El grito de libertad

marzo 30, 2015

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También Arahal pasó a la literatura a causa de su revolución de 1857 (1). Pérez Galdós, citó el hecho de pasada en uno de sus Episodios. Otros le dedicaron algunas de sus obras. Es el caso del olvidado Francisco Macarro Gallardo, que escribió Los mártires de Arahal, drama histórico en un acto y en verso, con estreno en Madrid en enero de 1870. A la que siguió una segunda parte, El grito de libertad, estrenada dos meses después, en marzo de 1870. Eran representaciones modestas para un público sin pretensiones. Se estrenaron en un edificio de espectáculos populares, el madrileño Teatro-café de la Infantil, que luego sería Teatro Romea (2).

 

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Este breve suelto aparecía en la página 3 de “La Correspondencia de España” el 16 de marzo de 1870, haciendo referencia al estreno de la obra sobre Arahal de Francisco Macarro. Sin ningún intento de crítica teatral, sólo indicaba el éxito de la obra.

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Arahal, lugar desconocido para la mayoría de los españoles de la época, se convertía a raíz de los sucesos de 1857 en “cuna del republicanismo”. Durante varios años se siguió recordando el nombre de Arahal como símbolo de revuelta. En 1871, la prensa satírica Gil Blas, escribía: “En Arahal, cuna del republicanismo, ha triunfado el gobierno”. Quería decir que en un pueblo tan extremadamente revolucionario como Arahal, símbolo de todos los extremismos, había ganado el partido conservador. Lo que indica la injusta mala fama que la prensa atribuía a un pueblo que era como otro cualquiera de Andalucía. El tiempo fue sepultando esa mala fama en el olvido, hasta que llegó la guerra civil del 36.

La cuestión es que, ante esa fama revolucionaria, Macarro utilizara el tema de Arahal para dos de sus obras. Lo hacía buscando el aplauso de un público madrileño que tenía reciente la revolución y los fusilamientos tan sonados de aquel pueblo lejano. Arahal era un buen reclamo en la cartelera del teatrillo de la calle Carretas de Madrid.

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Ahora que leemos la obrita de Macarro en un archivo digitalizado (3), tan difícil de encontrar en papel, podemos analizar ese supuesto éxito teatral. El lector actual, atraido por el título, no encontrará en la obra nigún dato de los sucesos de Arahal, ni referencias históricas del pueblo. Ni siquiera el simple ambiente local. Arahal es un nombre lejano, un pretexto para Macarro, como un decorado, en el que se desarrollan las injusticias gubernamentales a través de unos personajes dramáticos tirando a melodrámaticos.

Pero el autor sabía que el asunto gustaba, lo que quiere decir que el público reconocía lo sucedido en aquella revuelta: ahora era el momento de reivindicar unos fusilamientos producidos diez años antes pues era un momento político mas propicio, sin la censura férrea del 57. La revolución de 1868 y la caída de Isabel II habían traido aires de libertades que se reflejaban en los espectáculos. Por ejemplo, entre 1868 y 1875 aparecieron en España cerca de seiscientos periódicos, como producto de la libertad de imprenta recogida en la Constitución de 1869. En el mundo del espectáculo teatral ocurrió lo mismo y se multiplicaron las obras de crítica a la política reciente. Arahal estaba muy a mano.

 

obras de macarro

La calidad de la obra es muy dicutible. Macarro escribió en su madurez artística una serie de dramas y sainetes, la mayoría de un solo acto y algunos convertidos por músicos de su época en zarzuelas. Las obras de Macarro son muy difíciles de encontrar porque no se reeditaron con el paso del tiempo, pero podemos hacernos una idea leyendo los títulos en el listado de arriba. Macarro trata con preferencia el tema histórico, el taurino y el suceso político de actualidad, como los sucesos de Arahal. Ninguna de estas obras ha merecido pasar a la posteridad literaria. 

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macarro  La Epoca 25 noviembre 1886

macarro  La Epoca 25 noviembre 1886 2

Lo mismo que sus obras, la biografía de Francisco Macarro, se pierde en la oscuridad del tiempo. Para conocer algo de su vida tenemos que rastrear en la hemeroteca del último tercio del siglo XIX. Sin mucho éxito. Sí sabemos que la vida del autor de Los mártires de Arahal parece sacada de uno de sus dramas. Macarro vivió la bohemia propia de un autor joven en el Madrid de las últimas convulsiones monárquicas isabelinas que condujeron a la I República. Vendió sus obras, como otros autores noveles, por muy poco dinero y un estreno efímero. Sus éxitos se midieron por la consumición -el café con tostada- que los espectadores hacían durante la función. Era la forma en que el empresario teatral medía el valor de sus autores.

En una escueta noticia, aparecida en La Época de 1886, dieciséis años después del estreno de Los mártires de Arahal y El grito de libertad , nos encontramos a un Macarro enfermo y sin dinero, que había perdido la vista, viviendo de la caridad, y, además, con una madre anciana que mantener en Sevilla. Así queda Macarro, el autor dramático de Arahal, en una cama del Hospital Civil de Cádiz.

 

Notas

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1) Sobre el tema de la “Revolución de 1857”, ver en estas páginas El espartaquismo agrario en Arahal. 9 mayo 2010.

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teatro romea

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Fachada del Teatro Romea en la calle Carretas de Madrid, que antes fuera Teatro-café de la Infantil, inaugurado en 1870. El edificio fue demolido en 1935. Debajo, los precios.

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2) En el número 14 de la calle de Carretas estuvo el Teatro-café de la Infantil, diminuto teatrillo en el que se tomaba café, al precio de un real y medio, mientras se veía una pequeña función de teatro.

A mediados del siglo XIX proliferaron en Madrid estos negocios de teatro-café. Eran establecimientos modestos, generalmente situados en grandes locales dotados de un pequeño escenario y un amplio salón con muchas mesas, sillas y bancos corridos. Los parroquianos podían ver los espectáculos tomando un café con media (tostada de pan), mientras actores principiantes o cómicos no muy favorecidos por la fortuna representaban piezas que el dueño del negocio había adquirido a otros autores noveles por muy poco dinero. De esta manera se medía el éxito de la obra teatral por las medias tostadas que se habían servido durante la función.

Cuando las obras allí representadas eran demasiado largas se dividían en cinco o seis actos y el público debía abonar el precio de una consumición por cada uno de ellos. Las representaciones solían gustar a la concurrencia que, en caso contrario, mostraba su desagrado arrojando al escenario todo tipo de cosas: terrones de azúcar, platillos, tazas y hasta restos de la media tostada sin consumir. Tras la función siempre había un baile de can-can que causaba frenesí en el público.

Así era pues el Teatro-café de la Infantil, cuyas primeras noticias en la prensa datan del año 1870 y que se inauguraría con la obra “El grito de la libertad” de Francisco Macarro Gallardo. Su dueño era Vicente Llorente, síndico y miembro del gremio de cafés, que además alquilaba su local para reuniones de las diferentes agrupaciones de Madrid. (Del blog de M.R. Giménez, Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la Villa)

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Sin título

3) La obra de Francisco Macarro se puede leer completa en el Internet Archive (Library of Alexandria. San Francisco)

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