Archive for mayo, 2011

Torre de los Alaranes o del Cincho

mayo 23, 2011

Ese pequeño torreón que aún se mantiene en pie, al lado del cortijo de Menguillán que se desmorona en su ruina, parece indicarnos su resistencia al tiempo respecto a la hacienda centenaria.Simboliza el pasado material más remoto de Arahal, a sólo pocos kilómetros, aunque en el término de Carmona. Después de dieciocho siglos, es el testigo de una antigua población ibéro-romana conocida como Basilippo.

Existe un estudio de esta construcción y su emplazamiento, realizado por José Manuel Rodríguez Hidalgo (1), aparecido en la revista Habis en 1979 con el título de Anotaciones en torno a Basilippo. La Torre del Cincho.

La torre fue construida como monumento funerario romano. Y allí quedo, en la extensa soledad de la campiña, donde sirvió como referencia topográfica y de orientación para caminantes. Fue conocida en la época medieval como Torre de los Alaranes, así lo podemos leer en los deslindes otorgados a Carmona por Alfonso X en 1255, el testimonio escrito más antiguo que existe del monumento: “…çerca de la torre de los alaranes e aquí adelante parte carmona con marchena”.

Es el único testimonio de la que fue necrópolis romana de Basilippo, sorprendiendo su existencia y su permanencia en pie más o menos completo. La torre cumplió su función como mausoleo funerario, que es del tipo de incineración en bustum, según Rodríguez Hidalgo. El bustum era una fosa sobre la que se colocaba la pira funeraria y en la que se incineraba al difunto. El bustum, que recogía las cenizas, servía luego de base a la construcción de la torre, rememorando la vida del personaje incinerado.

Tamaño de la torre comparada con una figura humana. Al fondo, la inmensidad de la campiña, donde destacaría como única construcción a la vista, una referencia para los viajantes de muchas épocas.

La torre constaba de cuatro cuerpos, más un quinto desaparecido que servía de remate, construidos en opus caementicium, el material utilizado por el arte arquitectónico romano (2). Es extraño que no se empleara la piedra, teniendo en cuenta la proximidad de canteras en la zona, aunque se piensa que el motivo sería el económico. Puede que el opus caementicium haya permitido una pervivencia mayor de la torre, al tener sus materiales poco atractivo para el desmonte. Encima de los muros hubo un revestimiento de enfoscado del que aún quedan restos.

Torre del Cincho por el lado en que se ve el orificio del bustum.

Alzado Norte de la Torre del Cincho. En su base y con línea de puntos, el espacio ocupado por el bustum.

El bustum estaba en el cuerpo inferior, que era totalmente macizo, presentando la hornacina que hoy se veEl cuerpo superior ha desaparecido y hay que imaginar un remate para el monumento. Rodríguez Hidalgo piensa que sería una cubierta en forma de pirámide, muy en consonancia con el carácter funerario de la construcción.


Sobre el revestimiento de estuco de la torre habría algunos adornos y placas decorativas e inscripciones relativas al difunto. Algo similar a lo aparecido en el Cerro del Cincho, la lápida funeraria de abajo. Aunque se cita el lugar, “basilipensis”, no parece probable que perteneciera a la torre.

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No es fácil encontrar mausoleos de este tipo en la España romana. Como referente de la del Cincho se suele citar la Torre de los Escipiones (arriba), un monumento funerario que se construyó en la mitad del siglo I d. C, a seis kilómetros de Tarraco, la actual Tarragona. Tiene tres plantas superpuestas en forma decreciente, pero su construcción es de sillares rectangulares adornados con relieves.

Basilippo, el lugar donde se encuentra la torre, plantea también numerosos interrogantes. Basilippo perteneció al “conventus hispalensis”, la séptima mansión en la vía que iba de Gades a Corduba. A. Tovar dice que su origen es turdetano y que su nombre  deriva del griego, “basileus”. Se han encontrado abundantes restos cerámicos en los tres pequeños cerros cercanos a Menguillán. También se encontró la inscripción de Q. Brutius Basilipponensis ya citada, en el siglo XVIII, y la escultura de la Dea Roma (arriba) en los años 40, interpretada como “amazona” y que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico. Fue  Eduardo Benjumea quien la donó al Museo en 1945. Muestra a la Dea Roma al estilo amazónico, dejando ver el pecho derecho y llevando una espada que asoma por la cadera izquierda. La representación de la Dea Roma es la imagen de la ciudad guerrera y dominadora, Roma, y su culto se difundió por la peninsula. En España hay otra escultura similar, encontrada en Segóbriga, Cuenca.

