Archive for the 'HISTORIA DE ARAHAL' Category

Imagen de Washington Irving

marzo 12, 2010

El viajero romántico más conocido en Arahal, o quizás el único, es el norteamericano Washington Irving, que pasó por el pueblo en 1829, camino de Granada y de la Alhambra. Que sea más conocido que otros viajeros del s. XIX se debe al éxito y difusión de sus obras, en especial los famosos Cuentos de la Alhambra, publicados en Filadelfia en 1832 con el título de “Conjunto de cuentos y bosquejos sobre Moros y Españoles”. También en Arahal es conocida su estancia porque lo que escribió, el relato sugerente y exótico de la posada, fue divulgado y publicado en la obra citada.

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Washington Irving nació en Nueva York en 1783. Estudió Derecho, pero sus intereses estaban en el mundo del periodismo y la literatura. En 1815 se trasladó a Europa, viviendo en algunas de sus ciudades. Vino a España llamado por el embajador de su país para que estudiara en El Escorial documentos relacionados con el descubrimiento de América. Fue en este primer periodo español cuando pasa por Arahal camino de Granada. Más tarde Irving sería nombrado secretario de la legación norteamericana, y con el tiempo llegaría  a ser  embajador de los Estados Unidos en Madrid (1842–1845). Este viajero incansable terminaría volviendo a su pais y muriendo en su casa del estado de Nueva York en 1859.

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Washington Irving tenía 46 años cuando pasó por Arahal. Es en el atardecer de un dia del mes de Mayo de 1829 cuando el viajero nos lo cuenta: “Llegamos a Arahal, pueblecito entre cerros, poco después de puesto el sol. Lo encontramos animado por una partida de migueletes que recorrían la comarca a la busca y captura de ladrones…” Se piensa, sin mucho fundamento, que Irving se hospedó en la antigua posada de la Plaza Vieja. Es tan firme la creencia que en Arahal se le dió el nombre de Posada de Washington Irving, aunque esto no sirvió para que se respetara su memoria, pues el edificio fue destruido en los años 80.

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Este archivador de cartas oficiales es de 1844 y pertenece a su época de embajador de los Estados Unidos en Madrid (1842–1845). En diferentes etapas, Washington Irving se fue convirtiendo en un gran hispanista, gracias a su trabajo y a sus períodos de permanencia en España, siempre con afán de conocimiento de la historia y la literatura españolas.

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Como buen viajero, aceptando la dura tarea de viajar en aquella época, Irving escribe antes de llegar a Arahal: “seguimos camino adelante en nuestras cabalgaduras a través de la campiña. Era una de esas extensas llanuras, tan frecuentes en España, en la que durante millas y millas, no se ve ni un árbol ni una casa…” Es algo parecido a lo que dicen otros viajeros románticos. Cuando aparecen más personas en el camino, tendrían un aspecto parecido al que nos pinta el inglés John Phillip en su cuadro (Spanish Peasants. The Wayside in Andalucia), realizado en 1863 dentro del gusto romántico de la época.

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Algunos caminos eran más peligrosos. En este cuadro de M. Barrón y Carrillo, pintado en 1852, se ve a unos viajeros por la sierra, un tema romántico con pretexto paisajístico. El título es  Contrabandistas pasando por la Serranía de Ronda. Washington Irving tomaba nota, según le informaba su guía Antonio, de los viajeros con que se cruzaban en los caminos. En su diario dice: “Los contrabandistas de tabaco tienen buenos caballos y corren riesgos considerables…” Y en la posada de Arahal: “el jefe de la partida de migueletes nos dijo que poseía una lista de todos los ladrones del contorno y que era su propósito capturar a todos aquellos hijos de su madre. Al mismo tiempo nos ofreció algunos soldados en calidad de escolta…” Cosa que rehusó Irving.

