Arias de Reina en Almería

mayo 25, 2015

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En 1880 aparece en un periódico de Almería, La Crónica Meridional (1), un extenso artículo que lleva como título D. Francisco Arias de Reina. Esta escrito con entusiasmo por José Fornovi, su amigo y socio, gracias al cual conocemos con detalle su vida (Arahal 1824-1880), que transcurrió en gran parte en Almería. Por su extensión, está dividido en tres partes.

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En la primera parte, el autor comienza lamentándose de la muerte repentina de su amigo: ¡Pobre Arias!… Aún no hacía 24 horas que había llegado al Arahal, después de 20 años de ausencia, había vuelto a pisar el suelo donde se meció su cuna, había vuelto a ver aquellos lugares bien conocidos y amados, donde se deslizó risueña y tranquila su infancia, había vuelto a abrazar a personas queridas, a parientes cercanos, a amigos íntimos…

En la segunda parte, hace una detallada biografía del difunto, que se puede resumir así: 1.- Nace en Arahal de padres ricos hacendados en 1824. 2.- De joven, ejerció de periodista en Sevilla y participó en la fundación del periódico liberal El Centinela (1843-44). Por su causa sufrió muchas multas y costes, que mermaron su capital. 3.- En Sevilla conoció al escritor y abogado Rafael María Baralt. 4.- Es alcalde de Arahal en el Bienio Progresista de 1854 al 56. Al finalizar, y por motivos políticos, se exilia a Portugal, donde pasa muchas calamidades. 5.- Falto de recursos, en 1860 consigue una cátedra de Latín y se instala con su familia en Almería. 6.- En Almería forma parte del partido republicano y cuando llega la revolución de 1868, es miembro de la junta revolucionaria. 7.- Durante la república, en 1873, es nombrado gobernador de Cáceres. Y seguidamente, gobernador de Granada. 8.- Caída la República, vuelve a su cátedra de Almería. 9.- Desde entonces y hasta 1880 se dedica a labores judiciales con un despacho de abogacía. 10.- En 1880, después de 20 años de ausencia, acude a Arahal con motivo de la boda de uno de sus hijos. Allí muere de apoplejía.

La tercera parte del artículo de Fornovi está dedicada a elogiar y mostrar las cualidades de Arias de Reina.

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Una imagen de la Puerta del Sol de Madrid durante la revolución de 1854, inicio del Bienio Progresista. Arias de Reina fue alcalde de Arahal durante este Bienio, que parece fue la causa de su exilio a Portugal. El breve Bienio Progresista transcurrió entre julio de 1854 y julio de 1856, durante el cual el Partido Progresista pretendió reformar el reinado de Isabel II, dominado por el Partido Moderado. La revolución de 1854 estuvo encabezada por el general moderado Leopoldo O’Donnell.

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Aquí transcribimos completa la II parte, la más interesante, que trata del relato biográfico y personal de Francisco Arias de Reina. El artículo completo se puede leer en el número del 25 de Diciembre de 1880 de La Crónica Meridional de Almería, digitalizado en la hemeroteca del Archivo Histórico.

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inicio articulo

II

En el Arahal, pueblo de la provincia de Sevilla, nació por Noviembre del año 1824 D. Francisco Arias de Reina. Sus padres, ricos hacendados de la localidad, lo destinaron al estudio, y él, distinguióse desde muy niño por su entendimiento despejado y por su memoria prodigiosa. Como prueba de lo feliz que era ésta, hemos oído decir que en cierta ocasión consiguió libertarse de severo castigo, recitando ante sus maestros, estupefactos, la lección que quisieron señalarle, al revés, renglón por renglón.

Entrado en la juventud, abrazó con verdadero entusiasmo la causa de la libertad y de la democracia, siendo desde entonces acá uno de sus más ardientes y constantes defensores.

