Archive for agosto, 2011

Húsares en Arahal

agosto 19, 2011

Durante la Guerra de la Independencia, Arahal sufrió una serie de ocupaciones militares de los ejércitos contendientes. Hoy podemos leer algunas en las memorias de sus protagonistas. Fueron ocupaciones cortas, en que se suceden franceses y españoles durante la primavera y el verano de 1812. Ya en estas páginas incluí la del general Francisco L. Ballesteros que en agosto instaló su cuartel del Ejército de Andalucia en lucha con los franceses (ver Arahal y la Guerra de la independencia).

Una de las ocupaciones francesas de Arahal es descrita con detalle por el jefe de escuadrón de húsares Hippolyte d’Espinchal en sus “Souvenirs Militaires” (1). Este militar francés nos cuenta su estancia de un mes en el pueblo (desde el 6 de mayo al 13 de junio de 1812) y las salidas de su caballería ligera por la región. Describe sus buenas relaciones con el alcalde y el pueblo en general, tan satisfactorias que le hicieron un regalo de despedida. Este buen entendimiento era una amenaza para el pueblo por “colaboracionista”, pues las guerrillas y los combatientes nacionales podían tomar represalias. Pero los hechos se sucedieron con rapidez y tras la ocupación francesa vino la española de Ballesteros, a la que sucedería otra ocupación francesa, la última y definitiva. Parece que Arahal se fue adaptando a los cambios de regimientos y batallones, jugando con la diplomacia y la suerte.

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6 de mayo

Espinchal cuenta su llegada a Arahal el 6 de mayo de 1812, después de dormir en Utrera, ya ocupada por un regimiento de Dragones: “era un pueblecito bien poblado, que dominaba una extensa llanura con una cadena de montañas al fondo que conducían a Cádiz, a través de la sierra de Ronda: esta región estaba ocupada por un cuerpo de ejército español y varias bandas de guerrillas que realizaban incursiones en la campiña, lo que hacía que el puesto que yo iba a ocupar fuese importante…”

“Lo primero que hice fue reforzar nuestra posición, reparando fortificaciones y empalizadas… El interés que el alcalde mostró ofreciéndonos lo necesario para la tropa y la acogida de los habitantes del pueblo, entre los que se encontraban algunos ricos del lugar, me sorprendieron; temía alguna oculta emboscada y, antes de corresponder a la acogida, pensé estar vigilante. Sin embargo, enseguida me dí cuenta de la sinceridad de su actitud y, durante el mes que estuvimos en esta gran población, rodeados de numerosas bandas (guerrillas), aislados y en una posición bastante crítica, no tuvimos que exigir nada a sus habitantes, que tuvieron en cuenta la buena conducta y disciplina de la tropa, así como mi actitud firme y tajante respecto a un expolio que se les quiso hacer a los pocos días de nuestra llegada.

“En la mañana del 12, yo había enviado algunos destacamentos a recorrer la región, cuando al mediodía se presentó un jefe de batallón del 96º de línea con su tropa; al principio, se sorprendió al ver el pueblo ocupado por los franceses, pero luego manifestó al alcalde ser un enviado del general Conroux pidiendo una cierta cantidad de cebada, trigo, vino y bestias, ó 2.000 duros de plata, el equivalente de este suministro. Pero me negué, sirviéndome de la orden imperial de la que estaba investido, y con la amenaza de informar al mariscal de un hecho que no me parecía muy legal, puesto que no se presentaba ninguna orden por escrito; el jefe del batallón se retiró, asegurando que volvería pronto, no sólo para cumplir su misión, sino también para tener una entrevista particular conmigo: le dije que estaba a su disposición…”

“Al día siguiente, el general Bonnemain vino a pasar revista a mi cuartel y creí que debía informarle de lo ocurrido, sobre todo de las amenazas hechas a este pobre alcalde, que le habría dado el dinero si yo no me hubiese opuesto. El general aprobó mi conducta. Después de investigar el caso, resultó que el jefe del batallón tenía como misión recorrer la región pero no cobrar tributos extraordinarios, sobre todo en un pueblo ocupado por tropas francesas. Sus amenazas quedaron en nada.”

