Archive for junio, 2011

Antiguas medidas agrarias

junio 27, 2011

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A comienzos del siglo XIX la tarea agrícola de los habitantes de Arahal se regía por costumbres antiquísimas que pasaban de una generación a otra. En lo relativo a medición de tierras y valoración de cosechas, se conservaban celosamente los patrones métricos heredados. La implantación del Sistema Métrico Decimal, que trajo la Revolución Francesa, no se promulgó en España hasta 1849 (1), aunque no supuso mucho cambio pues las antiguas medidas se siguieron utilizando durante bastante tiempo, aún después que se fijaran como de obligado cumplimiento en 1895.

Arriba, medidas agrarias de la provincia de Sevilla publicadas en el Mercurio de 1827 (2). En la imagen superior, las que se aplicaban en Morón y Arahal, con sus diferencias respecto al resto de la provincia de Sevilla, abajo.  Hasta la implantación del Sistema Métrico Decimal en 1847 cada provincia, localidad o pueblo aplicaba unas medidas dictadas por la tradición y las costumbres que podían no coincidir con las demás.

En las normas publicadas en 1827 para Arahal aparece el estadal, que es una medida de longitud equivalente a 4 varas (12 pies). De esta antigua medida de longitud, equivalente a la estatura media del ser humano, se crea el estadal cuadrado: 400 estadales cuadrados forman una aranzada. La aranzada era una importante unidad agraria de superficie que variaba según se utilizara en una región u otra.  En Castilla correspondía a 4,472 metros cuadrados. En Córdoba equivalía a 3,672 metros cuadrados. La siguiente medida citada, la fanega, es la más conocida en Arahal, pues sigue estando vigente en la actualidad para mediciones y transacciones agrícolas. El vocablo fanega proviene del árabe faddãn, que hace referencia a lo que un par de bueyes pueden arar en un día. Al hablar de fanega podemos referirnos tanto a mediciones de capacidad o volumen, como a mediciones superficiales de fincas del ámbito agrario. La fracción de la fanega es la cuartilla, una capacidad equivalente a un cuarto de fanega. La fanega como medida de superficie equivale a 10.000 varas cuadradas (100 x 100 varas, cuya relación con el metro es aproximadamente de 0,65). En Castilla, una fanega de tierra equivale a 4.225 metros cuadrados, dependiendo de cada lugar. Basicamente una fanega era la cantidad de terreno necesaria para sembrar una fanega de grano; de esta forma tierras de mejor calidad necesitaban menos superficie y de ahi la diferencia de superficie para comarcas diferentes. Pero cuando dos agricultores de distintos lugares decian que habian sembrado 20 fanegas de trigo, sabian que su cosecha sería similar.  En Andalucía, la fanega equivalía en el norte a a 6.440 metros cuadrados, y en el sur a 6.121 aproximadamente. Tanto en Arahal como en el resto se sigue utilizando el término en el lenguaje coloquial.

Arahal se sitúa dentro de un amplio cuadro de medidas utilizadas en el campo andaluz en general, por lo que algunos nombres serán más familiares que otros para los arahalenses. Aquí abajo, un listado acompañado de su equivalencia al Sistema Métrico Decimal:

De longitud
Braza     2,09 m.
Palmo     20,89 cm.

De superficie
Tahulla = 8 ochavas     1.118,32 m2
Ochava = 32 brazas cuadradas     139,79 m2
Braza cuadrada     4,36 m2
Fanega = 12 celemines     6.439,56 m2
Celemín     536,63 m2

De peso
Quintal = 4 arrobas     46,0093 Kg
Arroba = 25 libras     11,5023 Kg
Libra = 16 onzas     460,093 gramos
Onza     28,75 gramos

De capacidad para áridos
Fanega = 12 celemines     55,501 litros
Celemín = 2 medios     4,62 litros
Medio     2,31 litros

De capacidad para líquidos
Arroba = 4 cuarterones     15,96 litros
Cuarterón     3,99 litros

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Un ejemplo de la complejidad en la aplicación popular de las medidas agrarias lo encontramos en el término costal. El costal es, además de un saco grande para granos o semillas, una medida de superficie para tierras de secano, múltiplo de la fanega, concretamente equivale a fanega y media, unos 10.061’982 m2. En la agricultura murciana del término costal como recipiente se pasó a costal como cantidad de terreno necesaria para sembrar un costal de semillas. Pero su origen es el primero, pues la palabra costal procede del étimo latino costa, costilla; lugar donde se colocaba el saco para llevarlo de un sitio a otro.