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Muchos tipos pintorescos se cruzarían en el camino del escritor. Como estas dos gitanas pintadas en 1857 por el inglés inglés John Phillip y titulado Gypsy Musicians of Spain. De su estancia en la posada de Arahal escribe Irving: “En tanto que cenábamos con este jactancioso compañero, oímos las notas de una guitarra y el alegre repiqueteo de las castañuelas, y al momento,un coro de voces entonaba un aire popular. En efecto, nuestro posadero, había conseguido reunir cantores y músicos aficionados, así como a las bellas aldeanas del vecindario. Cuando salimos, el patio de la posada ofrecía el aspecto de una auténtica fiesta española…”

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El escritor vino a España para investigar en sus archivos, como vemos en este cuadro titulado Washington Irving in the Archives of Seville de David Wikie. Está fechado en 1828, es decir, un año antes de su partida para Granada. Fruto de su actividad investigadora fué el libro titulado  The Life and Voyages of Christopher Columbus. Más adelante ampliaría sus proyectos españoles.

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Una galera con viajeros en el camino de Granada. Este es el tema del cuadro pintado por Marius Engaliére en 1854 que refleja muy bien el mundo español que vivió Irving, mostrando vias de comunicación y medios de transporte de la época. El escritor, como otros viajeros románticos, se conformó con las incomodidades de los caminos en su afán de conocer España.

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En una hoja manuscrita de sus notas, que se conservan en la Biblioteca de Nueva York, Washington Irving apunta el significado de nombres característicos españoles: Pepe, Pepa, Pepita, hidalgo, hidalguía. Describe un duro de la época como “un dólar de plata”.

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Esta fotografía, realizada después de la estancia del escritor en España, refleja bien el ambiente que pudo encontrar en Granada. Está realizada por Charles Clifford en 1862 y se titula Gitanos en el Patio de los Leones.

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Otros vajeros que pasaron por Arahal

