esos momentos de transición: el de un INTERVIÚ de 1978 (el nº 91. ejemplar correspondiente al 9-15 de Febrero)

Ante la falta de documentos, encontrar un testimonio escrito como éste, por muy pintoresca que sea su procedencia, llenó el vacío existente de ese período tan dramático para el pueblo. Todo lo que se sabía hasta entonces pertenecía al relato oral.

Era el trozo que faltaba del cuadro. Si unimos el ABC de julio de 1936 y el Interviú de febrero de 1978, podemos tener una idea aproximada de lo que ocurrió en el pueblo en esos dramáticos días de la Magdalena. Cuarenta y dos años de distancia separan uno de otro texto.

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“Masacre fascista en Arahal”, artículo de Carmen Muñoz, aparecido en el Interviu nº 91 (9-15 Feb. 1978). Se puede leer pulsando las páginas de abajo y ampliando en el monitor.

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Apenas tres páginas de extensión tiene el artículo de Interviú. Al no ser muy extenso, los editores lo completaron con el testimonio del cantaor Luis Caballero, que cuenta la muerte de su padre en Aznalcóllar. El artículo iba acompañado de tres fotografías de Arahal, más una grande, la del centro, que no es del pueblo. Es una fotografía muy utilizada en la imaginería de los libros de la guerra civil y en ella se ven soldados nacionales registrando casas y sacando a sus moradores. En “España en llamas”, el libro de imágenes citado arriba, esta fotografía está situada en Irún.

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Otros testimonios de lo ocurrido se pueden encontrar hoy en internet, como algunos pormenores de los fusilamientos de la calle Felipe Ramírez: “Aurelio Mena Boullosa, el maestro barbero de la calle Felipe Ramírez, padre del cabo de La Línea, tuvo que echar varios cubos de agua para quitar la sangre vertida en la acera, era el 22 de julio, porque dicen que un capitán de la Legión, del destacamento que mandaba el comandante La Patza, enloqueció cuando vio en llamas el calabozo del Ayuntamiento, lleno de presos simpatizantes de la rebelión militar, y mandó a sus hombres que apresaran a cuantos paisanos encontrasen, los reuniesen en el tramo de la calle Felipe Ramírez entre la Corredera y la calle Nueva, frente a la que había instalado una ametralladora (aproximadamente donde hoy está la heladería de Los Valencianos), y disparasen sobre ellos. —¡Ay, mi hijo! ¡Ay, mi hijo!— exclamaría luego una mujer mientras buscaba entre los cadáveres… ” La guerra de nuestros abuelos. Apéndice).

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Los muertos: 23 de derechas y 415 de izquierdas

Del número total de víctimas en la provincia de Sevilla, 500 de derechas y 8.300 de izquierdas, según Nicolás Salas, corresponderían a Arahal 23 de derechas y 292 ó 415 de izquierdas. Dependiendo de la fuente consultada, pues si estuvo muy claro el de los muertos en la cárcel, aún hoy sigue confuso el de la represión. Por un lado, en la base de datos de victimas del franquismo de Todos los nombres publicada en 2007, para Arahal se da la cifra de 292 vecinos fusilados (264 hombres y 28 mujeres). La mayoría, 281, fueron fusilados el mismo año 36 sin formación de causa. Pero si utlizamos el cuadro de represaliados de la investigación de José Mª García Márquez,  La represión franquista en la provincia de Sevilla de 2003, nos encontramos con 415 fusilados. Aclarándonos el autor que “aún no está investigado, todas las cifras recogidas apuntan a un número bastante superior”.  Leandro Álvarez Rey, en su obra “Andalucía y la guerra civil”, resuelve la cuestión de la forma siguiente: “…entre 200 y 500 fusilados según la gente del pueblo, 415 segun los informes elaborados por la Guardia Civil y 146 según las estimaciones de Nicolás Salas, aunque en cualquier caso a ninguno de aquellos que iban a ser  fusilados podía acusárseles de haber asesinado a los derechistas, por la sencilla razón de que los autores de aquella atrocidad fueron los que huyeron del pueblo cuando estaban a punto de entrar las tropas.”  (Andalucia y la guerra civil: estudios y perspectivas. Leandro Álvarez Rey)

Arahal es el pueblo que posee más muertos de la provincia en el cuadro de García Márquez, que utiliza los datos del Ministerio del Interior, solicitados en octubre de 1938 desde Valladolid a todas las ciudades liberadas. Había que enviar datos completos de fusilados, desaparecidos, huidos, etc. en una orden que diferenciaba a los “fusilados” por los nacionales de los “asesinados” por los rojos. Según este informe, en Arahal hubo 415 fusilados, que comparados con los de pueblos sevillanos de intensa acción represiva, Osuna (206) o Utrera (266) por ejemplo, en Arahal son el doble. Pero hay que ser muy prudente con los datos de la represión, pues  son cambiantes e inseguros, dependiendo de cual sea la investigación.