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La permanencia en Arahal de la aplicación de las medidas agrarias se puede ver en el cuadro siguiente:

Este cuadro está realizado por una compañía dedicada a tasaciones y peritajes de tierras con su paso a metros cuadrados de la arazanda y la fanega para pueblos de la provincia de Sevilla. Aquí vemos los del partido judicial de Marchena, pero como podemos apreciar ninguno de ellos coincide.

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Notas

1.-Los nuevos patrones métricos nacidos de la Revolución Francesa recorrieron un largo camino hasta su definitiva implantación en España a finales del siglo XIX. Va a tener que pasar medio siglo desde que Gabriel Ciscar publicara en 1800 su famosa memoria -en la cual se daban a conocer las nuevas medidas- hasta que se sanciona la Ley de Pesas y Medidas del 19 de julio de 1849, con la que se introduce de forma legal, que no real, el Sistema Métrico Decimal en todos los territorios de la corona española. Después de salvar numerosas dificultades y sucesivos aplazamientos, el Real Decreto de 5 de septiembre de 1895 establece el uso obligatorio de las medidas decimales y la prohibición de utilizar las unidades tradicionales.

2.- Mercurio de España (1738 – 1830). Se trata del Mercurio que Salvador José Mañer fundara y comenzara a publicar en 1738.  Inspirado en los Mercurios europeos (el título de la cabecera está tomada del clasicismo: Mercurio, el correo de los dioses), venían publicándose desde el siglo XVII, apaortando noticias, leyes y normas para la sociedad.

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Imágenes: 1.- Media fanega o cuartilla. 2.- Romana. 3.- Costal.

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El Archivo Municipal

junio 14, 2011

Escribir de la Guía del Archivo de Arahal, me lleva a imaginar cómo habría sido su contenido actual sin los estragos que sufrió en junio de 1857 a causa de lo que llamó Guichot “misteriosa sublevación, ahogada materialmente en sangre” (ver El espartaquismo agrario en Arahal). Al dolor que produce la destrucción de una biblioteca o un archivo -tan bien representada en la imagen anónima de abajo- hay que añadir, en este caso, la pérdida de parte de la historia de Arahal contenida en valiosos documentos y legajos que eran patrimonio del pueblo. Pero la lamentación no sirve de nada y tenemos que conformarnos con iniciar la historia documentada del pueblo a partir del fatídico 1857, que tanto supuso para la fama arahalense.

Precisamente en estos días, el Archivo parece rectificar aquel hecho destructivo mostrando la modernidad de un Arahal que guarda y ordena sus papeles con una nueva Guía. Ya el Archivo digitalizó a partir de 2007 las actas de los plenos que van del año 1857 al 1859, es decir los primeros documentos escritos después del desastre. Corresponden a la signatura libro 1 del inventario y tienen un gran valor histórico por ser símbolos del inicio de la nueva documentación.

Archivo Municipal Digitalizado

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El Archivero, José Luis Moreno Delgado, me envía la Guía-Inventario del Archivo totalmente actualizada. Con este motivo, le pedí que escribiera sobre ella, expresando su deseos y proyectos.

Guía-Inventario del Archivo Municipal de Arahal

Con el fin de preservar la memoria histórica el archivo se convierte en el custodio y garante del patrimonio documental que sirve a la vez  de fuente de información y difusión para las instituciones de gobierno, las empresas privadas y los ciudadanos como usuarios en general. Los archivos municipales constituyen la red más extensa y sólida en las estructuras archivísticas de un país.  El nivel de la archivística de un Estado se mide frecuentemente por el desarrollo que alcancen los archivos municipales en tanto se entienden como estructura básica que va unida a otra estructura fundamental del poder municipal como son los ayuntamientos, y en este sentido este poder cercano al ciudadano, esta polivalencia de la función archivística en los municipios tiene un valor que difícilmente puede darse a otro ámbito de la archivística.