En Sevilla, por el año 43 ó 44, fundó El Centinela (2), uno de los primeros periódicos que en España comenzaron a sostener las ideas demócratas, haciendo en él una brillante campaña en pro de sus ideales políticos. Más adelante, este periódico fue duramente perseguido, siendo ministro de la Gobernación el conde ministro de la Gobernación el conde de San Luis; una tras otras llovieron sobre él crecidas multas, que se veía obligado a pagar su director y propietario el Sr. Arias; esto hizo que suspendiera la publicación, comprendiendo que era inútil la lucha, pues sólo conseguiría acabar de agotar su hacienda, ya bien mermada por azares de fortuna. Contaba nuestro amigo, como prueba de la saña con que se perseguía su periódico, y como elocuente muestra de lo felices que eran aquellos tiempos para la prensa, que una vez, no sabiendo ya qué publicar para que no se lo tacharan y no lo multaran, ideó publicar el Padre Nuestro, con letras muy grandes en la primera plana… y fue también multado. En aquel tiempo se dio a conocer como brioso y distinguido periodista y como escritor elocuente, entablando relaciones con los mejores literatos de Sevilla. En ella residía, a la sazón, el correctísimo escritor y egregio hablista, D. Rafael María Baralt (3), con el cual nuestro amigo, aunque de menos de edad que él, y de ideas políticas distintas a las suyas, trabó verdadera e íntima amistad, que duró hasta la muerte del primero, acaecida en 1860. En señal del afecto que profesaba el Sr. Baralt al joven Arias de Reina, le regaló, al publicarse, y con una cariñosa dedicatoria, un ejemplar de su admirable Diccionario de Galicismos.

En el bienio del 54 al 56 fue Alcalde de su pueblo; y cuando vino la reacción, por su poca conformidad con este movimiento político, se vio obligado a salir, fugitivo, de su país, refugiándose en Portugal, en donde entró con otros compañeros, todos completamente faltos de recursos; allí pasó grandes necesidades, y allí le ocurrieron episodios interesantes y novelescos, que él refería con muchísima gracia.

Vuelto a España, y mirando completamente agotado el caudal que heredó de sus padres, y a su cargo una crecida familia, pues desde muy joven estaba casado con la que hoy es su desolada viuda, mujer entonces de singular belleza, se decidió a utilizar sus conocimientos en la lengua del Lacio, y entró en las oposiciones que hubo para cátedras de Latín en 1860. Ganó una; le dieron la del Instituto de Almería, y con este motivo lo vemos arribar a nuestras playas. Ya está entre nosotros: ¡bien venido sea!

Aquí toma una parte activa en la organización y marcha del partido republicano de esta localidad, elevándose bien pronto a su jefatura… con disputables méritos, su superior palabra y sus largos servicios prestados a la causa de la democracia. Realizado en España el grandioso acto de 1868, forma parte de la junta revolucionaria de esta ciudad, siendo su verdadera alma. ¡Cuánta energía, cuanta actividad despliega en los momentos aquellos! Y al propio tiempo, ¡cómo da a conocer su entendimiento poderoso, su carácter entero y su conciencia íntegra y honrada! ¡Cuántas simpatías se gana entonces!

No estando conforme con el carácter monárquico que imprimieron a la revolución los que se encontraban al frente de ella, vuelve a su cátedra, en cuyo desempeño vive consagrado hasta 1873, en que se proclama en nuestra nación la república. En aquellos tristísimos días, en que la anarquía levantaba su horrible cabeza por todas partes, en que el populacho, delirante, desgarraba a pedazos la madre patria, bien necesitaban los gobernantes que regían los destinos de España hombres de entendimiento y de energía, y de singulares condiciones para colocarlos al frente de las alborotadas provincias. Entonces, el Sr. Arias de Reina es nombrado gobernador de Cáceres; allí, con verdadero tacto, supo contener a la gente levantisca, manteniendo el orden en todo el territorio sometido a su mando. Nos consta que la población entera lo sintió mucho, cuando la abandonó, llamado por el gobierno de la República, que necesitaba de sus servicios en otra parte. Con el mismo cargo que desempeñaba en Cáceres, pasa a Granada. ¡Qué situación la de esta ciudad en aquel tiempo! Presa de la más espantosa desorganización, sin gobierno, sin diputación, sin ayuntamiento, sin nada que ofreciera garantías y seguridad al individuo, se agitaba tristemente, presentando el cuadro más desolador. Las calles, aún manchadas con la sangre de intestinas luchas; las casas, abandonadas por sus habitantes; y los que no habían podido huir, tenían sus viviendas cerradas; el pavor, reinando partes de la ciudad… Éste era el estado de Granada cuando llega a sus puertas el Sr. Arias de Reina. Desdeñando el enorme cañón colocado por los revoltosos en lugar conveniente para defenderse, penetra en la población acompañado del general Pavía, jefe a la sazón del ejército de operaciones en la región andaluza. A poco, se nota en toda aquella cierto movimiento de confianza y de tranquilidad; los fugitivos habitantes vuelven a sus hogares, a reinar vuelve el orden, y a funcionar con regularidad la máquina política y administrativa. Sin derramar sangre, sin encender luchas, sin recurrir a la fuerza, y sólo merced a su energía, a su tacto y a su prudencia, consigue el Sr. Arias realizar tan dichosos cambio en la antes triste y perturbada ciudad. No creemos que ésta haya olvidado todavía el gran bien que debió a aquel, en tan aciagos días.

