Archive for diciembre, 2010

Felices Pascuas

diciembre 21, 2010

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Tarjetas de felicitación de aguinaldos.- 1) El cartero…: años 50; 2) Conjunto de tarjetas de aguinaldo: años 40-60; 3) Dos de El cartero…: años 40 y 60; 4) El basurero: años 60; 5) El barrendero: años 70; 6) Los barrenderos…: años 40; 7) El carbonero: años 40; 8.- Ilustración de Pascuas de 1873.

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El retablo de las Monjas

diciembre 13, 2010

A finales del siglo XVII se construyó el retablo del altar mayor de la iglesia de las Monjas (1). Fue realizado en 1693 por el cordobés Cristóbal de Guadix en el transcurso de ese año, desde enero en que se firmó el contrato (el dia 26) hasta octubre, que era la fecha prevista de finalización. Costó 34.000 reales de vellón. (La equivalencia del real de vellón era de 25 pesetas, unos 0’15 euros de hoy día).

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Cristóbal de Guadix (1650-1709), nacido en Montilla, pertenece al grupo de retablistas del barroco sevillano posteriores a Martinez Montañés. En ese momento, arquitectos y escultores de retablo eran Francisco Dionisio de Ribas, Bernardo Simón de Pineda y Cristóbal de Guadix, mientras que en el campo de la talla escultórica destacaban José de Arce, Pedro Roldán, Luisa Roldán y Francisco Antonio Gijón. 

El artista cordobés que dejó su retablo en Arahal, ya había realizado otras obras importantes en Sevilla para la iglesia de San Vicente y el convento de Santa María de Jesús, ambas de 1690 . Su estilo se caracterizaba por la construcción de retablos de cuerpo único coronado por un ático, la utilización de columnas salomónicas para dividir los espacios, el empleo de rosas y frutos como elementos ornamentales y el uso de un tipo de capitel muy característico, con los caulículos hacia arriba.

En esta antigua fotografía realizada por el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, se pueden ver algunos cambios en la estatuaria pequeña del primer piso. Santa Teresa de Jesús esta a la izquierda y San Francisco no aparece. Tampoco la imagen del Cristo de la Misericordia, boceto del actual (1937), lo que puede ayudarnos a datar la fotografía en el primer tercio del siglo XX.

Situación actual de la estatuaria del centro del retablo, con las figuras de San Francisco, Santa Teresa de Jesús y el Cristo de la Misericordia en la hornacina.

El retablo de las Dominicas de Arahal, como muchos otros, se proyectó de una manera y terminó siendo de otra. El plano general del retablo, con la distribución y  situación de las imágenes, es el que sigue.

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Ático: En el ático debía de ir un Calvario con el Crucifijo, la Virgen y San Juan. Ahora aparece un cuadro del Crucificado y, a los lados, dos esculturas de Arcángeles. Parece que el lienzo turquesa que recubre la cima del retablo es un añadido posterior, un remate del siglo XVIII posterior a la ejecución de Bernardo de Guadix.XVIII, Quizás de la época en que se realizaron las pinturas murales de la bóveda y el presbiterio por Estanislao Caro en 1755.

Calles laterales: En un principio estaban previstas en el contrato dos esculturas, San Lorenzo y Santa Catalina de Alejandría, que ahora no aparecen. Sí están en su sitio, en las calles laterales, las esculturas de Santo Domingo y Santo Tomás de Aquino, coronadas por medios cuerpos de Santa Catalina de Sena y Santa Rosa de Lima. Las esculturas de Santo Domingo y Santo Tomás sufrieron destrozos en la guerra civil y fueron retocadas y repintadas.

Calle central: En el segundo piso se encuentra la Virgen del Rosario, como imagen principal. Encima, el conjunto de la Anunciación, realizado en altorrelieve, no estaba previsto en el contrato y se piensa que pueda ser el aprovechamiento de una obra anterior, a menos que se realizara después de la firma de aquel.

