Archive for junio, 2010

El sepulcro de San Fulgencio

junio 30, 2010

Arahal está presente en un raro y poco conocido libro de Eugenio Noel, titulado “Aguafuertes ibéricas”. Fue editado en 1926 y contiene ocho artículos con temas andaluces, entre ellos uno sobre el pueblo, “Sepulcro de San Fulgencio en Arahal”, un breve apunte de viaje en el que el escritor comprueba que el sarcófago que sirvió para contener los restos de San Fulgencio estaba siendo utilizado como fuente y abrevadero. Corresponde a una estancia de E. Noel en Arahal el 5 de noviembre de 1920, que encontramos reflejada en su diario (Diario Intimo, pag 271).

El apunte sobre Arahal va acompañado de otros artículos referidos a pueblos cercanos: Marchena, Alcalá de Guadaira, Las Cabezas de San Juan, etc. Son apuntes tomados por el escritor en sus viajes por Andalucía como conferenciante, ya citados aquí anteriormente (VER). Como indica el nombre del libro, es una imagen en aguafuerte la que se ve en estas notas, destilando un sentimiento de pesimismo ante el abandono del patrimonio artístico en algunos lugares. El del pueblo vecino se titula “Un rincón en Marchena” y describe el deterioro y ruina del palacio de los Osuna. En “Castillo de Belalcázar” critica la facilidad del desmantelamiento de sus piedras para utilizarlas en la construcción. La misma tristeza se repite ante la desaparición de los molinos de Alcalá de Guadaira. En esta línea está lo escrito sobre Arahal y su sarcófago-abrevadero.

Arriba, el apunte completo aparecido en Mundo Gráfico el 29 de septiembre de 1920, seis años antes de que se editara el libro. Son tres pequeños artículos bajo el título de “Tríptico Ibérico”. El artículo de Arahal va acompañado por el citado de Marchena. A ambos se refiere el escritor en su diario: “…En El Arahal, como en Marchena, no han olvidado dos artículos míos que dediqué a ellos, y ahora los vuelven contra mí. La mayor parte de los jóvenes que me leen y conocen, se fueron a servir a Melilla.” Y continúa con su negra situación personal: “En El Arahal, con 50 pesetas nada más… ¿Y mis dos nenes? Yo, que no tengo un céntimo, he de oir en el Casino, solitario, a dos bestias, cómo se reparten cuarenta mil duros. Bordeando el suicidio, así, el suicidio…” Este párrafo resume la miseria del escritor en su recorrido por los pueblos, dando conferencias incomprendidas y buscando algunas pesetas con que alimentar a su familia. Pero sin renunciar a la crítica de aquello que no le gusta. En este viaje, los jóvenes protectores arahalenses (¿quiénes serían?) estaban en Melilla haciendo el servicio militar y el escritor se encontraba solo en el Casino y sin dinero.

Pero el sarcófago que cita Noel como perteneciente a San Fulgencio no era tal. Esta sepultura, encontrada en el siglo XVII, es citada ya en la antiguedad por varios autores. Cuando lo vió E. Noel, el sarcófago llevaba “descubierto” tres siglos y sus inscripciones leídas y estudiadas. Fue hallado en 1625, en el sitio que luego se llamaría Callejón de Paradas. En aquel lugar quedaría convertido en pilón y abrevadero, recogiendo las aguas de la fuente de El Faro, al lado de dicho Callejón.

El aprovechamiento del sarcófago como fuente viene de muy antiguo. M. Serrano Ortega en su libro Monumentos de los pueblos de la provincia de Sevilla (1911), dice del Arahal primitivo: “Se han hallado en diversas ocasiones algunos restos romanos, mas lo más notable ha sido un sepulcro cristiano del VI siglo, que á la entrada de la villa cavando en un predio se halló en 1625, conteniendo restos humanos, con su tapa de encubrimiento y la correspondiente inscripción de Fulgencio, monje muerto en 581, sirviendo hoy de abrevadero o pilón á la fuente llamada del Faro, siendo todo él de alabastro”.