“Esta conducta, indigna de un oficial, era una de las causas del odio que nos tenían los españoles. Odiaban el abuso de la fuerza, que hería su carácter orgulloso y provocaba en ellos ese deseo de venganza que nunca dejaban escapar. Se resignaban al castigo más cruel, cuando estaba basado en la justicia, y no eran insensibles a los sentimientos generosos.

“Si Napoleón hubiese conocido mejor este país, es evidente que habría conquistado Europa…”

La narración del expolio en Arahal termina con esta reflexión de Espinchal sobre el desconocimiento napoleónico de España, tan usado en los textos de historia y que él tuvo que aplicar a sus memorias mucho tiempo después.

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20 de mayo

Desde su cuartel de Arahal, la caballería de Espinchal (2) realiza varias salidas y escaramuzas  despejando caminos y facilitando el paso de las tropas en la región. La primera que cuenta es la realizada en Baena:

“El 19 de mayo llegó la remonta que se me había anunciado. Tenía 300 caballos y hombres aguerridos en los que podía confiar plenamente. Ese mismo día, recibí la orden de dirigirme la noche siguiente al pueblo de Baena, a cinco leguas de distancia, con el fin de dispersar a unos rebeldes…”

“En la noche del 20, habiendo dejado Arahal con una guardia de 100 hombres, nos pusimos en marcha con 60 cazadores del 21º y 140 húsares del 2º, marchando en el más absoluto silencio y con la prohibición de fumar. Dos guías colocados en cabeza, a los que se les había dado la elección de una muerte segura si nos engañaban o unos duros si nos conducían a Baena, marchaban entre dos húsares que no les perdían de vista. A las 3 de la mañana, dejamos la llanura y comenzamos un camino montañoso, estrecho y encajonado, cuando oímos el sonido de una corneta… era la señal de que nos habían descubierto pues era una clara noche de luna. Habiendo asegurado los guías que estábamos a un cuarto de hora del pueblo (Baena), ordené precipitar la marcha con el fin de salir del desfiladero donde estábamos…”

En Baena, Espinchal lanza su caballería contra una tropa en masa compuesta por 400 ó 500 combatientes a pie. En la carga, las bajas de los franceses son un húsar y cuatro cazadores heridos, y por el lado español, 30 muertos y 85 prisioneros. Se capturan 200 fusiles de fabricación inglesa, que son destruidos y arrojados a los pozos del pueblo.

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30 de mayo

A la vuelta, se encuentra con el mariscal Soult, al que escolta hasta Alcalá. Luego, Espinchal vuelve a Arahal, donde reflexiona sobre el aislamiento del pueblo y el inconveniente de la comunicación con tropas o regimientos, explicando en sus memorias qué es el “systeme des exprés”: “un gran inconveniente en la guerra de España era no poder enviar ordenanzas a puestos alejados y aislados sin que corriesen el riesgo de ser eliminados y asesinados; para remediar esto había sido necesario adoptar un sistema expreso, con el que se aseguraba la fidelidad del mensajero por las retribuciones que recibía, reteniendo como rehenes a sus mujeres e hijos, incluso a sus casas; estos hombres, vestidos de campesinos, llevaban los mensajes en bastones huecos. La codicia y la seguridad de una terrible venganza eran un motivo de éxito seguro…” Los húsares eran los ojos y los oídos del ejército napoleónico. Espinchal se preocupa mucho del secreto en ordenes y mensajes, y de los espías que pueden desbaratar las cargas de su caballería. Pero, con cierta ingenuidad parece sentirse en un terreno amigo y no en un territorio ocupado que se resiste.

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1 de junio

El 1 de junio tiene que ir a socorrer al general Conroux que había sufrido un ataque por sorpresa en Bornos. Era la labor de la caballería ligera, abarcando mucho territorio. Leyendo las memorias, vemos su gran extensión, que tenía que cubrir desde Arahal, sin otros medios que los caballos: “un mensaje me ordenaba partir a toda prisa con 200 jinetes en dirección a Morón y Montellano. Una hora después estábamos en marcha, con un calor excesivo, a través de una región arenosa, privada de árboles, arroyos y habitantes.