Banco y columnas: La decoración en el banco y en el resto del cuerpo del retablo está compuesta de frutos, hojas y tiras. Como es característico, en el fuste de las columnas salomónicas aparecen pámpanos y racimos.

Detalle de la calle lateral con Santo Tomás de Aquino y Santa Rosa de Lima. También se pueden observar con claridad los fustes de las columnas salomónicas con la decoración de pámpanos y racimos.

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Sobre la importancia y originalidad del retablo arahalense, F. Herrera, estudioso de la obra de Bernardo de Guadix dice al respecto: “El de las domínicas de Arahal ofrece un buen ejemplo de subestructura, a modo de retablo-hornacina, contenido en un marco de potente acentuación salomónica. Podriamos pensar que la hornacina flanqueada por columnas y el marco superior, de terminación curvilínea, proceden de un retablo anterior, ahora reutilizado, sin embargo la documentación nada cita al respecto, por lo que podemos suponer su concepción junto al resto del retablo, pensando en la significación del registro central, ocupado por la Virgen del Rosario…” El retablo de las Monjas de Arahal está considerado como una de las mejores obras del artista cordobés.

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Inicio del contrato de Cristobal de Guadix comprometiéndose a realizar el retablo del convento de las Monjas (ampliar).

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(1) Monjas Dominicas del Convento de Nuestra Señora del Rosario de Arahal.-  El convento de Ntra. Señora del Rosario fue fundado en 1608 por Bartolomé de Reina Arias, familiar del Santo Oficio y su esposa Luisa de Ojeda en solar y casas de su propiedad. Se terminó de construir a mediados del siglo XVII, siguiendo el estilo del convento femenino sevillano de esa época. El retablo se construyó en la última década y en el s XVIII se continuó la decoración del templo con las pinturas de la bóveda y el presbiterio.

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Bibliografía:

– “El arquitecto de retablos Cristóbal de Guadix: adiciones y comentarios a su producción” de F. Herrera . Laboratorio de Arte nº 16 Sevilla, 2003.

– “Pinturas murales de Estanislao Caro en Arahal” de Juan Luis Ravé Prieto. Laboratorio de Arte – Dialnet. 2005

– “Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla” de J. Hernández Díaz y A. Sancho Corbacho. Sevilla, 1937

– “El retablo Barroco sevillano” de F. Herrera y A. Recio.

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Los hombres sabios

diciembre 1, 2010

Bajo el título de Los hombres sabios de Arahal el viajero inglés Charles B. Luffman describe su paso por el pueblo en 1893 y así aparece en su libro de viajes publicado en Inglaterra a finales del siglo XIX. Luffman, que viajó por toda España, pernoctó en Arahal y guardó buen recuerdo de una charla sobre agricultura con los prohombres arahalenses de entonces. La traducción de ‘wise man’ por “sabios” me parece más adecuada que la de “juiciosos”, pues Luffman quería hacer ver la sabiduría y el conocimiento agrícola de sus interlocutores.

Charles B. Luffman (1862-1920), desde los treinta años se había dedicado al negocio de la fruta en Italia, Francia y España y había sido representante en Málaga de Delius Bros. Fue un gran viajero (1). En 1895, en un corto período en que había vuelto a Inglaterra, publicó A vagabond in Spain (no traducido al español), un libro de viajes con sus experiencias por tierras españolas. Arahal aparece al comienzo del capítulo XVI, “De Sevilla a Granada”, cuando el autor abandona Sevilla camino de la capital granadina. Luffmann duerme en la posada del Sol y tiene un encuentro con la gente importante del pueblo avisada por el posadero que les informa de un viajero entendido en agricultura.

Retrato de Charles Bogue Luffman en una revista inglesa de horticultura (1899) y cubierta de su libro A vagabond in Spain, editado por J Murray en Londres en 1895. Debajo las cuatro páginas que tratan de Arahal al comienzo del capítulo XVI, “At Arahal”, y su traducción.