La fecha de datación del monumento hay que situarla, según Rodríguez Hidalgo, en el segundo tercio del siglo II d. C. Si tenemos en cuenta la distancia en el tiempo y en el lugar, 8 kilómetros, del nacimiento de Arahal, podemos imaginar una débil relación con este enclave romano.   El sepulcro cristiano del siglo VI hallado en el Faro en el siglo XVII nos hace alejarnos de Basilippo. Y el asentamiento definitivo con nombre de El Arrahal, cuya primera aparición en documentos sitúa Pascual Barea en 1342, hacen de Basilippo un lugar definitivamente lejano y olvidado. Queda la torre funeraria como faro de orientación en la campiña y un pasado por descubrir.

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Notas

(1) José Manuel Rodriguez Hidalgo (Sevilla, 1956). Habis, revista fundada en 1970 y consagrada al mundo antiguo. Edita la Universidad de Sevilla: Secretariado de Publicaciones (http://www.us.es/publius/inici…)

(2) El hormigón romano era bastante diferente en su composición al hormigón actual. El único aglomerante que se conocía desde el siglo IV a.C. era el mortero de cal aérea, compuesto de cal grasa, arena y agua. Alrededor del siglo II a.C., los romanos aprendieron a usar la pozzolana o puzolana, un tipo de ceniza volcánica presente en la península itálica, que producía un mortero de gran monolitismo y dureza.

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Jorge Bonsor y el camino de Arahal

Arahal en el Museo Arqueológico

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Una controversia médica en el siglo XVII

mayo 11, 2011

No es fácil encontrar noticias o documentos del siglo XVII en los que aparezca el nombre de Arahal. Éste libro de aquí es una excepción y su texto está escrito contra un médico del pueblo. Resulta tan atractivo como extraño pensar en la existencia de un médico en nuestra localidad en esa época, un personaje del que poco sabemos, aunque su apellido nos resulte familiar. El libro es una rareza bibliográfica que se halla en la BUS (Biblioteca de la Universidad de Sevilla) y que se puede consultar públicamente al estar digitalizado en su totalidad. El volumen está incompleto, conservándose de él unas setenta páginas (faltan las hojas 2-3 y desde la 41), y se encuentra encuadernado en pergamino junto con otras obras que forman un volumen fáctico, donde no es posible determinar exactamente la fecha de edición al faltar las primeras y últimas páginas. Se cree que salió de imprenta en 1651. El título es largo, como es habitual en textos de
esta época:

“Iusto Appollineo, ciudadano republico de Sevilla contra el Doctor Damian Matias de Reyna medico de la villa del Arahal, en la respuesta al doctor Antonio de Viana Mendieta, medico ciruxano de la ciudad de Sevilla”.

El autor que se oculta tras el título de “iusto appollineo, ciudadano repúblico”, es el mismo Doctor Antonio de Viana Mendieta que, agraviado, responde al Doctor Damián Matías de Reyna de Arahal en una diatriba médica que no conocemos bien. Aquí, Viana, se defiende a sí mismo de los ataques del médico arahalense escribiendo sus teorías. En 1651, Antonio de Viana era o había sido “médico y cirvxano de la ciudad de Sevilla”. Época que corresponde a sus últimos años, pues Viana habla de la medicina como si estuviese jubilado (“aunque no la exerso”) y su atacante le acusa de ser un anciano.

El licenciado Antonio de Viana había ocupado el puesto de cirujano mayor del Hospital del Cardenal en Sevilla desde 1627. Viana fue un hombre importante de su tiempo, seguidor de Hidalgo de Agüero, que destacó en la cirugía y en la elaboración de remedios medicinales. Además, fue hombre culto en historia y poesía épica, como lo demuestra su escrito contra el médico de Arahal.