“Llegados a Morón, hubo que darles una hora de descanso a los caballos, que estaban extenuados. Nos dirigimos a Montellano, donde un nuevo “exprés” me daba la orden de dirigirme al Coronil y cazar al enemigo… Un tercer mensaje, que me llegó a a las 6 de la mañana, me informaba que el general español Ballesteros, rechazado en un primer ataque, amenazaba volver con fuerzas superiores…”

En Bornos, Espinchal tiene que unirse al general Bonnemain para enfrentarse al general Ballesteros que, con un ejército de 9.000 hombres, había cruzado el Guadalete. En su diario dedica dos páginas a describir la batalla con los españoles y sus resultados: del lado francés, 160 muertos y más de 400 heridos; del lado español: 500 muertos, 1.500 heridos y 1.000 prisioneros. Ésta es la que se conoce en la Guerra de la Independencia como “Acción de Bornos o del Guadalete”. Ballesteros, tratando de romper los trabajos de fortificación que el mariscal Soult realizaba en Bornos, acudió desde Gibraltar acometiendo valerosamente a los franceses. Pero la caballería francesa los rechazó, por lo que tuvieron que cruzar de nuevo el Guadalete. El ejército de Ballesteros, durante este tiempo, tendría en jaque a las fuerzas francesas en Andalucia.

Espinchal describe filosóficamente el campo de batalla de Bornos, antes de volver a Arahal: “fui con varios oficiales a visitar el campo de batalla… el silencio y la calma habían sucedido al ajetreo del combate y los gritos de victoria. Esta horrible soledad era turbada por enormes buitres que se lanzaban sobre el campo de muerte. Vistos desde lejos parecían tan grandes como las personas. Estos pájaros sólo abandonaban su comida humana cuando nos encontrábamos a pocos pasos. Entonces batían fúnebremente sus alas enormes, que sonaban sobre nuestras cabezas con un siniestro presagio…”

Vuelve a Arahal con la orden de explorar la región, pues se había visto una guerrilla a caballo cerca de El Viso. Allí va y lanza su caballería sobre un grupo de 400 personas a pie y 20 a caballo, dispersándolas.

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12 de Junio

Espinchal vuelve a Arahal después de la escaramuza de El Viso. Al llegar, recibe la orden de una retirada inmediata del pueblo. Arahal lo despide con el regalo de un caballo andaluz, muy apropiado para un húsar, quizás para presionarle para que retardara la salida. En Arahal temían que, cuando se fuera, serían atacados por la guerrilla:

“Cuando llegamos a Arahal, extenuados de fatiga, encontré un exprés del general Gazan, diciéndome que volviera a Sevilla al día siguiente con toda mi gente, acompañado de cuatro carros de cebada; sería reemplazado por un batallón del 4º de línea. Cuando se lo comuniqué al alcalde, ya conocía estas disposiciones por haber recibido un aviso de la Junta de Sevilla y me aseguró que me daría la cebada. Me ofreció, en nombre de los habitantes del pueblo, un magnífico caballo andaluz en testimonio del buen comportamiento que siempre había tenido con ellos. Y me rogó, como último favor, no dejar el pueblo hasta que llegara el batallón de reemplazo, ante el temor de que fuera invadido por la banda de El Pastor, que vagaba por los alrededores y había amenazado varias veces castigar al pueblo por sus simpatías con los franceses. Yo creía poder cumplir este deseo esperando que el batallón 45º llegaría antes de mi marcha, fijada para el 13 de junio. Pero como la tropa no llegaba, los habitantes estaban muy nerviosos, sabiendo que en Baena se encontraba una agrupación de 1200 personas a pie y 80 caballos. Yo debía partir a las 6 de la mañana: la orden era encontrarme a las puertas de Sevilla a las 3 de la tarde y me quedaban siete leguas de camino; no obstante, con la esperanza de ver llegar de un momento a otro al batallón de reemplazo, consentí esperar hasta las 11. 