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También se puede encontrar información en los testimonios que surgen de pueblos cercanos. En la página del Colectivo Solano referida a la represión falangista, en especial en El Viso y Carmona, aparece el siguiente comentario: “un falangista de El Viso… en distintas ocasiones fue a pueblos como Arahal para asesinar a “rojos”. A este hombre, el pueblo de El Viso en parte le dió su merecido, porque después de la guerra entraba en los bares y mucha gente se iba, casi nadie quería terciar con él…” Este tipo de reconstrucción histórica utilizando aportaciones personales, a veces contadas por hijos y nietos, es el propuesto por algunos historiadores partidarios del testimonio oral (recuérdalo tú y recuérdalo a otros) que veremos más abajo. La fotografía de arriba, procedente de dicha página, con detención de gente de izquierdas, tuvo que ser muy similar a la de Arahal en la calle Felipe Ramírez. (Colectivo Solano. Comienza la represión falangista)

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El caso de Arahal o un intento de bibliografía de nuestra guerra civil

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helen graham

Aún está por realizar una seria historia de nuestra guerra civil. ¿Cómo emprender una investigación en un terreno tan arduo y complicado?

El “caso de Arahal” es la expresión que utiliza la historiadora Helen Graham para citar la guerra civil en el pueblo. Es de los pocos historiadores que hablan de Arahal como un caso aparte en la extensa historia bélica. Lo demás es la versión oficial ya conocida. Pero ella también está falta de información y para conocer “the case of Arahal ” nos remite a tres fuentes para empezar, dos de las cuales son orales:

“Blood of Spain: Oral History of the Spanish Civil War” de Ronald Fraser (aquí editado con el título de “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la Guerra Civil Española”).

“Sevilla fué la clave” de Nicolás Salas.

“Masacre fascista en Arahal”, artículo citado de Carmen Muñoz, aparecido en el Interviu nº 91 (9-15 Feb. 1978).

Para confeccionar una bibliografía sobre la guerra civil en Arahal habría que comenzar huyendo de los tópicos sobre los dias de julio del 36 en nuestro pueblo. Empezar preguntándose por qué no hay una historia escrita de lo ocurrido, por qué no son de fiar testimonios de ambos bandos, no porque no sean ciertos sino por parecer incompletos… Y por qué nadie quiere completar este vacío histórico, conformándose con una especie de tradición de “no hablar”. Los libros de Helen Graham serían un buen punto de partida. “La República española en guerra (1936-1939)” o “Breve historia de la guerra civil”, ambos editados en España, nos conducen por el nuevo camino de la oralidad para conocer una historia más completa.

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blood of spain

Este intento de buscar testimonios orales no es nuevo. El historiador Ronald Fraser publicó hace veintiocho años “Blood of Spain: Oral History of the Spanish Civil War”, que aquí se conoce con el expresivo título de “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, que venía a ofrecernos una narración distinta de la guerra civil española. Hasta entonces, habíamos dispuesto de memorias personales, testimonios y recuerdos, por un lado, y obras de erudición y ensayos académicos, por otro, que, en su inmensa mayoría, estudiaban el conflicto desde la historia política y militar. El libro de Fraser, que significaba una aproximación al conflicto desde la historia social, nos brindaba el «testimonio colectivo» de quienes participaron en la contienda o la sufrieron en sus carnes. También incluye un apartado para Arahal. (“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, de Ronald Fraser. 2007).

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nicolas salas

Un autor que utiliza cada vez más el testimonio oral es Nicolás Salas. Ahora acaba de aparecer “La Guerra Civil en Sevilla” (2009) y antes fueron “Sevilla fue la clave” (1992) o “Morir en Sevilla” (1986), obras con muchos años de investigación que aportan todos los datos posibles sobre la II República, el Alzamiento, las represiones en ambos bandos y la postguerra. Es imprescindible para conocer los pormenores históricos del momento en Arahal.