El Hospital de San Hermenegildo en Sevilla, más conocido como del Cardenal y vulgarmente llamado “de los heridos”, estaba en la plaza de San Leandro (imagen de arriba). Fue fundado por el Cardenal Cervantes en 1455 y en el siglo XVI se convirtió en el hospital más importante de la ciudad, para convertirse en el XVII en principal establecimiento quirúrgico. A esto contribuyó la labor del ya citado cirujano Hidalgo de Agüero, figura destacada de la medicina del Renacimiento español. Hidalgo de Agüero, reacio al intervencionismo, concedía importancia a la acción de los fármacos y drogas americanas, alejándose de la remedios medievales y afirmándose en las tendencias terapéuticas de Paracelso. Este cirujano adquirió una gran fama en Sevilla, especialmente por el nuevo método en la curación de las heridas que estableció a través del aceite de Aparicio. Plasmó la eficacia de su técnica frente a otros métodos, como el desangrado o el  pus loable, que producían grandes índices de infección y mortalidad. El Doctor Viana continuó su labor.

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No conocemos la controversia que inició el médico de Arahal, Damián Matías de Reyna, y por la “respuesta” del Doctor Viana, poco podemos deducir. Al comienzo, en páginas quinta y sexta, el autor nos expresa su resistencia a los ataques del arahalense, sugiriendo ignorancia : “el Doctor Matías piensa que le desautoriza, en vano se cansa, imposibles intenta, y mal se le logran…“. A lo escrito por Matías de Reyna llama “desastrado manuscrito”. Y define un poco al personaje: “estudioso dende el Arahal, pensolo mal, que le conocieron el juego en las malas cartas…”, que como médico representa lo que no es. Nada más. A partir de aquí, el texto de Viana se dedica a la explicación de su método científico.

Antonio de Viana Mendieta (imagen de arriba) era canario, nacido en 1578, que estudia y reside en Sevilla, donde parece que conoció a Lope de Vega. En 1627 ocupó la plaza de cirujano mayor del Hospital del Cardenal, que deja unos años a petición de sus paisanos canarios para convertirse en médico del Cabildo de Tenerife. En 1634 vuelve a la península y a Sevilla. Parece que murió en 1654, tres años después que escribiera el “Iusto Apollineo”.

Tiene una actividad literaria e histórica importante. Escribió “Antiguedades de las Islas Afortunadas…”, publicada en Sevilla en 1604. En el terreno científico conocemos tres obras. Además del libro defendiéndose del médico de Arahal, escribió en 1631 un “Espejo de Cirugía en tres exercitaciones de theorica, y práctica, que tratan de los tiempos del apostema sanguíneo…”. Y en 1637, el ensayo “Discurso en la herida que padeció Juan Bautista Silman”. Fue un cirujano que gozó gran estimación por su erudición. Llego a ser nombrado Cirujano Mayor de las Galeras de España. Lástima que del Doctor Damián Matías de Reyna no conozcamos parecidos detalles biográficos. Tenemos que conformarnos con la aparición de su nombre a mediados del siglo XVII.

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Para otra entrada queda la figura de un médico, también de Arahal y del siglo XVII, cincuenta años después, que ocupó un lugar importante en la historia de la Medicina sevillana. Me refiero a D. Juan Muñoz y Peralta, que hacia 1693, renunciando a su cátedra en la Facultad de Sevilla y disconforme con los anticuados métodos universitarios, funda la “Venerada Tertulia Médica Hispalense”. Esta reunión de médicos “revalidados” (1), que supone la renovación científica en la práctica médica sevillana, también tiene su polémica, pues éstos son acusados de cismáticos, e incluso herejes, y los médicos tradicionales decían de ellos que practicaban doctrinas peligrosas.

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(1) Los llamados médicos revalidados eran los que hacían su aprendizaje trabajando al lado de un profesional competente y una vez instruidos en la materia médica, pasaban una Reválida y obtenían título.

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Bibliografía

– “Iusto Appollineo, ciudadano republico de Sevilla contra el Doctor Damian Matias de Reyna medico de la villa del Arahal”. 41 h. [+ h.] ; 4º. Universidad de Sevilla.

“El Hospital del Cardenal de Sevilla y el Doctor Hidalgo de Agüero
(Visión histórico-sanitaria del Hospital de San Hermenegildo. 1455-1837) “ de Joaquín Herrera Dávila (2010).

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