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Texto completo de la estancia de Washington Irving en Arahal:
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“Terminamos de comer cuando dieron las dos en el lacónico reloj del castillo. Nos despedimos, pues, de nuestros amigos de Sevilla, y dejando a losmolineros todavía en manos del barbero, seguimos camino adelante ennuestras cabalgaduras a través de la campiña. Era una de esas extensas llanuras, tan frecuentes en España, en la que durante millas y millas, no se ve ni un árbol ni una casa, infeliz del viajero que ha de atravesarlas expuesto como nosotros a los fuertes y repetidos chaparrones de agua. No hay modo de evitarlo ni lugar donde guarecerse. Nuestra única protección eran nuestras capas españolas, que casi cubren jinete y caballo, aunque aumentan de peso a cada milla. Cuando creímos haber escapado de uno de estos aguaceros, veíamos como se acercaba otro, lenta pero inevitablemente. Felizmente para nosotros, brillaban, en el intervalo, los claros y radiantes rayos del sol andaluz que hacían brotar círculos de vapor de nuestras capas, pero que también las secaban algo, antes del próximo aguacero.
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Llegamos a Arahal, pueblecito entre cerros, poco después de puesto el sol. Lo encontramos animado por una partida de migueletes que recorrían la comarca a la busca y captura de ladrones. La presencia de extranjeros como nosotros eran algo inusitado en los pueblos del interior; un acontecimiento de este tipo asombra y pone fácilmente en conmoción a los pueblecitos españoles de esta categoría. Mi posadero, con dos o tres viejos y sesudos compinches de pardas capas, examinó nuestros pasaportes en un rincón de la posada,
mientras que un alguacil tomaba nota a la débil luz de un candil. Los pasaportes en la lengua extranjera los dejaron perplejos; pero nuestro escudero Sancho les ayudó en su examen y ponderó nuestras personas con la típica prosopopeya del español. En tanto, la pródiga distribución de unos cigarros puros nos captó las simpatías de todos los circundantes, que al poco tiempo se apresuraban a darnos la bienvenida. Incluso e mismo corregidor se llegó a presentarnos sus respetos, y la posadera metió con ostentación, en nuestra estancia, un gran sillón con asiento de anea para el acomodo de aquel importante personaje. Cenó con nosotros el jefe de la patrulla, un despierto andaluz, alegre y charlatán. Que había sido soldado en la campaña de América del Sur y que nos contó sus proezas bélicas y amorosas, en estilo grandilocuente, lleno de ademanes y contorsiones y con extraña contracción de ojos. Nos dijo que poseía una lista de todos los ladrones del contorno y que era su propósito capturar a todos aquellos hijos de su madre. Al mismo tiempo nos ofreció algunos soldados en calidad de escolta, mientras decía:
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– Uno sólo es suficiente para protegerles, señores: los ladrones me conocen yconocen también a mis hombres; basta uno de ellos para esparcir el terror por toda la sierra.
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Le agradecimos su ofrecimiento, aunque le aseguramos, con un tono de voz igual al suyo, que no teníamos miedo a todos los ladrones de Andalucía juntos, por la tranquilidad que inspiraba la protección de Sancho, nuestro valiente escudero. En tanto que cenábamos con este jactancioso compañero, oímos las notas de una guitarra y el alegre repiqueteo de las castañuelas, y al momento, un coro de voces entonaba un aire popular. En efecto; nuestro posadero, había conseguido reunir cantores y músicos aficionados, así como a las bellas aldeanas del vecindario. Cuando salimos, el patio de la posada ofrecía el aspecto de una auténtica fiesta española. Tomamos asiento, junto con nuestros posaderos y el jefe de la patrulla, bajo un arco del patio. Pasó la guitarra de mano en mano y actuó como Orfeo de aquel lugar un alegre zapatero. Era un mozo de agradable continente, con grandes patillas negras, que iba arremangado hasta el codo. Manejaba la guitarra con singular destreza y nos deleitó con una cancioncilla amorosa acompañada de miradas muy expresivas al grupo de mujeres, de quienes, por las trazas, era el favorito. Bailó después un fandango, acompañado de una alegre damisela andaluza, que deleitó a la concurrencia. Pero ninguna de las allí presente podía compararse con Pepita, la bonita hija de nuestro posadero, la cual se escabulló y se hizo la “toilette” que el caso requería. Volvió poco después con la cabeza cubierta de rosas y se lució bailando un bolero, en compañía de un joven y apuesto soldado de caballería. Por nuestra parte, ordenamos a nuestro posadero que corriesen en abundancia y los refrescos entre los circunstantes. A pesar de ello, y aunque era aquélla una mezcla abigarrada de soldados, arrieros y aldeanos, nadie se excedió de los límites de una moderada alegría. La escena era a propósito para el deleite de un artista: un pintoresco grupo de bailarinas, los soldados con los uniformes sólo en parte militares y los campesinos envueltos en sus capas verdes. Es asimismo digna de mención, la presencia del viejo y delgado alguacil con su negra capilla, que ajeno a todo lo que allí pasaba y sentado en un rincón, escribía activamente a la débil luz que despedía un velón de cobre, digno de los tiempos de Don Quijote.
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La mañana siguiente amaneció fragante y luminosa, como deben de ser las mañanas de un día de Mayo, según los poetas. Salimos de Arahal a las siete; toda la posada estuvo en la puerta para despedirnos.”

(Cuentos de la Alhambra‎ – Página 37)

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Referencias bibliográficas:
La mayor parte de las imágenes de esta entrada corresponen a la exposición Washington Irving and the Alhambra. 1859-2009, realizada con motivo de cumplirse los 150 años de su muerte.
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El Pabilo

marzo 1, 2010

En Arahal, a esta alturas de la Cuaresma, se anuncia la llegada de la primavera festiva con la presentación de la revista El Pabilo, de la que se publica un número cada año. Esta revista, como otras de tantos lugares sevillanos y andaluces, es una exaltación a la cultura cofrade, un complemento de las vísperas de la Semana Santa en la formación interior y en la estética. Muy importante para la Semana Santa del pueblo, El Pabilo es avance programático y anuario a la vez. En él se muestra como la Semana Santa de un pueblo además de devoción es cultura.