Este escritor, en una entrevista realizada a la salida de su último libro, manifestó estar en contra de la Ley de Memoria Histórica, pues consideraba que “después de 75 años seguir todavía hablando de que un bando fue peor que otro, lleva a la confusión”, aunque reconoce que “la represión de las derechas fue terriblemente superior a la de las izquierdas” . Añadía que la guerra civil en “la provincia no tuvo el mismo significado que en la capital, pues alcanzado los años 80 aún existía miedo y odio en los pueblos de Sevilla, donde todo lo sucedido en España seguía vigente como pudo vivir el autor en pueblos como Arahal, Lora del Río o Constantina…” El tiempo, que lo cura todo, parece  no servir todavía para nuestro pueblo.(Entrevista a Nicolás Salas)

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En definitiva, en la guerra civil de Arahal se volvieron a repetir fatídicamente hechos parecidos a los de 1857 durante el reinado de Isabel II: sublevación violenta y confusa de personas sin una identificación clara, violaciones, crimenes e incendios, seguido de una represión fortísima por parte del gobierno. La diferencia, que esta represión decimonónica fue contestada en la prensa de todo el pais con gran repercusión para los medios de entonces. Algo que no pudo ocurrir en medio de la lucha fraticida del 36. El silencio posterior que ocultaba a los “fusilados” justificando a los “asesinados” suponía cargar en la mente colectiva del pueblo un crimen sin resolver. Algo que ha ocurrido en muchos sitios, pero Arahal sufrió un trauma doloroso, en cantidad y en intensidad. Ese miedo que permanece en algunos pueblos sevillanos, como Arahal, al que alude Nicolás Salas nunca se cura en el silencio. Por eso, ya casi un siglo después, Arahal necesita un definitivo relato de los hechos para conocimiento de las nuevas generaciones.
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Referencias bibliográficas:

Las fuentes utilizadas llevan su enlace correspondiente. El número de ABC, así como el de FALANGE, pertenecen a la web de la familia Arias de Reina, a quien agradezco su aportación. Así mismo, el meritorio trabajo de José Mª García Márquez sobre la represión, que se puede leer libremente en Internet. Todos los libros citados tienen sus referencias y pueden encontrarse con mayor o menor facilidad en librerías através de título y autor. El número de INTERVIÚ es de mi propiedad.

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Imagen de Washington Irving

marzo 12, 2010

El viajero romántico más conocido en Arahal, o quizás el único, es el norteamericano Washington Irving, que pasó por el pueblo en 1829, camino de Granada y de la Alhambra. Que sea más conocido que otros viajeros del s. XIX se debe al éxito y difusión de sus obras, en especial los famosos Cuentos de la Alhambra, publicados en Filadelfia en 1832 con el título de “Conjunto de cuentos y bosquejos sobre Moros y Españoles”. También en Arahal es conocida su estancia porque lo que escribió, el relato sugerente y exótico de la posada, fue divulgado y publicado en la obra citada.

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Washington Irving nació en Nueva York en 1783. Estudió Derecho, pero sus intereses estaban en el mundo del periodismo y la literatura. En 1815 se trasladó a Europa, viviendo en algunas de sus ciudades. Vino a España llamado por el embajador de su país para que estudiara en El Escorial documentos relacionados con el descubrimiento de América. Fue en este primer periodo español cuando pasa por Arahal camino de Granada. Más tarde Irving sería nombrado secretario de la legación norteamericana, y con el tiempo llegaría  a ser  embajador de los Estados Unidos en Madrid (1842–1845). Este viajero incansable terminaría volviendo a su pais y muriendo en su casa del estado de Nueva York en 1859.

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Washington Irving tenía 46 años cuando pasó por Arahal. Es en el atardecer de un dia del mes de Mayo de 1829 cuando el viajero nos lo cuenta: “Llegamos a Arahal, pueblecito entre cerros, poco después de puesto el sol. Lo encontramos animado por una partida de migueletes que recorrían la comarca a la busca y captura de ladrones…” Se piensa, sin mucho fundamento, que Irving se hospedó en la antigua posada de la Plaza Vieja. Es tan firme la creencia que en Arahal se le dió el nombre de Posada de Washington Irving, aunque esto no sirvió para que se respetara su memoria, pues el edificio fue destruido en los años 80.

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Este archivador de cartas oficiales es de 1844 y pertenece a su época de embajador de los Estados Unidos en Madrid (1842–1845). En diferentes etapas, Washington Irving se fue convirtiendo en un gran hispanista, gracias a su trabajo y a sus períodos de permanencia en España, siempre con afán de conocimiento de la historia y la literatura españolas.