El primero que lo estudia es un contemporáneo de su hallazgo, Antonio Bohórques Villalón, autor de los Anales de Morón (1633-1642). En ellos estudia la historia de su pueblo y, entre los restos arqueológicos de la zona, el sarcófago encontrado en Arahal (“…lo pongo en este libro por haber sido aldea de Morón”). Es en el capítulo dedicado a los godos donde analiza las inscripciones del sepulcro de Arahal, mostrándonos los dibujos de la tapa del sarcófago, con los nombres de Hilduarens, goda cristiana (muerta en 474) y el monje Fulgencio (muerto en 593). A lo que añade: “cuyos huesos se hallaron en la villa del Arahal, en una caja de piedra de la forma de una sepultura, con una cubierta también de piedra escrita por ambos lados, que hoy está en la parroquia de aquella villa…” O sea, que enseguida se supo quienes estuvieron enterrados en el sarcófago. Al estudio de A. Bohórques siguió el de otros, como Fernando Morillas o P. Gutiérrez Bravo.

En el siglo XVIII, Leandro Soler escribió un libro sobre Cartagena y su patrón, San Fulgencio (Cartagena De España Ilustrada: Su Antigua Silla Metropolitana Vindicada Su Hijo S. Fulgencio, Doctor, Y Su Prelado, Defendido…. Murcia, 1778). En él se puede leer: “De otro Fulgencio, Monge de Profesión… cuyo sepulcro se descubrió en el lugar de Arahal de la Andalucía en el año 1625. Su sepulcro tenía esta inscripción: Fulgentius. Monachus. Famulus. Christi. Vixit annos plus minusve XLV. Reccesit. In. pace. VI. Kal. Januarias. Era D. LXXXI. Y aclara: “Pero este Monge Fulgencio, que murió en la Era 81 ó año de 543, ni fue Obispo, ni Escritor”. Para que no se confundiera con San Fulgencio, obispo de Ecija y gran orador, quedando claro que este sepulcro del Faro no era del santo, hermano de san Isidoro y san Leandro. ¿Se equivocaba Noel o simplemente quería exagerar la nota satírica atribuyéndolo al patrón del pueblo?

La existencia de la tumba de un monje hace pensar que hubiera un monasterio o un retiro de eremitas por aquella zona. Pero en un estudio sobre el monacato benedictino en España, A. Linage Conde, dice; “El hallazgo en Arahal del epitafio del monje Fulgencio, muerto el 543, sin otra indicación, no nos ha parecido bastante para atestiguar alli un monasterio…” En cambio, Joaquín Pascual Barea en un estudio sobre la toponimia de Arahal cita al monje Fulgencio, “cuyo monasterio pudo estar en esta zona” y en cuya sepultura se reutilizó la lápida sepulcral de Hilduarens, cristiana de nombre germano.

Un aspecto importante del sepulcro de Fulgencio es el estudio de ese otro nombre hallado en la tapa, el de Hilduarens, nombre femenino del siglo VI, un testimonio antiguo de estirpe germánica posterior al mundo latino. M. Vera Reina, estudiando la iglesia visigoda en Morón, señala que de “los escasos testimonios epigráficos aparecidos uno alude a un personaje noble godo – Hilduarens- muerta en el 504…”. Al destacar la presencia de godos en el siglo VI en nuestra zona, señala que quizás fuesen descendientes de antiguos visigodos o tal vez los primeros intentos por parte de la monarquía goda de controlar el territorio. Y concluye que el monje Fulgencio sepultado hace pensar en “la existencia de una comunidad monástica en esta zona. Se trataría, de confirmarse esta hipótesis, del monasterio más antiguo del que tenemos noticias en la zona meridional de la península”.

Hasta ahora este rico sarcófago de alabastro era un extraño solitario sin otros restos o vestigios que lo acompañaran. Pero Arahal ha tenido suerte: en 2007 se descubrió en la Palmera, al lado del que fue Callejón de Paradas, una necrópolis. Es decir, muchos más sarcófagos, indicando la existencia de una comunidad religiosa, junto a una basílica paleocristiana. El Ayuntamiento dió este informe en 2008:

Hace unos meses, cuando se procedió a la excavación de la parte delantera del solar antiguamente ocupado por la fábrica de “La Palmera” para construir el aparcamiento subterráneo, aparecieron los restos de lo que parece ser una importante necrópolis. Esta serie de enterramientos alcanza su mayor densidad en torno a lo que con toda probabilidad son los restos de una antigua iglesia. En un primer análisis de lo encontrado, los arqueólogos datan los restos entre los siglos IV y VI.