He intentado a través de algunos números mostrar este aspecto capillita del pueblo. Los comienzos de la revista, según las noticias de la prensa que he encontrado. También algunas fotografías de sus números, que ante la imposibilidad de ponerlas todas, he elegido unas pocas, no las mejores sino las más entrañables para mí.

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Dos logos de la tertulia El Pabilo correspondientes a épocas distintas.  El de arriba, el primitivo, aparece en el número de 1989. El de abajo, treinta años después, encabeza la revista de 2009.

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20 Marzo 1989 (ABC)

Primera noticia de la revista en la prensa. La presentación en San Roque fué realizada por Juan C. Lobato Cela  y José F. Gago Bohórquez, con poesias de Juan Posaela y música de la Agrupación Santa Mª Magdalena.

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20 Marzo 1990 (ABC)

Presentación de otro número de El Pabilo (nº 3). En ella se da la noticia del pregonero de la Semana Santa de ese año, José Mª Suárez.

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30 Marzo 2003 (ABC)

Noticia de la entrega de El Pabilo de plata a Juan Carrero, por su dedicación a la revista. El presentador fué Carlos Herrera.

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Portadas de dos números de la revista El Pabilo correspondientes al año pasado y al anterior. De ambos números he extraido algunas fotografías que publico debajo.

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Hermandad de la Esperanza a comienzos del siglo XX. En la puerta de la parroquia, la imagen del Cristo , del s. XVII, lleva cabellera de pelo natural. la figura de la Magdalena es más reciente. He procurado seguir un orden cronológico ascendente en estas fotografías. Ésta y la siguiente son las más antiguas.

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Fotografía, igual que la anterior, de comienzos del siglo XX (1910), en el mismo lugar que la del Cristo de la Esperanza. Estas dos imágenes son importantes testimonios de cómo sería  la Semana Santa arahalense a finales del siglo XIX.

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Hermandad de Jesús pasando por San Roque, unos años antes de la guerra civil. La imagen de Jesús, con peluca natural y la cruz apoyada en el hombro derecho, fué destruida durante la guerra.

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Grupo de nazarenos del Santo Entierro que acompañaban la procesión de Jesús. La foto, como la nterior, se puede fechar en los años anteriores a la guerra civil.

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Hermandad de Jesús al comienzo de los años 50. El paso tiene cuatro faroles nuevos. Se puede apreciar las diferencias de paso e imagen con la foto realizada antes de la guerra civil.

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Procesión de Jesús por la mañana, en la esquina de la calle del Duque, frente a la taberna del Pena. Aparecen en la foto, de izquierda a derecha, José Pérez Oliva, José Bermúdez y Juan Posaelas.

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Una reunión de cofrades de Jesús, celebrada en el Casino.  De izda a dcha: Rafael Martín, Antonio Domínguez, Antonio Moreno, D. Cayetano Parody, Javier Guajardo, D. José (coadjutor de la Parroquia) y Francisco Brenes, de espaldas.

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Otra reunión cofrade. De izquierda a derecha: Felipe Roldán, José Revilla, Antonio Catalán, Ignacio Guisado y José Bermúdez.

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Concurso de saetas en Radio Veracruz, años 60. De izda a dcha: Trino Martín, el cantaor Jose Sánchez Carrasco y Antonio Mena.

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Concurso de saetas en Radio Veracruz, año 1961. Trino Martín y el cantaor Jose Bermúdez Sánchez.

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De espaldas y con chaqueta clara, el cantaor de saetas Diego el de la Casta, observa la salida del paso de Jesús Despojado.

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Referencias bibliográficas

Las noticias de prensa corresponden a la Hemeroteca de ABC. Las fotografías a distintos números de la revista El Pabilo. Arahal.

