Por el lado de oriente, la Vega …

noviembre 12, 2011


En 1887 escribía Manuel Sales y Ferré, catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla (1), en el prólogo de sus Estudios arqueológicos e históricos dedicados a las antigüedades de la provincia de Sevilla:

“Todo, en efecto, lo domina Carmona. Por el lado de Oriente, la Vega, dilatada planicie ligeramente ondulada, sin un árbol que interrumpa la monotonía de su superficie, parduzca y abrasadora como el Sahara, en verano; alfombra de verdura, al crecer los trigos en Marzo y Abril; engalanada de doradas mieses, en Mayo y Junio, y a trechos esmaltada de ricos y pintorescos pueblos, Arahal, Paradas, Luisiana y Fuentes, que ya descuellan sobre las lomas, ya medio se esconden en las hondonadas o débilmente se destacan allá en el lejano horizonte, donde el cielo se abraza y confunde con la tierra…”

Esta descripción sugerente y poética de la Vega, en que Arahal aparece en lontananza, la hace el historiador al inicio de sus Estudios, salidos de las excursiones universitarias realizadas con el fin de aprovechar la enseñanza que proporcionaba la necrópolis carmonense. Descubierta casualmente veinte años antes al abrir el camino del Quemadero, Sales aprovecha este hallazgo tan próximo a Sevilla, “…para explicar a mis alumnos, a la vista de los sepulcros y de los objetos en ellos encontrados, las prácticas de los funerales y las creencias acerca del alma y de la otra vida en la época romana”. En su libro podemos leer la descripción minuciosa del ritual de los funerales romanos, las llamadas exequias, que nos hacen imaginar escenas antiguas acompañando las tumbas de la necrópolis de Carmona.

Allí, el antiguo mundo romano se siente con intensidad. Desde el promontorio de los Alcores vemos como se extiende por todo el contorno que abarca la vista la Vega de Carmona, la extensa llanura limitada por el río Corbones al NE y el Guadaira al SO, sometida durante años a una intensa explotación agrícola, ya desaparecida la antigua vegetación del acebuche. Hoy más del 80% de sus tierras se dedica a cultivos de secano, sobre todo trigo y girasol.

Desde la posición estratégica de Carmona y su rica necrópolis, es inevitable prolongar la vista que nos lleva, a través de la Vega, hasta el monumento funerario que se mantiene enhiesto cerca de Arahal, derruido pero aún resistente en el tiempo. Este mausoleo es el único vestigio de otra necrópolis, la de Basilippo, anterior a la existencia misma de Arahal como pueblo. Los romanos eran libres de elegir el lugar de su sepultura y escogían los lugares más frecuentados, como las vías por donde pasaban los caminantes, que aprovechaban para invocar a los manes protectores que moraban alrededor de las tumbas. Arahal, cruce de caminos.

La Torre del Cincho (2) es una tumba que responde al tipo de incineración en bustum, una de los estudiadas por Sales y Ferré en su libro. El bustum era una fosa sobre la que se colocaba la pira funeraria en la que se incineraba al difunto. El bustum que recogía las cenizas, servía luego de base para la construcción de la torre, rememorando la vida del personaje incinerado. Sales y Ferré describe el momento en que se realizaba la incineración, después de la procesión fúnebre: “…se subía el cadáver a la hoguera, sobre el mismo lecho en que había sido llevado, y se colocaban alrededor de él los mismos objetos y ofrendas que vimos se depositaban en la fosa. Entonces el pariente más próximo cogía una antorcha y, volviendo la cara, pegaba fuego a la pira, a la que se echaban materias inflamables, como pez y resina, para facilitar la combustión; y cuando la llama empezaba a elevarse, perfumes y aromas para que no molestase al olfato el olor infecto de la carne quemada… Consumida la hoguera, se apagaban los carbones ardientes rociándolos con leche y vino. El pariente más próximo recogía con una especie de badila las cenizas y fragmentos de hueso, “los lavaba en vino viejo o leche, los secaba en toalla de lino” (Tíbulo) y los colocaba, con rosas y plantas aromáticas, en una urna de barro, cristal, mármol, bronce, plata u oro, la cual era llevada a la cámara funeraria y depositada en una hornacina… Inmediatamente se sacrificaba al difunto un cerdo o un carnero, y se le preparaba un banquete, que se servía en la misma tumba…”

Estimulados por la lectura de Sales y Ferré, es inevitable pensar en una escena similar en el mausoleo de la Torre del Cincho en un momento determinado del siglo II D. C. Quizás en las exequias del basilipense Quinto Bruto, en cuya lápida ahora podemos leer el deseo piadoso de sus enterradores: “séate la tierra ligera”.