Este hallazgo tiene una importancia extraordinaria culturalmente hablando: son los restos más antiguos encontrados hasta ahora en nuestra ciudad y, de confirmarse las apreciaciones iniciales, podríamos encontrarnos ante los restos de una iglesia paleocristiana, escasísimas en la provincia de Sevilla. Siendo conscientes de la relevancia de este yacimiento, desde la Delegación de Urbanismo hemos estado siguiendo paso a paso el progreso de la excavación. Es más, dado que todo apunta a que el yacimiento se prolonga fuera de los límites del solar, hacia debajo de la carretera de Carmona, se ha encargado un trabajo de prospección del tramo de carretera delantero a la fachada con objeto de analizar si merece la pena continuar la excavación… (Delegación de Urbanismo del Ayuntamiento de Arahal. Marzo de 2008)

Parece como si el subsuelo de La Palmera quisiera responder al interrogante de Manuel Vera citado arriba (Los siglos V-VII en la comarca sur de Sevilla). Aún sin conocer el estado actual de excavaciones y esperando un estudio definitivo de los hallazgos, me pregunto: ¿estamos ante una comunidad eremita, paleocristiana y visigoda, muy antigua, quizás la más antigua del sur de la península? Los afortunados hallazgos en una zona como La Palmera, parecen prometerlo: este gran solar para bocoyes, intacto y sin construcciones, parece haber estado esperando al siglo XXI para mostrar su interior. ¿Cómo era esta comunidad religiosa de Arahal? ¿Cómo se llamaba este lugar antes del Ar-rahl de los musulmanes? Es evidente que a partir de ahora cambiará el estudio de la antiguedad de Arahal, alcanzando el pueblo otro grado histórico en sus orígenes. Ahora ya no estamos ante las hipótesis conocidas o los testimonios indirectos de los pueblos vecinos, sino ante restos reales. Para empezar, 60 sarcófagos que dejan su testimonio. El monje Fulgencio no estaba solo.

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Bibliografía

– Eugenio Noel: Aguafuertes ibéricas. 1926. Barcelona, Casa Ed. Maucci, s.a.

– Eugenio Noel: Diario Intimo (La novela de la vida de un hombre). Taurus, 1968.

– Revista Mundo Gráfico. 29 de septiembre de 1920.

– M. Serrano Ortega: Monumentos de los pueblos de la provincia de Sevilla (1911)

– Antonio Bohórques Villalón: Anales de Morón. Edición de Joaquín Pascual Barea. Servicio Publicaciones UCA, 1994

– Leandro Soler: Cartagena De España Ilustrada: Su Antigua Silla Metropolitana Vindicada Su Hijo S. Fulgencio, Doctor, Y Su Prelado, Defendido…. Murcia, 1778

– Antonio Linage Conde: Los orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica. 1973

– Joaquín Pascual Barea: Etimología y origen del topónimo Arahal. 1997. PDF.

– M. Vera Reina: La iglesia visigoda de Morón de la Fra. PDF.

– M. Vera Reina: Los siglos V-VII en la comarca sur de Sevilla. PDF.

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Arahal y el algodón (Crónica de 1927)

junio 17, 2010

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Para conocer la historia moderna de Arahal es imprescindible acudir a la hemeroteca. Un simple artículo de prensa, más allá de los archivos municipales o notariales, puede proporcionar una información importante o resumir en una crónica el estado del pueblo durante una década.

Esto ocurre con un artículo encontrado en un ABC de 1927. Es una página insertada por la Comisaría Algodonera con fines divulgativos. En ella podemos leer sustanciosas pinceladas de vida local en un momento próximo al final de la Dictadura, cuando todavía la Corredera se llamaba Plaza de Alfonso XII. Tomando ésta como centro de la crónica, vemos a los prohombres del pueblo en sus edificios oficiales, su transcurrir del ayuntamiento al casino, o camino de sus almazaras en las afueras. Un panorama apacible e industrioso que define un final de época, una forma de vivir que en unos pocos años se interrumpirá de forma violenta y dará paso a otra época.