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“Tengo apuntado en mi cuaderno de notas “Una vez pasado Sevilla, la carretera desde Alcalá hasta Arahal es muy mala”, y me reafirmo en lo escrito.
La tierra era buena y bien cultivada en algunos lugares, pero el camino era llano, malo y aburrido. De vez en cuando aparecían algunas chozas, pero no conseguí encontrar pan, y me tuvé  que conformar con el “vaya con Dios” que me decían y que sería mi sustento hasta llegar a Arahal, una caminata de cerca de veinte millas. Como era la época de la recolección de aceitunas, los caminos estaban llenos de hombres y mujeres de todas…”

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“…las edades, que andaban en busca de trabajo en campos y almacenes. La mayoría de las mujeres iban vestidas con ropa de hombre, y sólo por su rostro podían distinguirse de ellos. La finalidad de la ropa masculina es la de poder subirse a los árboles en las escaleras y agacharse cogiendo aceitunas. Todas fumaban (sic), usando con frecuencia un lenguaje más soez que el de los hombres. Hay españoles que se quedan en casa pensando que echar una peonada cogiendo aceitunas no es un buen trabajo, aunque yo he encontrado a muchos cogedores entre Sevilla y Granada, que siempre me han tratado con educación.

En Arahal fuí recibido en la posada del Sol por el posadero, que no encontrando en mí ningun crimen a la nación, enseguida se volvió amable y se ofreció a presentarme a las autoridades del pueblo. Arahal no tiene más de 4000 habitantes, lo que no impide que un pueblo pequeño tenga un grupo de hombres grandes.

Esa noche había una reunión para resolver las quejas de algunas pobres viudas y otros que se oponían que sus únicas ayudas en la vida fuesen enviados a la guerra con los moros en Melilla.

Estuve viendo a esas viudas y otras pobres gentes llorando lastimosamente y contando tristes historias de su miseria, pues me habían hecho pasar a la sala donde se celebraba la reunión (¿ayuntamiento?)…”

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“…Una docena de hombres, de los más gordos que he visto, estaban sentados alrededor de una mesa. Parece que en Arahal se considera que inteligencia y gordura van juntas.

Uno de ellos, un orondo sacerdote de rostro colorado, fue el portavoz. Sabiendo que yo estaba interesado en la agricultura, me dio la bienvenida con la efusividad que tienen los hombres gruesos.

Insistieron todos y cada uno en que les diera mi opinión de la agricultura en España. Me alegré de poderles decir a los hombres sabios de Arahal que ellos estaban en medio de la gran riqueza nacional y que se esforzaban considerablemente por aumentarla. Logicamente esto les gustó, dejando de alabarme a mí y empezando a alabarse ellos. Me contaron las cantidades de maíz y aceite que habían recolectado y como habían engordado.

¡Esto era innegable! Además, me confesaron que desde que habían visto que esta energía significaba éxito, Arahal había estado creciendo cada vez más. Tan lejos estaba esto de la forma de  hablar del español normal, que me llegué a preguntar qué clase de  hombres eran,  y de dónde habían sacado esa sencilla sabiduría.

Su  generosidad fue tan grande como su volumen, pues me dieron un puñado de puros y…”

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“… cigarrillos, pidiendo que me sirvieran una buena cena en la posada del Sol. Mientras tanto, las pobres mujeres y una muchedumbre de curiosos pasaban frío en la calle… Tenía que hacer frío pues Arahal está desprotegida, situada en alto y rodeada de llanuras.