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Notas

1.- Manuel Sales y Ferré (1843-1910).- Sociólogo, historiador y arqueólogo español, nacido en Ulldecona (Tarragona) el 22 de Agosto de 1843 y muerto en Vinaroz (Castellón de la Plana) el 10 de Diciembre de 1910. Estudió la segunda enseñanza en el Seminario Conciliar de Tortosa y en el Instituto de Castellón de la Plana, cursando después la facultad de filosofía y letras en las de Valencia, Barcelona y Madrid. En 1874 obtuvo por oposición la cátedra de geografía histórica en la Universidad de Sevilla y poco tiempo después publicó una de sus obras más importantes, Filosofía de la muerte (Sevilla 1877), para la que utilizó manuscritos que había dejado Sanz del Río, uno de sus profesores. En 1880 se le nombró profesor de historia universal de la misma Universidad, y por aquella época su personalidad se destacaba ya poderosamente entre los intelectuales españoles y aun se le conocía bastante en el extranjero. Otro de sus maestros, Fernando de Castro, le había encargado a su muerte que continuara su Compendio razonado de historia general y que corrigiera y aumentara otras de sus obras, como el Resumen de historia general y el de Historia de España, que publicó considerablemente ampliados. Finalmente, en 1899, fue trasladado a la Universidad Central, donde se encargó de la cátedra de sociología, que desempeñó hasta su muerte. Perteneció á la Academia de Ciencias Morales y Políticas y era también correspondiente de la de Bellas Artes de San Fernando. Desde joven reveló sus grandes aptitudes para las ciencias históricas y sus primeras obras evidenciaron ya su espíritu investigador y su sólida cultura, que le permitió, andando el tiempo, abordar con fortuna los más arduos problemas. Formado en la doctrina krausista, como muchos de los hombres de su tiempo, se inclinó después á las doctrinas positivistas y evolucionistas. Fundó en Madrid el Instituto de Sociología, y en Sevilla varias bibliotecas. Dedicado por completo al estudio, no intervino nunca en política y visitó casi toda España á fin de estudiar sus antiguos monumentos, gustando que le acompañasen en sus excursiones sus discípulos predilectos. La obra que consagró su fama fue el Tratado de Sociología (4 tomos, Sevilla y Madrid, 1889-1904), que mereció elogios de las autoridades en la materia. Entre sus demás obras mencionaremos: El hombre primitivo y las tradiciones orientales (Sevilla 1881); Prehistoria y origen de la civilización (Sevilla 1883); Compendio de historia universal. Edad prehistórica y período oriental (Sevilla y Madrid, 1883 y 1886); Historia universal (Madrid, 18844); Método de enseñanza (Sevilla 1887); Civilización europea. Consideraciones acerca de su presente, su pasado y su porvenir (Sevilla 1887); Del origen del lenguaje; Mitología popular; Estudios arqueológicos e históricos. La necrópolis de Carmona (Madrid 1887); El descubrimiento de América según las nuevas investigaciones (Sevilla 1893); La transformación del Japón. Función del socialismo en la transformación actual de las naciones (Madrid 1902); Nuevos fundamentos de la moral (Madrid 1907). Tradujo también obras de Hartmann, Spencer, Quatrefages, Vivien de Saint-Martin y Laufrey. Además pronunció numerosas conferencias y discursos y en el Ateneo de Madrid dio un curso sobre sociología. (Enciclopedia Espasa)

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2.- Sobre el tema de la Torre del Cincho ver la entrada en este blog de la  Torre de los Alaranes o del Cincho

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Otras entradas relacionadas con este tema:

Basilipensis

Jorge Bonsor y el camino de Arahal

Arahal en el Museo Arqueológico

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Imágenes: 1.- Vista de la Vega de Carmona: Fotografía de Gabriel. http://www.ojodigital.com/foro/paisajes/33742-la-vega-de-carmona.html. 2.- Torre del Cincho: reconstrucción ideal. según el estudio de José M. Rodríguez Hidalgo, y estado actual. 3.- Reconstrucción actual de una pira de incineración. 4.- Retrato de Manuel Sales y Ferré. 

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