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abc p

Página de ABC con el reportaje gráfico de Serrano que acompañaba el artículo de Garro. En el pie de foto se puede leer: El cultivo del algodón en Andalucía: una excursión a Arahal (Sevilla). 1 y 2.- Vistas del Ayuntamiento y Casino Universal. 3.- Las autoridades locales con nuestro compañero D. Enrique Garro (x). 4.- El Alcalde de Arahal interviuvado en su despacho por el redactor de ABC, Sr. Garro. 5.- Vista de la iglesia y hospital de la Misericordia. 6.- El Alcalde, Secretario, Diputado Provincial y el Director de las Escuelas, con los Sres. Díaz Burraco y Garro, en el salón de sesiones del ayuntamiento.

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Artículo de Enrique Garro. ABC. Febrero, 1927.

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El cultivo del algodón. Una visita a Arahal. Impresiones de un viaje.

Este es el título que encabeza el reportaje escrito por el periodista Enrique Garro y publicado el 22 de febrero de 1927. Es un texto “remitido”, dentro de una campaña propagandística gubernamental para fomentar el cultivo del algodón. En estos años se trataba de limitar la importación de algodón de otros paises, en cuyo propósito estaba mezclado el mismo rey Alfonso XIII, como se puede leer en El Progreso Agrícola y Pecuario (27 abril 1928): “…el gobierno, secundando los patrióticos deseos del monarca… para estímulo del cultivo del algodón, otorgaba un crédito de 2 millones de pesetas anuales, por un periodo de cinco años: 10 millones en total. ” Este artículo, pues, está sufragado por la Comisaria Algodonera, organizadora de una excursión periodística a Arahal. En un coche de la Comisaría, un agente de la misma, J. Díaz Burraco, asesoraba en lo referente a agricultura, al periodista arriba citado y al fotógrafo Serrano, autor del reportaje gráfico.

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Un pueblo rico

El viaje a Arahal estaba incluido dentro de un programa de visitas a pueblos y localidades con la finalidad de “recorrer las tierras andaluzas, donde el cultivo del algodón ha llegado a notable grado de perfección”.

El periodísta no ahorra alabanzas al iniciar su crónica viajera: “Arahal, uno de los pueblos más ricos de la región andaluza y que ha secundado, con entusiasmo grande, digno de los mayores encomios, la campaña algodonera, hasta el extremo de tener sembradas de algodón mil hectáreas”. Añadiendo que Arahal tiene todas sus calles adoquinadas y que sus edificios denotan la higiene y los medios económicos sobradísimos de que dispone la población.

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En la plaza de Alfonso XII (hoy Corredera)

Los visitantes son recibidos por el alcalde, D. José Manuel Camacho Catalán; el secretario municipal, D. Cristóbal Jaime Pérez; el diputado provincial, D. Fernando Soriano Crespo; el director de las Escuelas, D. Bienvenido del Pino; el presidente del Casino, D. José Zayas, y otras personalidades. Hacen un recorrido por el pueblo, visitando el Ayuntamiento, el Casino, el Cristo y las Escuelas Municipales, para terminar la primera parte de la jornada comiendo en el Casino con las autoridades.

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En la Huerta de las Monjas

Después de la comida en el Casino, los periodistas salen del pueblo: “el Sr. Soriano Crespo nos invitó a tomar café en su finca ideal, a tres kilómetros de Arahal. llamada Huerta de las Monjas, donde, de seguro, el soñador y el artista hallarían el lugar sentido y deseado para entregarse a las musas. !Es mucha casa de campo la del amigo Soriano!”

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Fábricas de aceite

Muy interesante es la descripción de la industria agrícola de Arahal, en la situación en que se encontraba a finales de los años 20, según esta crónica. “Dedicamos la tarde a visitar las fábricas de aceite, verdadera riqueza natural de este pueblo…” Primero estuvieron en la de D. José Zayas, “montada a la moderna, con todo género de detalles… “ y a continuación, en la fábrica de D. José Oliva Montes, presidente de la Unión Patriótica y primer teniente de alcalde. También visitaron las fábricas aceiteras de D. Fernando Soriano, D. Salvador Corral y Compañía, D. Javier Torres Pinar, don Fernando Jiménez y D. Antonio Campos. Estos nombres que leemos repetidamente, se mezclan con los del ayuntamiento o los del casino, formando una verdadera oligarquía arahalense.