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Como buen viajero, aceptando la dura tarea de viajar en aquella época, Irving escribe antes de llegar a Arahal: “seguimos camino adelante en nuestras cabalgaduras a través de la campiña. Era una de esas extensas llanuras, tan frecuentes en España, en la que durante millas y millas, no se ve ni un árbol ni una casa…” Es algo parecido a lo que dicen otros viajeros románticos. Cuando aparecen más personas en el camino, tendrían un aspecto parecido al que nos pinta el inglés John Phillip en su cuadro (Spanish Peasants. The Wayside in Andalucia), realizado en 1863 dentro del gusto romántico de la época.

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Algunos caminos eran más peligrosos. En este cuadro de M. Barrón y Carrillo, pintado en 1852, se ve a unos viajeros por la sierra, un tema romántico con pretexto paisajístico. El título es  Contrabandistas pasando por la Serranía de Ronda. Washington Irving tomaba nota, según le informaba su guía Antonio, de los viajeros con que se cruzaban en los caminos. En su diario dice: “Los contrabandistas de tabaco tienen buenos caballos y corren riesgos considerables…” Y en la posada de Arahal: “el jefe de la partida de migueletes nos dijo que poseía una lista de todos los ladrones del contorno y que era su propósito capturar a todos aquellos hijos de su madre. Al mismo tiempo nos ofreció algunos soldados en calidad de escolta…” Cosa que rehusó Irving.

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Muchos tipos pintorescos se cruzarían en el camino del escritor. Como estas dos gitanas pintadas en 1857 por el inglés inglés John Phillip y titulado Gypsy Musicians of Spain. De su estancia en la posada de Arahal escribe Irving: “En tanto que cenábamos con este jactancioso compañero, oímos las notas de una guitarra y el alegre repiqueteo de las castañuelas, y al momento,un coro de voces entonaba un aire popular. En efecto, nuestro posadero, había conseguido reunir cantores y músicos aficionados, así como a las bellas aldeanas del vecindario. Cuando salimos, el patio de la posada ofrecía el aspecto de una auténtica fiesta española…”

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El escritor vino a España para investigar en sus archivos, como vemos en este cuadro titulado Washington Irving in the Archives of Seville de David Wikie. Está fechado en 1828, es decir, un año antes de su partida para Granada. Fruto de su actividad investigadora fué el libro titulado  The Life and Voyages of Christopher Columbus. Más adelante ampliaría sus proyectos españoles.

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Una galera con viajeros en el camino de Granada. Este es el tema del cuadro pintado por Marius Engaliére en 1854 que refleja muy bien el mundo español que vivió Irving, mostrando vias de comunicación y medios de transporte de la época. El escritor, como otros viajeros románticos, se conformó con las incomodidades de los caminos en su afán de conocer España.

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En una hoja manuscrita de sus notas, que se conservan en la Biblioteca de Nueva York, Washington Irving apunta el significado de nombres característicos españoles: Pepe, Pepa, Pepita, hidalgo, hidalguía. Describe un duro de la época como “un dólar de plata”.

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Esta fotografía, realizada después de la estancia del escritor en España, refleja bien el ambiente que pudo encontrar en Granada. Está realizada por Charles Clifford en 1862 y se titula Gitanos en el Patio de los Leones.

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Otros vajeros que pasaron por Arahal

