Desterrado al Arahal

junio 3, 2011

Entre las noticias sobre Arahal aparecidas en la prensa del siglo XIX, hay una muy curiosa que cita al pueblo como lugar de destierro. En varios periódicos se puede leer la noticia, como es el caso de La Esperanza del 14 de agosto de 1845, que dice: “don Rafael Mendicuti, coronel y ayudante de Espartero es desterrado al Arahal”. Una noticia habitual de la época, que ejerecía este tipo de castigo en personajes relevantes y peligrosos, que las autoridades querían tener alejados de una zona determinada, en el caso de Mendicuti de la costa gaditana. Lo que resulta curioso es la elección de Arahal como lugar de destierro político, pues a pesar de la dificultad de las comunicaciones de la época, no era el pueblo un lugar alejado ni de difícil acceso.

El fenómeno del exilio ha existido en muchos períodos de la historia de España, utilizado como castigo y como elemento disuasorio en el enfrentamiento político. En el siglo XIX se usó la palabra “destierro” como “pena consistente en expulsar a una persona de lugar o territorio determinado, para que temporal o perpetuamente resida fuera de él”. El romanticismo, época característica en que se da este fenómeno, adoptó la palabra “expatriación”, con un significado de alejamiento doloroso de la patria no sentido hasta entonces y que continuaría hasta la Segunda República. Recuerdese el destierro de Unamuno a Fuerteventura durante la Dictadura de Primo de Rivera y luego, la enorme expatración forzada por la Guerra Civil.

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La presencia de este desterrado en Arahal ocurre a mediados del siglo XIX, cuando habían pasado ya cinco años de la 1ª Guerra Carlista (imagen de arriba). Rafael Mendicuti era un joven coronel, que había comenzado su carrera con Esparteo, para terminar siendo ayudante de campo del general y uno de sus fieles. En ese momento, Espartero era principal protagonista y triunfador isabelino en la lucha civil contra los carlistas (1). Mendicuti lo acompañó, primero, en sus empresas bélicas, y luego en el destierro, cuando fracasó su periodo como regente. El joven coronel aparece en el séquito de Espartero en su exilio en Londres en 1843, pero regresa al año siguiente a España, para reunirse con su familia en Sanlúcar y allí es detenido y encarcelado en Madrid sospechoso de ser un “ayacucho” (2), es decir, un liberal conspirador en favor de Espartero.

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En esta noticia del periódico La Esperanza de 28 octubre de 1944, se informa de la detención y encarcelamiento de Rafael Mendicuti. En el mismo párrafo coincide con otra figura histórica  importante, el general Prim.  Mendicuti, como Prim, es encarcelado en Madrid, donde después de diez meses es enviado al destierro en Arahal. Mendicuti cumpliría éste obedientemente, como leemos en la prensa, aunque duró pocos días, trasladado luego a Las Cabezas por no sabemos qué razones. Mendicuti estuvo desterrado ocho días en Arahal durante el mes de septiembre de 1845.

Por esa época (1843), el alcalde de Arahal, don José Alcázar, participó en una reunión patriótica en Sevilla. Allí fue detenido junto a un numeroso grupo de conspiradores ayacuchos, es decir, liberales y esparteristas en el Café del Turco de la capital (3), lugar de reunión de esa tendencia política. La nota dice que todos los detenidos fueron puestos en libertad por el juez, ante el escándalo del partido moderado. Se puede leer en El Heraldo de 3 de octubre de 1843 . Desconozco si este alcalde liberal coincidió en su mandato con el también liberal exiliado Mendicuti.

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La prensa liberal, como en este ejemplar de El Clamor de 7 de septiembre de 1845, protesta contra el incómodo destierro de Mendicuti, “confinado á la Arahal, pueblecillo de Andalucia” (sic), donde sólo había estado ocho días, para ser trasladado enseguida al pueblo de Las Cabezas. La noticia alaba al joven militar que había prestado “distinguidos servicios a la causa de la Reina y de las instituciones”. Se refiere con estos servicios a la 1ª Guerra Carlista en que acompañó al general Espartero en su lucha con el pretendiente que quería quitarle el trono a la reina Isabel II.