El Archivo Municipal de Arahal cubre dos fondos documentales: el histórico y el administrativo. El primero recoge  los documentos y acuerdos emitidos por el Ayuntamiento con más de 50 años de antigüedad. Por ello, dicho archivo representa una fuente de consulta de primera mano y de suma  utilidad  para develar gran parte de nuestro pasado.

El Archivo Municipal de Arahal tiene su origen en la propia gestión del Ayuntamiento a lo largo de su Historia, su génesis y evolución aparece vinculada directamente a la del propio consistorio. Desde su fundación no cabe duda que habrá tenido una intensa y productiva vida, no obstante, la falta de documentos de época medieval y moderna nos ha privado de conocerla con exactitud. Este archivo sufrió en el año 1857 un trágico incendio cuyo resultado fue la pérdida de toda la documentación municipal, acabando así con la mayor parte de la memoria escrita del pueblo. Este episodio nos arrebató la posibilidad de conocer los documentos originales que marcaron la historia arahalense, lo que ha influido directamente en la falta de trabajos sobre este tema.

A pesar del grave contratiempo que supone no disponer de toda la documentación generada por el concejo arahalense desde su origen, no todo es negativo. Tenemos la suerte de poder contar con los excepcionales archivos municipales de Morón de la Frontera, Osuna o la Puebla de Cazalla (los tres dirigidos por excelentes profesionales de prestigio) así como con el Archivo General de Simancas, el Archivo de la Chancillería de Granada y, sobre todo, la Sección Osuna del Histórico Nacional, que albergan valiosísimas referencias documentales de época bajomedieval o moderna relativas a Arahal. Todo el que esté interesado en sumergirse en la interesante historia local no debe olvidarse de visitar estos excepcionales archivos donde siempre encontrará fuentes de gran valor.

Como señalamos en la Guía del Archivo, las primeras noticias que tenemos contrastadas de Archivo datan de la década de los ochenta y principios de los noventa, cuando se asigna desde la Diputación de Sevilla a mi buen amigo Don Rafael Martínez Ramos como archivero de zona destinado a Arahal, un excelente profesional que realizó una labor intachable al frente de este Archivo. Tras ello, la evolución del Archivo Municipal ha sido intensa y a día de hoy cuenta con unas instalaciones bastante aceptables que recogen un volumen documental muy amplio, concretamente unas 3900 cajas de archivo definitivo y más de 1500 libros.

En el año 1988 se publica por parte de la Diputación de Sevilla el Inventario de los Archivos de Arahal, Aznalcollar, Badatolosa, Villanueva del Ariscal y Villaverde del Río incluido en la colección Archivos Municipales Sevillanos. Tras ello, tienen lugar dos fases en la organización del archivo llevadas a cabo por becarios, en las que se trató y gestionó la mayoría de la documentación del depósito 1 del Archivo, ubicado en la primera planta del edificio consistorial tras la remodelación que tuvo lugar a finales de los noventa. El resto de la documentación pasaría a las naves de Hytasa, ubicadas a las afueras del pueblo y a un local propiedad municipal situado en la calle Serrano. En 2006 y vistas las pésimas condiciones en las que se conservaba esta documentación, se procedió, tras varias gestiones, a ubicarla en la planta baja del Ayuntamiento, creándose el depósito 2. A esto le siguió la adquisición progresiva de estanterías compactas de gran calidad y la digitalización de algunos libros de gran valor (como por ejemplo, los 14 primeros libros de Actas Capitulares).

Una vez organizado físicamente el archivo se procedió a describir todos los fondos documentales del Archivo así como a la informatización de todos los registros.

Las distintas series documentales del Archivo están prácticamente completas desde el año 1857, no obstante, encontramos algunos vacíos documentales coincidentes con los años de la Guerra Civil debido a que durante dicho periodo hubo episodios de expolio y quema de documentación. También encontramos vacíos documentales en algunas series actuales debido a que no se aplicaron los mecanismos de control recomendables en algunos traslados de documentación (esa época coincidió con la falta de un archivero que dirigiera el proceso). Las series más destacables del Archivo son los libros de Actas Capitulares (digitalizados hasta el año 1884), los expedientes de Beneficencia y Asistencia Social, los Padrones Municipales de Habitantes, los expedientes de Obras Municipales y de de Disciplina Urbanística, así como los libros de Caja o contabilidad (consultar guía).