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Charla con el alcalde

Por último, para terminar la jornada periodística, y antes de volver a Sevilla, una charla con el alcalde, D. José Manuel Camacho, del que dice el periodista es “prototipo del caballero andaluz”. Más adelante añade que “el Ayuntamiento siempre se distinguió por su recta administración, recordándose allí la labor de los alcaldes presidentes D. Antonio Benjumea, D. Antonio Arias de Reina, D. Javier Torres Pinar y D. Romualdo Arias de Reina. El actual presidente de la Corporación municipal, señor Camacho, perteneció al Municipio desde la advenida del Directorio al Poder, siendo después elegido alcalde…” Hay elogios para todos: “la labor del Secretario tambien merece que se le presente como modelo de funcionario municipal. Es D. Cristobal Jaime Pérez el Secretario que no pasa jamás por obra mal hecha y ha sabido secundar la digna labor del alcalde, proporcionando a Arahal servicios admirables…”

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Despedida en el Casino

El artículo llega a su fín y termina donde comenzó, en la plaza de la Corredera. Antes de la partida, un breve descanso en el Casino Universal, donde vuelven a reunirse con personajes y directivos. El periodista se preocupa por hacer constar sus nombres en la crónica: Sr. Zaya, presidente; D. Alfredo Arias de Reina, vicepresidente; D. Ezequiel Revilla García, tesorero; D. Manuel Riviere Cabeza, secretario, y los vocales D. Antonio Dominguez, D. Antonio Campos, D. Angel Jiménez y D. Antonio de Reina.

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Estas dos imágenes, mostrando un extenso campo de algodón y la faena de la recolección realizada por mujeres, pertenecen a un artículo de El Progreso Agrícola y Pecuario (7 abril 1928) ya citado, que muestra ese afán algodonero en Andalucía anterior a la entrada de la República.

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La guerra civil en Arahal (Apéndices 3 y 4)

junio 10, 2010

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Con el fin de completar en lo posible La guerra civil en Arahal, iré añadiendo nuevas entradas al tema principal. El formato de blog no permite textos muy extensos, pero los enlaces facilitan su unión como si fueran las páginas de un libro. Estas entradas tendrán forma de apéndices numerados.

Un tema como el de la guerra civil en Arahal es imposible cerrarlo. A pesar de su importancia, la bibliografía es mínima. Existen libros y documentación pendientes de estudio y revisión, a los que hay que añadir nuevas fuentes o testimonios que surgen en cualquier momento.

Añado aquí dos apéndices sobre la guerra que contienen información de interés. Uno es un folleto de 1938 difícil de encontrar, cuyo original reproduzco fotografiado para que pueda ser leído en su totalidad. El otro es la generosa aportación de un testimonio aclarando el origen de la famosa fotografía de los quemados de la cárcel de Arahal. Ésta fue atribuida oficialmente al fotógrafo Serrano, con cuyo sello ha viajado por todo el mundo, pero su verdadero autor fue D. Manuel Nieto, conocido médico del pueblo (y médico de cabecera de mi familia). Esta información me ha llegado de boca de su hijo, buen conocedor de la historia reciente de Arahal.

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Apd. 3. El terror rojo de Andalucía.

Con este título se publicó en 1938 un folleto firmado por Antonio Pérez de Olaguer. Formaba parte de las llamadas Ediciones Antisectarias de Burgos, que en la cubierta explicaban muy bien su contenido: “Serie Antisectaria, destinada a combatir las sectas, enemigas de Dios y de España, y especialmente la Francmasonería”. Junto a los crímenes de los rojos, los títulos combatían el judaísmo y la masonería, dos enemigos a vencer con la República.

El folleto describe hechos criminales de la guerra civil en pueblos andaluces, siempre del bando rojo, dedicando dos apartados especiales, uno a Arahal y otro a Posadas. El de Arahal es una especie de reportaje “para no olvidar lo ocurrido” en la cárcel del ayuntamiento. En él aparecen victimas y supervivientes, familiares, el alcalde y el sacerdote que se salvó del fuego.