En otro periódico, El Espectador de 29 de agosto del mismo año, se vuelve a describir la injusticia contra el señor Mendicuti, mostrando claramente las razones políticas que lo llevaron al destierro, el miedo a una invasión de ayacuchos que trajeran de Londres a Espartero: “El jefe político de Cádiz está hecho un energúmeno porque le han hecho creer que Cadiz va á volar por arte “mágico”, que está lleno de fusiles: desalentados andan por todas partes buscando lo que no existe; no ven mas que fantasmas y no veran en afecto pocos si juzgan por su conciencia. Todo son amenazas de fusilar, de deportar, en fin de hacer trizas a los progresistas. Si se tratase de carlistas se obraría con calma y parsimonia; pero siendo de progresistas todo se hace con frenesí. Por una orden del propio gefe político de aquellas que se llaman a raja-tabla se ha confinado al pueblo del Arahal al pundonoroso y valiente señor Mendicuti, ayudante de campo que fue del duque de la Victoria. El señor Mendicuti es un coronel y no obstante ha dispuesto de él el señor jefe político señor Lasala, uno de los que figuraron en el convenio de Vergara (4) por parte del campo carlista. El señor Mendicuti se hallaba al lado de su familia en Sanlúcar de Barrameda, y ni su vida sedentaria en el hogar domestico le ha podido liberar de la saña de los actuales gobernantes…”

En mayo de 1846 aparece una nota en un periódico progresista, El Clamor Público, comentando la libertad del coronel y la injusticia cometida con él por los moderados: “Vuelto al seno de su familia cuando la Regencia del ilustre Duque (5) había concluido de hecho y de derecho, el general Nárvaez, esa calamidad viviente, en la gratitud vió un crimen, en la lealtad un delito… En vez de haber acogido como cumplía al que obediente venía a ofrecer su espada a su Reina doña Isabel II, redujo a prisión a don R. Mendicuti sin causa ni pretexto alguno… ¿Conspiraba? No. ¿Inspiraba recelo su conducta? Tampoco. ¿Había siquiera sintomas de agitación? Menos. ¿Saben Vds. por qué se le puso en detención? “Por ciertos antecedentes”. ¿Saben Vds. por qué se le puso en libertad? Porque esos antecedentes se habían desvanecido… lo que refleja el pensamiento, la idea, el sistema que preside la conducta de los que se llaman moderados…”

El exiliado de Arahal termina rehaciendo su carrera política en la corte. En 1852 vemos a Mendicuti ascendido a brigadier. Y  en 1854 diputado en las Cortes por Cádiz.

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Notas

(1) Baldomero Espartero (Conde de Luchana, duque de la Victoria y príncipe de Vergara) Militar y político español (Granátula, Ciudad Real, 1793 – Logroño, 1879). Hijo de un carretero de La Mancha, adoptó el segundo apellido de su padre (pues su nombre completo era Baldomero Fernández Álvarez Espartero). Al estallar la Guerra de la Independencia (1808-14) abandonó la carrera eclesiástica y tomó las armas. Desde 1810 permaneció en el Cádiz sitiado por los franceses, donde se estaban desarrollando las Cortes constituyentes; allí realizó sus primeros estudios militares.

Entre 1815 y 1824 estuvo destinado en América, donde combatió contra los independentistas hasta que España perdió sus colonias en el continente; aunque no participó en la decisiva batalla de Ayacucho, en el futuro sus partidarios serían conocidos popularmente como los ayacuchos en recuerdo del pasado americano de Espartero y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales de aquella campaña.

Al morir Fernando VII, se decantó por el apoyo a la causa de Isabel II y de la regente María Cristina, en virtud de sus convicciones constitucionales. Luchó contra la reacción absolutista en la Primera Guerra Carlista (1833-40), en la que desempeñó un papel destacado: sus éxitos militares le llevaron de ascenso en ascenso hasta obtener el mando del ejército del Norte a raíz del motín de los sargentos de La Granja (1835). Rompió el cerco carlista de Bilbao venciendo en la batalla de Luchana (1836); organizó la defensa de Madrid frente a la expedición de don Carlos (1837); y aprovechó las disensiones en el bando carlista para atraerse al general Maroto y negociar con él la paz que sellaron ambos con el «abrazo de Vergara» (1839). Luego se dirigió al Maestrazgo, donde venció a Cabrera en 1840, poniendo fin a la guerra.