En la actualidad hemos puesto en marcha un proyecto consistente en recopilar copias de los documentos más valiosos relacionados con Arahal conservados  en el Fondo Osuna de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. El objetivo último será la creación de un fondo o colección denominado “Osuna” similar al existente en el Archivo Municipal de La Puebla de Cazalla. El motivo fundamental de dicho proyecto es ampliar en la medida de lo posible el número de fuentes documentales de época medieval y moderna existentes en el Archivo.

José Luis Moreno Delgado. Arahal, 2011

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Guía del Archivo Municipal de Arahal

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Desterrado al Arahal

junio 3, 2011

Entre las noticias sobre Arahal aparecidas en la prensa del siglo XIX, hay una muy curiosa que cita al pueblo como lugar de destierro. En varios periódicos se puede leer la noticia, como es el caso de La Esperanza del 14 de agosto de 1845, que dice: “don Rafael Mendicuti, coronel y ayudante de Espartero es desterrado al Arahal”. Una noticia habitual de la época, que ejerecía este tipo de castigo en personajes relevantes y peligrosos, que las autoridades querían tener alejados de una zona determinada, en el caso de Mendicuti de la costa gaditana. Lo que resulta curioso es la elección de Arahal como lugar de destierro político, pues a pesar de la dificultad de las comunicaciones de la época, no era el pueblo un lugar alejado ni de difícil acceso.

El fenómeno del exilio ha existido en muchos períodos de la historia de España, utilizado como castigo y como elemento disuasorio en el enfrentamiento político. En el siglo XIX se usó la palabra “destierro” como “pena consistente en expulsar a una persona de lugar o territorio determinado, para que temporal o perpetuamente resida fuera de él”. El romanticismo, época característica en que se da este fenómeno, adoptó la palabra “expatriación”, con un significado de alejamiento doloroso de la patria no sentido hasta entonces y que continuaría hasta la Segunda República. Recuerdese el destierro de Unamuno a Fuerteventura durante la Dictadura de Primo de Rivera y luego, la enorme expatración forzada por la Guerra Civil.

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La presencia de este desterrado en Arahal ocurre a mediados del siglo XIX, cuando habían pasado ya cinco años de la 1ª Guerra Carlista (imagen de arriba). Rafael Mendicuti era un joven coronel, que había comenzado su carrera con Esparteo, para terminar siendo ayudante de campo del general y uno de sus fieles. En ese momento, Espartero era principal protagonista y triunfador isabelino en la lucha civil contra los carlistas (1). Mendicuti lo acompañó, primero, en sus empresas bélicas, y luego en el destierro, cuando fracasó su periodo como regente. El joven coronel aparece en el séquito de Espartero en su exilio en Londres en 1843, pero regresa al año siguiente a España, para reunirse con su familia en Sanlúcar y allí es detenido y encarcelado en Madrid sospechoso de ser un “ayacucho” (2), es decir, un liberal conspirador en favor de Espartero.

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En esta noticia del periódico La Esperanza de 28 octubre de 1944, se informa de la detención y encarcelamiento de Rafael Mendicuti. En el mismo párrafo coincide con otra figura histórica  importante, el general Prim.  Mendicuti, como Prim, es encarcelado en Madrid, donde después de diez meses es enviado al destierro en Arahal. Mendicuti cumpliría éste obedientemente, como leemos en la prensa, aunque duró pocos días, trasladado luego a Las Cabezas por no sabemos qué razones. Mendicuti estuvo desterrado ocho días en Arahal durante el mes de septiembre de 1845.

Por esa época (1843), el alcalde de Arahal, don José Alcázar, participó en una reunión patriótica en Sevilla. Allí fue detenido junto a un numeroso grupo de conspiradores ayacuchos, es decir, liberales y esparteristas en el Café del Turco de la capital (3), lugar de reunión de esa tendencia política. La nota dice que todos los detenidos fueron puestos en libertad por el juez, ante el escándalo del partido moderado. Se puede leer en El Heraldo de 3 de octubre de 1843 . Desconozco si este alcalde liberal coincidió en su mandato con el también liberal exiliado Mendicuti.