Escrito un año después de lo sucedido, en julio de 1937, aunque publicado en 1938, no aporta nada nuevo a lo que ya relató ABC o la prensa de la Falange. Pero refleja el ambiente anestesiado del pueblo después de la tragedia. Es interesante comprobar la importancia que la crónica del nuevo régimen daba a lo sucedido en Arahal, “para no olvidar”, por supuesto sin nombrar la segunda parte. En la época en que se escribió el relato se seguían ejecutando gente de izquierda.

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EL DRAMA DE ARAHAL. 1.- Con Manolo Quijano…

2.- Ante el alcalde de Arahal.

3.- Habla el Señor Camacho…

4.- Intermedio

5.- En aquella casita blanca

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“El terror rojo en Andalucía” por Antonio Pérez de Olaguer. Volumen 8 de Ediciones Antisectarias. 1938. (1)

Para leer las páginas de arriba, pulsar sobre ellas.

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Apd. 4. Fotografía de la cárcel de Arahal

La famosa imagen de los quemados de la cárcel de Arahal se ha considerado siempre realizada por Foto Serrano, así fue distribuida nacional e internacionalmente en los medios gráficos de la prensa (ver La guerra civil en Arahal)

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Pero el verdadero autor de la fotografía fue el doctor D. Manuel Nieto Herrera, que , además de atender a las víctimas en los primeros momentos, realizó la fotografía a solicitud de un capitán de las fuerzas que entraron en el pueblo. Su hijo, D. José Luis Nieto, lo cuenta en un completo relato incluido en ´”Así pasó…”, biografía novelada y no publicada, donde aparecen con pormenores desconocidos las circunstancias que rodearon los asesinatos de la cárcel. Me permito reproducir aquí las dos páginas que amablemente él me ha proporcionado.
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Esta aportación de D. José Luis Nieto me hace pensar en la tesis de la reciente historiografía sobre la guerra. Ante el dilema de los hechos incompletos, hay que acudir al testimonio oral o escrito de los testigos de lo ocurrido. Es poner en práctica el “recuérdalo tú y recuérdalo a otros” que preconizaba Ronald Fraser para obtener una narración distinta de la guerra civil y así enriquecer la historia oficial de ambos bandos.

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Tema general: La guerra civil en Arahal

Apéndice núm. 1: Iconoclasia arahalense

Apéndice núm. 2: La mala fama

Apéndice núm. 3: El terror rojo en Andalucía

Apéndice núm. 4: La foto de la cárcel de Arahal

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Vigas

junio 4, 2010

 

Observando una fotografía de hace medio siglo con los tejados de Arahal, me pregunto cuántos quedan. Esta vista aérea desde la Palmera mostrando tantos tejados me lleva a imaginar el mismo número de armaduras de madera debajo de las tejas. Me temo que la mayoría desaparecidas, no restauradas, sustituidas por vigas de hierro o cubiertas planas más fáciles de conservar. Pero estos tejados, más allá de cualquier curiosidad estética, son señas de identidad del pueblo, a través de los cuales se puede estudiar casi todo.

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Debajo de los tejados, la armadura es una estructura formada por un conjunto de piezas de madera ensambladas entre sí, que soporta los esfuerzos de tracción y comprensión característicos de la cubierta a dos aguas. Las fotografías de arriba corresponden a una armadura próxima a desaparecer,  oculta por un techo de escayola. Las vigas aún llevan restos en las cuerdas que cuelgan. Se puede ver en el muro un ventanuco que posibilita el acceso por encima de la escayola en caso necesario.

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De la visión de tejados destruidos o vigas rotas se deduce no sólo una imposibilidad de restauración por falta de carpinteros y artesanos, que ya no existen, sino la pérdida de una forma de vida ligada a esa arquitectura. Las actividades agrícolas determinaron este tipo de construcciones, adaptadas tanto al medio físico como a la actividad de sus habitantes y crearon estos tejados que contenían graneros y soberaos. Lugares artesanales donde guardar los útiles relacionados con la agricultura o la ganadería. De ahí el poder evocador de la arquitectura, no simples formas estéticas de tejas curvas. Los tejados, de existir, permitirían rememorar toda una cultura agrícola que ha desaparecido con la tecnología.