Desde entonces puso su prestigio al servicio de sus ideales políticos progresistas. Se enfrentó al conservadurismo de María Cristina haciendo que ésta le nombrara presidente del Consejo de Ministros en 1840-41; pero, ante la resistencia de la regente al programa liberal avanzado que defendía, exigió a ésta que abdicara e hizo que las Cortes le nombraran regente a él mismo (1841-43).

Completaba así la ascensión social que, desde un origen modestísimo, le había llevado a ser conde, duque, grande de España y, finalmente, regente. El «espadón» progresista se enemistó con muchos de sus partidarios, a causa de su modo de gobernar autoritario, personalista y militarista; en 1843 se vio obligado a disolver unas Cortes que se le habían vuelto hostiles.

Un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas (encabezados por Narváez y Serrano) le arrebató el poder en aquel mismo año; pronto se declararía mayor de edad a Isabel II y comenzaría una década de predominio conservador. Espartero se exilió en Inglaterra, de donde regresó en 1849 para vivir retirado en Logroño.

Ante el deterioro político del final de la década moderada (1844-54), las tendencias autoritarias de la reina y la hegemonía política de la minoría ultraconservadora, se produjo una nueva revolución en 1854, que llevó a Espartero a la presidencia del Gobierno; durante el siguiente «bienio progresista» (1854-56) avaló el reformismo de los liberales avanzados, pero no pudo evitar que se reprodujeran las mismas disensiones acerca de su liderazgo.

De nuevo fue expulsado del poder por un pronunciamiento encabezado por su antiguo aliado, el general O’Donnell, tras el cual vino un nuevo periodo de ostracismo político de los progresistas, que Espartero contempló pasivamente desde su retiro de Logroño. Allí recibió, tras la revolución que destronó a Isabel II en 1868, la oferta de Prim de hacerle elegir por las Cortes rey constitucional de España, oferta que rechazó. Tras la coronación de Amadeo de Saboya éste completó el encumbramiento honorífico de Espartero nombrándole príncipe de Vergara con tratamiento de alteza real.

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(2) “los ayacuchos”: aunque Espartero no participó en la batalla americana de Ayacucho, sí que lo hizo en muchos otros enfrentamientos y, de hecho, él y muchos de los oficiales que lo acompañaban serían conocidos en España como los ayacuchos, en recuerdo de su pasado americano y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales que participaron en aquella guerra.

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(3) El Café del Turco, o de La Cabeza del Turco, estaba en la calle Sierpes a mediados del siglo XIX y se llamaba así porque tenía pintada a la entrada la cabeza de un turco. Fue centro de reunión de liberales y amigos de Riego, cuyo retrato sacaban en procesión por las calles. También fue lugar de inspiración para el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla. Opuesto al Café del Turco en ideología fue el Cafe del Rezo, lugar de reunión de los carlistas.

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(4) El “Abrazo de Vergara”, fue un convenio firmado en Oñate en 1839 entre el general isabelino Espartero y el general carlista Maroto que dio fin a la Primera Guerra Carlista en el norte de España. El convenio quedó confirmado con el abrazo que se dieron Espartero y Maroto. Espartero representaba al bando isabelino o liberal, partidario de Isabel II, y Maroto al bando carlista, partidario del pretendiente don Carlos, hermano del padre de Isabel, Fernando VII.

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(5) Duque de la Victoria, uno de los títulos que tuvo B. Espartero.

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2 comentarios to “Desterrado al Arahal”

  1. alfonso pereira Says:

    Buen artículo, para no variar….

    un abrazo

  2. carlos mario mendicuti trejo Says:

    Don Rafael Mendicuti fue mi pariente


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