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Texto completo de la estancia de Washington Irving en Arahal:
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“Terminamos de comer cuando dieron las dos en el lacónico reloj del castillo. Nos despedimos, pues, de nuestros amigos de Sevilla, y dejando a losmolineros todavía en manos del barbero, seguimos camino adelante ennuestras cabalgaduras a través de la campiña. Era una de esas extensas llanuras, tan frecuentes en España, en la que durante millas y millas, no se ve ni un árbol ni una casa, infeliz del viajero que ha de atravesarlas expuesto como nosotros a los fuertes y repetidos chaparrones de agua. No hay modo de evitarlo ni lugar donde guarecerse. Nuestra única protección eran nuestras capas españolas, que casi cubren jinete y caballo, aunque aumentan de peso a cada milla. Cuando creímos haber escapado de uno de estos aguaceros, veíamos como se acercaba otro, lenta pero inevitablemente. Felizmente para nosotros, brillaban, en el intervalo, los claros y radiantes rayos del sol andaluz que hacían brotar círculos de vapor de nuestras capas, pero que también las secaban algo, antes del próximo aguacero.
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Llegamos a Arahal, pueblecito entre cerros, poco después de puesto el sol. Lo encontramos animado por una partida de migueletes que recorrían la comarca a la busca y captura de ladrones. La presencia de extranjeros como nosotros eran algo inusitado en los pueblos del interior; un acontecimiento de este tipo asombra y pone fácilmente en conmoción a los pueblecitos españoles de esta categoría. Mi posadero, con dos o tres viejos y sesudos compinches de pardas capas, examinó nuestros pasaportes en un rincón de la posada,
mientras que un alguacil tomaba nota a la débil luz de un candil. Los pasaportes en la lengua extranjera los dejaron perplejos; pero nuestro escudero Sancho les ayudó en su examen y ponderó nuestras personas con la típica prosopopeya del español. En tanto, la pródiga distribución de unos cigarros puros nos captó las simpatías de todos los circundantes, que al poco tiempo se apresuraban a darnos la bienvenida. Incluso e mismo corregidor se llegó a presentarnos sus respetos, y la posadera metió con ostentación, en nuestra estancia, un gran sillón con asiento de anea para el acomodo de aquel importante personaje. Cenó con nosotros el jefe de la patrulla, un despierto andaluz, alegre y charlatán. Que había sido soldado en la campaña de América del Sur y que nos contó sus proezas bélicas y amorosas, en estilo grandilocuente, lleno de ademanes y contorsiones y con extraña contracción de ojos. Nos dijo que poseía una lista de todos los ladrones del contorno y que era su propósito capturar a todos aquellos hijos de su madre. Al mismo tiempo nos ofreció algunos soldados en calidad de escolta, mientras decía:
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– Uno sólo es suficiente para protegerles, señores: los ladrones me conocen yconocen también a mis hombres; basta uno de ellos para esparcir el terror por toda la sierra.
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Le agradecimos su ofrecimiento, aunque le aseguramos, con un tono de voz igual al suyo, que no teníamos miedo a todos los ladrones de Andalucía juntos, por la tranquilidad que inspiraba la protección de Sancho, nuestro valiente escudero. En tanto que cenábamos con este jactancioso compañero, oímos las notas de una guitarra y el alegre repiqueteo de las castañuelas, y al momento, un coro de voces entonaba un aire popular. En efecto; nuestro posadero, había conseguido reunir cantores y músicos aficionados, así como a las bellas aldeanas del vecindario. Cuando salimos, el patio de la posada ofrecía el aspecto de una auténtica fiesta española. Tomamos asiento, junto con nuestros posaderos y el jefe de la patrulla, bajo un arco del patio. Pasó la guitarra de mano en mano y actuó como Orfeo de aquel lugar un alegre zapatero. Era un mozo de agradable continente, con grandes patillas negras, que iba arremangado hasta el codo. Manejaba la guitarra con singular destreza y nos deleitó con una cancioncilla amorosa acompañada de miradas muy expresivas al grupo de mujeres, de quienes, por las trazas, era el favorito. Bailó después un fandango, acompañado de una alegre damisela andaluza, que deleitó a la concurrencia. Pero ninguna de las allí presente podía compararse con Pepita, la bonita hija de nuestro posadero, la cual se escabulló y se hizo la “toilette” que el caso requería. Volvió poco después con la cabeza cubierta de rosas y se lució bailando un bolero, en compañía de un joven y apuesto soldado de caballería. Por nuestra parte, ordenamos a nuestro posadero que corriesen en abundancia y los refrescos entre los circunstantes. A pesar de ello, y aunque era aquélla una mezcla abigarrada de soldados, arrieros y aldeanos, nadie se excedió de los límites de una moderada alegría. La escena era a propósito para el deleite de un artista: un pintoresco grupo de bailarinas, los soldados con los uniformes sólo en parte militares y los campesinos envueltos en sus capas verdes. Es asimismo digna de mención, la presencia del viejo y delgado alguacil con su negra capilla, que ajeno a todo lo que allí pasaba y sentado en un rincón, escribía activamente a la débil luz que despedía un velón de cobre, digno de los tiempos de Don Quijote.
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La mañana siguiente amaneció fragante y luminosa, como deben de ser las mañanas de un día de Mayo, según los poetas. Salimos de Arahal a las siete; toda la posada estuvo en la puerta para despedirnos.”