Pero, por fin, a las 9, un exprés del coronel Varé me anunciaba que el batallón de su regimiento venía por el camino de Santa María con un destacamento de 100 dragones y una pieza de cañón, con la intención de rechazar al enemigo en Arahal, pidiéndome situarme delante del pueblo con el fin de recibirlo convenientemente. Apenas habíamos marchado un cuarto de hora y habernos resguardado en un pequeño olivar, cuando vimos avanzar en dirección nuestra una turba de hombres armados, marchando sin orden, precedidos por una veintena de hombres a caballo. Entonces les ataqué con 25 tiradores, apoyados por 30 húsares. Los españoles, que no lo esperaban, pues creían que habíamos partido, se detuvieron. Pero aún fue peor, cuando vieron aparecer en la campiña una tropa marchando contra ellos a paso ligero (el batallón de reemplazo). Entonces, se produjo un pánico general; la derrota fue completa y los campos se cubrieron de fugitivos, a los que se sableó sin piedad y sin hacer prisioneros. Una hora después de este incidente, nos dirigimos a Sevilla a donde llegamos a las 9 de la noche…”

Con esta llegada de Espinchal a Sevilla, acampando con su tropa en la puerta de Alcalá, termina el relato de la ocupación de Arahal. El regimiento de Espinchal se marchará de allí para formar parte de una división enviada a luchar a Extremadura.

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Por otra parte, en Arahal, a partir de Agosto, sería el general Francisco L. Ballesteros el que se haría dueño de la región dejada por Espinchal. Esto es lo que escribe el mismo Ballesteros al respecto: “Continué sin embargo mi plan, trasladé mi cuartel general el 6 a la Villa de Arahal y extendiendo parte de mi caballería por mi izquierda y frente, logré señorearme de la parte izquierda del Guadalquivir y hacerme dueño de casi todo el reino de Sevilla y de no pequeña parte del de Córdoba, cortando al mismo tiempo la comunicación de todos los caminos militares…” Aunque también sería una estancia breve, pues ese mismo mes de agosto los franceses volverían a ocupar el pueblo, para dejarlo definitivamente el 29 del mismo mes.

Noticia de la Gazeta de Sevilla del 2 de septiembre de 1812, informando de la marcha de los franceses de Sevilla y su provincia: “Libre apenas Sevilla de la opresión de las tropas francesas, que por espacio de dos años y medio había sufrido con toda clase de vejaciones…” En la misma Gazeta se da cuenta del abandono de Arahal: “se ha sabido de positivo que la división de gran guardia salió el día 29 del pasado del Arahal para Marchena, donde se hallaba el mariscal, y que a las 3 de la tarde de dicho día salieron las tropas para Osuna…”

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Bibliografía

Hippolyte d’Espinchal: Souvenirs militaires, 1792-1814. T. 2 . Edición original, en francés: Ollendorf, Paris, 1901. Existe edición actual: Le Livre Chez Vous.  (arriba, las dos ediciones)