Desempeñado el gobierno de Granada, le sorprendió el golpe de fuerza del 3 de Enero de 1873… Vuelve entonces a nosotros y a su cátedra, dedicándose poco tiempo después a las tareas del foro, en el que consigue rápidamente conquistarse un nombre distinguido, creándose sólida clientela. Desde Junio de corriente año de 1880, ya se había apartado de los negocios judiciales, encargándose del despacho de todos ellos el que estas líneas suscribe, pues el Sr. Arias que había vivido siempre consagrado al trabajo, ya de un orden, ya de otro, deseaba dar descanso ya a su laboriosísima existencia. Hermosos proyectos acariciaba para sus últimos días… Pero ¡ay! desgraciadamente han quedado sin realizarse. A mediados de Noviembre nos había dejado para ir a Utrera, a donde le llamaba la boda de uno de sus hijos; celebrada ésta, había pasado al Arahal, y allí acabamos de saber que había sucumbido víctima de una apoplejía fulminante.

¡Qué singularmente ruedan a veces los sucesos! Una fiesta, una alegría se lleva a nuestro querido amigo de nuestro lado; corre presuroso a disfrutarla y detrás de ella encuentra su tumba: ésta se abre para él al poner el pie en su suelo natal. ¡No parece sino que su destino era cerrar los ojos para siempre en la tierra misma donde los abrió por vez primera a la luz del mundo!

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Es una suerte para la historia perdida de Arahal rescatar este artículo, que ofrece la prensa digitalizada del siglo XIX. Conocemos así a un Arias de Reina, con un papel político en la España del Bienio y de la revolución, que nació en Arahal y que volvió a Arahal para morir de forma casual. Su breve alcaldía precedió los sucesos del 57, hechos distorsionados que marcarían la fama de Arahal para siempre. Aunque poco sabemos de la gestión de este jovencísimo alcalde en el gobierno del pueblo, parece que fue un Arias de Reina progresista y republicano, y que se adhirió a los movimientos revolucionarios de la época. Por lo pronto, aquí dejamos constancia de su existencia.

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Almería en una fotografía el siglo XIX. Arias de Reina se trasladó allí con su familia en 1860, después de ganar una cátedra de Latín en el Instituto de la ciudad. Allí vivió su madurez profesional y política hasta su muerte a los 56 años.

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Notas

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1.- La Crónica Meridional de Almería fue un importante periódico almeriense fundado en 1860. Este “diario liberal independiente y de intereses generales” se mantuvo puntual en los kioscos hasta la guerra civil.

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2.- José Fornovi, biógrafo y amigo de Arias de Reina, atribuye a éste la fundación de El Centinela en Sevilla alrededor de 1843-44, cuando tendría veinte años. Será El Centinela de Andalucía, diario liberal, que tuvo una primera etapa, de agosto de 1843 a finales de abril de 1844. En total tuvo cuatro épocas, terminando su publicación en en 1856. Por sus trabajos, inspirados en sentido altamente liberal y un tanto exaltado, sufrió persecuciones. Sus redactores tomaron parte muy principal en algunas asonadas.

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3.- Rafael Mª Baralt y Pérez (1810-1860) fue un buen amigo de Arias de Reina, según cuenta Fornoví. Escritor, abogado e ingeniero, nacido en Venezuela y muerto en Madrid, es el autor del primer diccionario de galicismos en la lengua española. Es, también, el primer hispanoamericano en ocupar un sillón en la Real Academia Española.

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