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La prensa liberal, como en este ejemplar de El Clamor de 7 de septiembre de 1845, protesta contra el incómodo destierro de Mendicuti, “confinado á la Arahal, pueblecillo de Andalucia” (sic), donde sólo había estado ocho días, para ser trasladado enseguida al pueblo de Las Cabezas. La noticia alaba al joven militar que había prestado “distinguidos servicios a la causa de la Reina y de las instituciones”. Se refiere con estos servicios a la 1ª Guerra Carlista en que acompañó al general Espartero en su lucha con el pretendiente que quería quitarle el trono a la reina Isabel II.

En otro periódico, El Espectador de 29 de agosto del mismo año, se vuelve a describir la injusticia contra el señor Mendicuti, mostrando claramente las razones políticas que lo llevaron al destierro, el miedo a una invasión de ayacuchos que trajeran de Londres a Espartero: “El jefe político de Cádiz está hecho un energúmeno porque le han hecho creer que Cadiz va á volar por arte “mágico”, que está lleno de fusiles: desalentados andan por todas partes buscando lo que no existe; no ven mas que fantasmas y no veran en afecto pocos si juzgan por su conciencia. Todo son amenazas de fusilar, de deportar, en fin de hacer trizas a los progresistas. Si se tratase de carlistas se obraría con calma y parsimonia; pero siendo de progresistas todo se hace con frenesí. Por una orden del propio gefe político de aquellas que se llaman a raja-tabla se ha confinado al pueblo del Arahal al pundonoroso y valiente señor Mendicuti, ayudante de campo que fue del duque de la Victoria. El señor Mendicuti es un coronel y no obstante ha dispuesto de él el señor jefe político señor Lasala, uno de los que figuraron en el convenio de Vergara (4) por parte del campo carlista. El señor Mendicuti se hallaba al lado de su familia en Sanlúcar de Barrameda, y ni su vida sedentaria en el hogar domestico le ha podido liberar de la saña de los actuales gobernantes…”

En mayo de 1846 aparece una nota en un periódico progresista, El Clamor Público, comentando la libertad del coronel y la injusticia cometida con él por los moderados: “Vuelto al seno de su familia cuando la Regencia del ilustre Duque (5) había concluido de hecho y de derecho, el general Nárvaez, esa calamidad viviente, en la gratitud vió un crimen, en la lealtad un delito… En vez de haber acogido como cumplía al que obediente venía a ofrecer su espada a su Reina doña Isabel II, redujo a prisión a don R. Mendicuti sin causa ni pretexto alguno… ¿Conspiraba? No. ¿Inspiraba recelo su conducta? Tampoco. ¿Había siquiera sintomas de agitación? Menos. ¿Saben Vds. por qué se le puso en detención? “Por ciertos antecedentes”. ¿Saben Vds. por qué se le puso en libertad? Porque esos antecedentes se habían desvanecido… lo que refleja el pensamiento, la idea, el sistema que preside la conducta de los que se llaman moderados…”

El exiliado de Arahal termina rehaciendo su carrera política en la corte. En 1852 vemos a Mendicuti ascendido a brigadier. Y  en 1854 diputado en las Cortes por Cádiz.

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Notas

(1) Baldomero Espartero (Conde de Luchana, duque de la Victoria y príncipe de Vergara) Militar y político español (Granátula, Ciudad Real, 1793 – Logroño, 1879). Hijo de un carretero de La Mancha, adoptó el segundo apellido de su padre (pues su nombre completo era Baldomero Fernández Álvarez Espartero). Al estallar la Guerra de la Independencia (1808-14) abandonó la carrera eclesiástica y tomó las armas. Desde 1810 permaneció en el Cádiz sitiado por los franceses, donde se estaban desarrollando las Cortes constituyentes; allí realizó sus primeros estudios militares.

Entre 1815 y 1824 estuvo destinado en América, donde combatió contra los independentistas hasta que España perdió sus colonias en el continente; aunque no participó en la decisiva batalla de Ayacucho, en el futuro sus partidarios serían conocidos popularmente como los ayacuchos en recuerdo del pasado americano de Espartero y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales de aquella campaña.