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Notas
1.- Hippolyte d’Espinchal (1777-1864): “Souvenirs Militaires. 1792-1814”, editado en Paris por Masson et Boyer en 1901. Existen ediciones actuales, aunque no está traducido al español. Hoy sigue siendo un libro clásico sobre las guerras napoleónicas, donde se puede encontrar la invasión de Andalucia y la guerra de guerrillas. Espinchal lo escribe en forma de diario de campaña dirigido a su padre:  “Arrivée depuis trois jours à Séville, mon père, je ne perds pas un instant à vous écrire…” Arahal aparece al inicio del capítulo XV. Espinchal, con 36 años, pertenecía al cuerpo de ejército del mariscal Soult. Las dos misiones fundamentales de este ejército eran, una la ofensiva en Extremadura teniendo en jaque al ejército anglo-portugués, y otra en Andalucia desbaratando las guerrillas que hostigaban a los franceses y que Espinchal nombraba con respeto: “…nombreuses guérrillas qui occupent les montagnes et auxquelles on oppose des corps de partisans dont le courage et l´activité paralysent l´audaces et la ferocité de ces bandees de brigands.” El autor nos describe el espíritu y la vida cotidiana del ejército napoleónico, la organización de los regimientos y la forma en que se comportaban los soldados franceses, orgullosos de su uniforme. La guerra en España y su desesperada forma de lucha tienen parte importante en estas memorias.
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2.- En el ejército de Napoleón había cuatro tipos de caballería: Coraceros, Dragones, Húsares y Lanceros. Los coraceros y dragones eran una caballería pesada, los lanceros una caballería media. Los húsares formaban la caballería ligera. Además estaban los Cazadores, una caballería ligera que disponía de fusiles. Húsares y cazadores formaban la caballería que Espinchal tenía en Arahal. Vemos como en Bornos utilizó 60 cazadores y 140 húsares. Y en la última acción, cuando sale de Arahal, utilizó 25 cazadores o tiradores, apoyados por 30 húsares. Leemos en el relato que, después del choque de los cazadores, los húsares “sablearon sin piedad, sin hacer prisioneros”.
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La palabra húsar viene del húngaro “huszár”, que significa soldado de caballería vestido a la húngara. Los húsares fueron utilizados por los ejércitos occidentales en tareas de exploración, reconocimiento, realizando pequeñas incursiones o emboscadas. Resultaron insustituibles en tales cometidos, en especial por su capacidad de actuar autónomamente en pequeños grupos. Los húsares aportaban una gran capacidad de maniobra, rapidez y violencia en los ataques, lo que sorprendía al enemigo. El armamento era el típico de la caballería ligera: el sable de hoja curva. Las armas de fuego reglamentarias eran la tercerola de caballería con llave de chispa y dos pistolas
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Un encuentro de ilustrados

agosto 4, 2011

Son abundantes las citas relacionadas con Arahal que aparecen en acontecimientos históricos de los siglos pasados. Citas que se analizan con el interés lógico, pero cuyo problema es la brevedad, el poco contenido que obliga a sacar deducciones muchas veces aventuradas. Sin embargo, es la forma de historiar el pasado del pueblo, utilizándolas de la mejor manera posible e intentando crear un mosaico que dibuje una composición histórica de una época determinada.

.Así ocurre con el Arahal del siglo XVIII. En el libro que encuentro ahora, un viajero ilustrado nos proporciona una nueva pieza del mosaico, que como siempre se nos antoja dolorosamente corta. El viajero se llama Anastasio Franco y Bebrinzáez, pero este es su seudónimo, el verdadero nombre es Fray Sebastián Sánchez Sobrino. Es un fraile procedente del convento de San Antón de Granada que viaja hacia Lisboa y que decide sacar provecho a su viaje describiendo todo lo que a su paso merezca la pena, algo que anuncia al siglo de viajeros románticos. Él mismo se define en la portada de su libro como “un apasionado à las antigüedades, amigo de las artes y de las buenas letras” y fue célebre por su erudición en las lenguas griega y latina. (1)

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Como vemos en la portada del libro, llama a su viaje “topográfico”, es decir, realizado con la intención de describir los lugares por donde pasa. Este es su título resumido: “Viage topográfico desde Granada a Lisboa, por Anasthasio Franco y Bebrinsáez, en carta escrita al … Sr. D. Fernando Josef de Velasco … fecha en Granada á 15 de Enero 1774, dándole noticia de lo mas notable que advirtió en los pueblos de su tránsito á ida, y vuelta ; con una especie de disertación al fin sobre el sitio primitivo de Antequera; dalo a luz un apasionado á las antiguedades …” El libro fue editado en Granada, en la Imprenta Real, en 1793. Aunque Tomás Muñoz y Romero en su “Diccionario Bibliográfico-Histórico” dice que el Viage se debió de imprimir en 1792, porque se cita en él el tomo XVI del Viaje de Ponz. Dice del autor “este religioso era un anticuario muy distinguido”.  Y de la obra: “Es un libro lleno de erudición y sumamente curioso; la parte que ocupó más la atención de un hombre tan erudito como el autor, fueron las antigüedades y geografía antigua…”

Arahal fue una de las paradas en el itinerario de Sánchez Sobrino, seguramente una parada prevista, obligado por el interés en visitar y charlar con uno de los habitantes del pueblo.