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En la antigua fotografía de Arahal es evidente el predominio de las cubiertas inclinadas sobre las cubiertas planas. La larga fila de caballetes nos sugiere nombres del arte de construir: la viga cumbrera, los pares, la carrera o parhilera, las correas, los cablos… Todos estos nombres se pierden cuando desaparecen los tejados. Lo mismo que al desaparecer su contenido, el de los soberaos, se pierden los nombres de objetos y faenas: banco, macaco, espuerta, bieldo, aventar, gavilla, mies, era, barbecho, etcétera; o los asociados a los animales: brida, collera, correa de vara… Una lista interminable. Pero esto no es un simple juego etnográfico de palabras, Es activar la memoria ante la pérdida de parte de nuestra cultura y su empobrecimiento

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En la arquitectura doméstica, la madera ha sido material casi exclusivo para la estructura de los forjados horizontales hasta el s. XIX. Su capacidad de flexión, junto a su disponibilidad, han sido, sin duda, los factores determinantes.

Los techos de vigas de madera son muy atractivos quizás porque ese armazón protector que vemos desde la infancia, o mejor desde el nacimiento (cuando se nacía en las casas) ha conformado de alguna manera el hábitat personal, demostrando que nuestra vida es indisociable del edificio doméstico.

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Las vigas barnizadas no sólo constituyen un elemento constructivo más, sino que conjugan con las paredes encaladas o los zócalos de azulejos, realzando cualquier habitación de la casa. En este caso, la decoración con una lámpara modernista en forma de globo conjuga perfectamente con la madera.
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La madera comparte el forjado con el ladrillo de barro cocido, ofreciendo a la vista del habitante dos materiales primarios en la vivienda humana. El barro cocido es uno de los materiales que más se han utilizado desde la antigüedad en la construcción. En las casas andaluzas se usaban arriba y abajo, en el suelo y en el techo. En este caso, el ladrillo sin barnizar ni pintar alterna con las vigas, que tienen una pequeña decoración en su perfiles, unas discretas muescas grabadas por el carpintero, Indicando que están destinadas a un lugar más importante de la casa.

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Las vigas también ocupan su lugar en el techo de la cocina. Aquí han sido barnizadas de negro para disimular la suciedad del humo, que sí ha cubierto los ladrillos de barro. La madera tiene una resistencia al fuego moderada, a pesar de ser un material muy combustible.

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Las fotografías de arriba corresponden a la despensa, un pequeño espacio al lado de la cocina. Aquí, como en toda la casa, las vigas están pulidas y trabajadas en carpintería. En este caso se utiliza la madera para colgar garfios y aprovechar su posibilidad sustentadora. Una de las esquinas, irregular al coincidir con el muro final de la casa, obliga a realizar un remate en ángulo. Estas vigas fueron colocadas a comienzos del siglo XX y cada detalle muestra la habilidad de carpinteros y albañiles.

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El espacio dedicado a los útiles de las tareas agrícolas tiene un gran portalón que facilita el paso de carros y galeras. También es el acceso a la cuadra. Aquí los muros tienen más altura que en el resto de la casa, aunque las vigas presentan las mismas características formales que en las habitaciones. En este caso, la altura y la mayor extensión del forjado proporcionan un aspecto distinto, más espectacular. El conjunto de vigas se apoya en un dintel también de madera, que es sostenido por un pilar encalado muy simple. Otra vez se repiten las fórmulas constructivas de efectividad y sencillez en el espacio arquitectónico.

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En la cuadra, las golondrinas encuentran en las vigas un lugar adecuado para hacer sus nidos cada primavera.

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Referencias bibliográficas:

– La arquitectura popular en la provincia de Sevilla. Demófilo: revista cultural tradicional, Número 31. Fundación Antonio Machado de Sevilla. 1999. (1)

– Arquitectura popular en la provincia de Sevilla, por Rocio Mendoza Rodriguez, Antonio Zambrana Lara,Universidad de Sevilla. Facultad de Bellas Artes. (2)

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