Al morir Fernando VII, se decantó por el apoyo a la causa de Isabel II y de la regente María Cristina, en virtud de sus convicciones constitucionales. Luchó contra la reacción absolutista en la Primera Guerra Carlista (1833-40), en la que desempeñó un papel destacado: sus éxitos militares le llevaron de ascenso en ascenso hasta obtener el mando del ejército del Norte a raíz del motín de los sargentos de La Granja (1835). Rompió el cerco carlista de Bilbao venciendo en la batalla de Luchana (1836); organizó la defensa de Madrid frente a la expedición de don Carlos (1837); y aprovechó las disensiones en el bando carlista para atraerse al general Maroto y negociar con él la paz que sellaron ambos con el «abrazo de Vergara» (1839). Luego se dirigió al Maestrazgo, donde venció a Cabrera en 1840, poniendo fin a la guerra.

Desde entonces puso su prestigio al servicio de sus ideales políticos progresistas. Se enfrentó al conservadurismo de María Cristina haciendo que ésta le nombrara presidente del Consejo de Ministros en 1840-41; pero, ante la resistencia de la regente al programa liberal avanzado que defendía, exigió a ésta que abdicara e hizo que las Cortes le nombraran regente a él mismo (1841-43).

Completaba así la ascensión social que, desde un origen modestísimo, le había llevado a ser conde, duque, grande de España y, finalmente, regente. El «espadón» progresista se enemistó con muchos de sus partidarios, a causa de su modo de gobernar autoritario, personalista y militarista; en 1843 se vio obligado a disolver unas Cortes que se le habían vuelto hostiles.

Un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas (encabezados por Narváez y Serrano) le arrebató el poder en aquel mismo año; pronto se declararía mayor de edad a Isabel II y comenzaría una década de predominio conservador. Espartero se exilió en Inglaterra, de donde regresó en 1849 para vivir retirado en Logroño.

Ante el deterioro político del final de la década moderada (1844-54), las tendencias autoritarias de la reina y la hegemonía política de la minoría ultraconservadora, se produjo una nueva revolución en 1854, que llevó a Espartero a la presidencia del Gobierno; durante el siguiente «bienio progresista» (1854-56) avaló el reformismo de los liberales avanzados, pero no pudo evitar que se reprodujeran las mismas disensiones acerca de su liderazgo.

De nuevo fue expulsado del poder por un pronunciamiento encabezado por su antiguo aliado, el general O’Donnell, tras el cual vino un nuevo periodo de ostracismo político de los progresistas, que Espartero contempló pasivamente desde su retiro de Logroño. Allí recibió, tras la revolución que destronó a Isabel II en 1868, la oferta de Prim de hacerle elegir por las Cortes rey constitucional de España, oferta que rechazó. Tras la coronación de Amadeo de Saboya éste completó el encumbramiento honorífico de Espartero nombrándole príncipe de Vergara con tratamiento de alteza real.

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(2) “los ayacuchos”: aunque Espartero no participó en la batalla americana de Ayacucho, sí que lo hizo en muchos otros enfrentamientos y, de hecho, él y muchos de los oficiales que lo acompañaban serían conocidos en España como los ayacuchos, en recuerdo de su pasado americano y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales que participaron en aquella guerra.

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(3) El Café del Turco, o de La Cabeza del Turco, estaba en la calle Sierpes a mediados del siglo XIX y se llamaba así porque tenía pintada a la entrada la cabeza de un turco. Fue centro de reunión de liberales y amigos de Riego, cuyo retrato sacaban en procesión por las calles. También fue lugar de inspiración para el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla. Opuesto al Café del Turco en ideología fue el Cafe del Rezo, lugar de reunión de los carlistas.

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(4) El “Abrazo de Vergara”, fue un convenio firmado en Oñate en 1839 entre el general isabelino Espartero y el general carlista Maroto que dio fin a la Primera Guerra Carlista en el norte de España. El convenio quedó confirmado con el abrazo que se dieron Espartero y Maroto. Espartero representaba al bando isabelino o liberal, partidario de Isabel II, y Maroto al bando carlista, partidario del pretendiente don Carlos, hermano del padre de Isabel, Fernando VII.

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(5) Duque de la Victoria, uno de los títulos que tuvo B. Espartero.

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