En la posada, había un grupo de jóvenes reclutas custodiados por algunos guardias civiles. Los reclutas se emparejaban unos con otros sin problema, pareciendo temer un ataque bélico, cuando sólo llevaban veinticuatro horas con el uniforme. Les oí como se hacían promesas de permanecer unidos en la vida y en la muerte, hablando de mandar algun recuerdo a su anciana madre o suspirando por amores que habían dejado atrás… Por último, nos sentamos alrededor de un débil fuego de mazorcas que ardía en un “brasero” en el suelo de la posada. Los reclutas hablaban de  “su casa”, contando y añorando momentos pasados que parecían haber acabado para siempre. Cuando se apagó el fuego y se terminó de relatar la última historia, me fuí al granero, donde me acosté pasando frío hasta el amanecer. Este último regalo de Arahal fue helador, y todavía me quedaba un duro camino por recorrer hasta la noche…”

Charles B. Luffman se marcha de Arahal por la mañana temprano y llega a La Puebla de Cazalla por la tarde.

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La visión que Luffman nos da de Arahal en estas cuatro páginas es característica de los libros de viajes, un género habitual en el mundo anglosajón, con lectores deseosos de conocer las aventuras de sus paisanos en otras tierras. Dejando lo negativo y erróneo que puede haber en los testimonios de viajeros, el conjunto siempre resulta interesante por el conocimiento que nos proporciona de lugares que en esa época estaban al margen de cualquier información. Con sus datos se pueden recobrar el pulso y la vida cotidiana de algun pueblo, como en este caso ocurre con Arahal.

El relato que hacía el viajero romántico o post-romántico, además del estudio realista de los lugares por donde pasaba, estaba obligado a ser una narración atractiva y pintoresca para los lectores. No tenía sentido publicar un libro sin interés. También Luffman exagera con humor (inglés) sobre algunos aspectos del pueblo.

Al comienzo del capítulo de Arahal nos revela su método de trabajo: viajaba tomando notas en un cuaderno, leído posteriormente en Inglaterra para redactar el texto definitivo, siempre acompañado por sus recuerdos. Cuando lee en sus notas que el camino desde Alcalá hasta Arahal es muy malo, lo sigue recordando así y no cambia de opinión. En esto coincide con otros viajeros del XIX: era un camino malo y tedioso en una gran llanura, sin sombras, sin fuentes ni ventas. Luffman no consigue comprar ni pan.

Una rara observación, la del fumar de las mujeres (“todas las mujeres fumaban”), puede deberse a la mala interpretación de un efecto óptico del vaho en invierno. Es inconcebible pensar en una mujer del pueblo fumando a finales del siglo XIX. El habla soez si que debía ser algo habitual.

Lo más chocante es la repetida exageración de la gordura, utilizada para definir con humor a los hombres de la reunión. Hay que tener en cuenta que el concepto de gordura de entonces no tiene nada que ver con el sentido estético de ahora. Luffman estaba ilustrando la prosperidad del pueblo con el grosor del cura, autoridades y caciques. No nos habla del resto de la población, que tendría otro aspecto distinto, a veces cercano a la delgadez y la miseria.

Después de todo, Arahal sale bien parada con esta alusión de Luffman a sus “wise men”. ¿De qué hablarían realmente, además de las cortesías y adulaciones que nos relata? Lo cierto es que en la redacción de su libro en Inglaterra él recordaba esta sabiduría de un pueblo del sur.

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Viajeros de los siglos XVIII y XIX que pasaron por Arahal (con entrada en estas páginas):

Jose Celestino Mutis pasó por Arahal en 1760

Henry Swinburne pasó por Arahal en 1775

W. Humboldt pasó por Arahal en 1799

Washington Irving pasó por Arahal en 1829

Thomas Debary pasó por Arahal en 1849

– Charles B. Luffman pasó por Arahal en 1893

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Notas

(1) Azorín lo conoce y lo cita cita en su libro “Fantasías y devaneos” (1920), en el capítulo “La tierra de Castilla”, como “el ilustre autor de A vagabond in Spain”. Hacen juntos una excursión al Pardo.

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Bibliografía

Luffmann, Charles Bogue.- “A vagabond in Spain”. London, J. Murray (1895).

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