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En dos páginas del Viage aparece la referencia  a su breve estancia  en Arahal. El viajero llega desde la Puebla, que está a 4 leguas de Arahal. Se encuentra con un pueblo rodeado de buena campiña y dice que es “grande, rico y bien poblado”. Fama que nunca faltó a Arahal en las descripciones de los viajeros del XIX y del XX. Sánchez Sobrino cita como antigüedad a destacar “la piedra encontrada cerca del Arahal o allí mismo”, refiriéndose a la lápida funeraria de Quinto Bruto Basilipense descubierta en la Torre del Cincho y que recoge del tomo XVI de Ponz.

Más interesante, aunque breve, es su encuentro con el ilustrado de Arahal: “Aquí traté como dos horas con el Antiquario D. Patricio Gutiérrez Bravo, hombre erudito, de una regular instrucción en la Historia antigua; pero se me antojó no tener la más exacta crítica, y que era nímio partidario de Rodrigo Caro. Posee buena colección de medallas, una copiosa librería, y no pocos manuscritos, que no pude registrar por la brevedad del tiempo…” Esta era una ocasión para conocer mejor al cura de Arahal,  que queda resumida en tres líneas. Famoso y conocido por los estudiosos de la 2ª mitad del siglo XVIII, era visitado por los amantes de antigüedades y hallazgos arqueológicos de la época. Pocos años antes, en 1768, fue visitado por el Padre Enrique Flórez, el famoso autor de la “España Sagrada”, con el mismo interés de conocimiento que Sánchez Sobrino y atraído por su colección, famosa después de haber sido editado su libro “Noticia geographico-histórica de una inscripción romana…”  en 1765. Poseía un conjunto numismático de más de 2.000 monedas consulares, imperiales y municipales. Al que había que añadir la “copiosa librería” y documentos que cita el viajero granadino. Hoy podemos hacernos una idea de esta colección desaparecida a través de los propios dibujos que Patricio Gutiérrez Bravo realizó y que se reprodujeron en el libro citado (2).

Es interesante el reparo que pone Sánchez Sobrino al ilustrado de Arahal, diciendo que no tenía la más “exacta crítica y que era nímio partidario de Rodrigo Caro…” El granadino parece no estar muy de acuerdo con las ideas del ilustrado arahalense, al que achaca excesiva dependencia de las de Rodrigo Caro.  Ya conocemos al utrerano Rodrigo Caro (1573-1647), poeta e historiador, así como arqueólogo y amante de las antigüedades, que poseía también una gran colección arqueológica, acompañada de una buena biblioteca de clásicos. Muy conocido en la poesía barroca de la escuela sevillana por sus temas de las ruinas arqueológicas (“Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora /  campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa…”).

Lo que ha quedado de la colección del cura de Arahal es lo que él publicó en vida. En la imagen de arriba, grabado con reproducción de monedas antiguas de “Carmo”, “Acinipo”, etc., dibujado por él. Se puede ver en el ángulo izquierdo del grabado su firma, “Bravo delineavit” (Bravo lo dibujó), y a la derecha la del grabador: “Gordillo sculp.” (Gordillo lo grabó).

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Después de esta parada en Arahal, Fray Sebastián Sánchez Sobrino continuó su viaje hacia Sevilla, parando a dormir en Gandul y allí se hospedó en el palacio del Marqués del mismo nombre.

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Notas

1.- Fray Sebastián Sánchez Sobrino, personaje culto y viajero del siglo XVIII, había nacido en Antequera (Málaga) y pertenecía a la orden franciscana de Granada. Fue Doctor en Teología, Examinador Sinodar del Arzobispado de Málaga, Guadix y Granada. Además del “Viage” de 1793, publicó por la misma época un libro con sus “Sermones. Murió en Granada a comienzos del siglo XIX.

2.- Patricio Gutiérrez Bravo: Noticia geographico-historica, de una inscripcion romana, descubierta por septiembre de 1764 en el termino de la villa de El Arahal, y de otras piedras, y medallas geographicas inéditas / que dà a los amantes de la Antiguedad Patricio Gutierrez Bravo…” Impreso en 1765 .

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