(Cuentos de la Alhambra‎ – Página 37)

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Referencias bibliográficas:
La mayor parte de las imágenes de esta entrada corresponen a la exposición Washington Irving and the Alhambra. 1859-2009, realizada con motivo de cumplirse los 150 años de su muerte.
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El Pabilo

marzo 1, 2010

En Arahal, a esta alturas de la Cuaresma, se anuncia la llegada de la primavera festiva con la presentación de la revista El Pabilo, de la que se publica un número cada año. Esta revista, como otras de tantos lugares sevillanos y andaluces, es una exaltación a la cultura cofrade, un complemento de las vísperas de la Semana Santa en la formación interior y en la estética. Muy importante para la Semana Santa del pueblo, El Pabilo es avance programático y anuario a la vez. En él se muestra como la Semana Santa de un pueblo además de devoción es cultura.

He intentado a través de algunos números mostrar este aspecto capillita del pueblo. Los comienzos de la revista, según las noticias de la prensa que he encontrado. También algunas fotografías de sus números, que ante la imposibilidad de ponerlas todas, he elegido unas pocas, no las mejores sino las más entrañables para mí.

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Dos logos de la tertulia El Pabilo correspondientes a épocas distintas.  El de arriba, el primitivo, aparece en el número de 1989. El de abajo, treinta años después, encabeza la revista de 2009.

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20 Marzo 1989 (ABC)

Primera noticia de la revista en la prensa. La presentación en San Roque fué realizada por Juan C. Lobato Cela  y José F. Gago Bohórquez, con poesias de Juan Posaela y música de la Agrupación Santa Mª Magdalena.

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20 Marzo 1990 (ABC)

Presentación de otro número de El Pabilo (nº 3). En ella se da la noticia del pregonero de la Semana Santa de ese año, José Mª Suárez.

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30 Marzo 2003 (ABC)

Noticia de la entrega de El Pabilo de plata a Juan Carrero, por su dedicación a la revista. El presentador fué Carlos Herrera.

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Portadas de dos números de la revista El Pabilo correspondientes al año pasado y al anterior. De ambos números he extraido algunas fotografías que publico debajo.

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Hermandad de la Esperanza a comienzos del siglo XX. En la puerta de la parroquia, la imagen del Cristo , del s. XVII, lleva cabellera de pelo natural. la figura de la Magdalena es más reciente. He procurado seguir un orden cronológico ascendente en estas fotografías. Ésta y la siguiente son las más antiguas.

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Fotografía, igual que la anterior, de comienzos del siglo XX (1910), en el mismo lugar que la del Cristo de la Esperanza. Estas dos imágenes son importantes testimonios de cómo sería  la Semana Santa arahalense a finales del siglo XIX.

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Hermandad de Jesús pasando por San Roque, unos años antes de la guerra civil. La imagen de Jesús, con peluca natural y la cruz apoyada en el hombro derecho, fué destruida durante la guerra.

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Grupo de nazarenos del Santo Entierro que acompañaban la procesión de Jesús. La foto, como la nterior, se puede fechar en los años anteriores a la guerra civil.

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Hermandad de Jesús al comienzo de los años 50. El paso tiene cuatro faroles nuevos. Se puede apreciar las diferencias de paso e imagen con la foto realizada antes de la guerra civil.

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Procesión de Jesús por la mañana, en la esquina de la calle del Duque, frente a la taberna del Pena. Aparecen en la foto, de izquierda a derecha, José Pérez Oliva, José Bermúdez y Juan Posaelas.

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Una reunión de cofrades de Jesús, celebrada en el Casino.  De izda a dcha: Rafael Martín, Antonio Domínguez, Antonio Moreno, D. Cayetano Parody, Javier Guajardo, D. José (coadjutor de la Parroquia) y Francisco Brenes, de espaldas.

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Otra reunión cofrade. De izquierda a derecha: Felipe Roldán, José Revilla, Antonio Catalán, Ignacio Guisado y José Bermúdez.

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Concurso de saetas en Radio Veracruz, años 60. De izda a dcha: Trino Martín, el cantaor Jose Sánchez Carrasco y Antonio Mena.

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Concurso de saetas en Radio Veracruz, año 1961. Trino Martín y el cantaor Jose Bermúdez Sánchez.

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De espaldas y con chaqueta clara, el cantaor de saetas Diego el de la Casta, observa la salida del paso de Jesús Despojado.

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Referencias bibliográficas

Las noticias de prensa corresponden a la Hemeroteca de ABC. Las fotografías a distintos números de la revista El Pabilo. Arahal.

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