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Arahal Balompié

febrero 12, 2010

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Sobre el fútbol de Arahal he encontrado algunas noticias sueltas y breves de hace 50 años, en especial de finales de los 40. Entonces  el equipo del pueblo se llamaba Arahal Balompié. Parece que aquella fué una época heróica para el fútbol de la localidad y su campo, el Ruedo. Una nueva juventud se manifestaba, pasada la difícil etapa de la postguerra y ya olvidado el fútbol anterior a la guerra civil (de la que existe una nota en estas páginas). Como en muchos pueblos españoles, el fútbol protagonizaba el descanso de los  domingos, al que  tanto jugadores como público se entregaban con pasión, como se puede ver en la fotografía de abajo.

Las noticias de fútbol arahalense  encontradas en la hemeroteca citan una serie de partidos celebrados con equipos de pueblos cercanos en torneos regionales, como la Copa Federación.  Citan y nada más, no existe siquiera una crónica deportiva. En alguna, he encontrado la alineación del Arahal Balompié: Manolín; Queque, A. Brenes, Cortés; Claudio, Ignacio; Pío, Currele, X. Mira y Gamero. Nombres que alguien aún recordará.

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Fútbol de Arahal. 17 Noticias,  de 1948 á 1962. La mayor parte de noticias futbolísticas de Arahal pertenecen a los años 1948, 1949 y 1950. Sólo una noticia, la última, pertenece al comienzo de la década de los 60. Son noticias digitalizadas, tal como se publicaron en las páginas deportivas del periódico de la época.

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Referencias bibliógraficas

Todas las imágenes pertenecen a la hemeroteca del periódico ABC

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Ar·rahal

febrero 1, 2010

Leyendo el libro de M. Asín Palacios, Contribución a la toponimia árabe de España (1944), encuentro, como esperaba, el nombre de Arahal dentro de la larga lista de localidades con ascendencia hispanomusulmana. En este libro el autor comienza citando las vicisitudes para descifrar el origen de muchos de esos nombres, objetivo de unos estudios que se iniciaron ya en el siglo XVII. Para esta investigación, con más de 50 años,  Asín confiesa su método de trabajo: “del Diccionario Geográfico de Madoz he extraido todos aquellos topónimos que de primera intención me han parecido tener origen árabe…”

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Asín Palacios sitúa al pueblo en el grupo de nombres cuyo origen está en la naturaleza, relacionado con su situación de poblado primitivo de carácter predominantemente agrícola. Arahal sería “el hato”, “la masía”, “la finca campestre”. Asín no da ninguna razón definitiva para identificar los topónimos, aunque en algunos esté clara su procedencia. En el caso de Arahal nos remite a la obra de L. de Eguílaz y Yanguas editada en 1886, Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental.
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Ya en en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1850) de P. Madoz se analiza la población denominada El Arahal, y se indica que cuenta con 1.103 casas, que se distribuían en 45 calles y dos plazas. Para Madoz el prefijo “ara”, forma parte de algunos nombres de lugar, que están situados en un llano. En el caso de Arahal, el “ara” proviene porque está “sobre una colina de poca elevación que forma en su cima una extensa planicie…”
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Dejando a un lado a Asín Palacios, el estudio más extenso y reciente dedicado al origen del nombre de Arahal es el de Joaquín Pascual Barea, publicado en la revista Al-Andalus – Magreb. Estudios Árabes e islámicos, 5 (1997), con un artículo de 16 páginas titulado Etimología y origen del topónimo Arahal. En él coincide con Asín, aunque detalla con más amplitud el término:  “Ar·rahal es un término árabe, referido al lugar del camino donde parar a descansar. En el Levante español también se aplicó a una casa de campo destinada a labores agrícolas. Pero en Andalucía y Extremadura se refiere a ‘la majada’ o ‘el hato’ donde los pastores guardaban sus rebaños en la zona, que es lo que debió de ser el lugar del Arahal en época islámica”.  Y añade que ya en 1342 existe un documento con este nombre, sin poder especificar si era un lugar habitado o un hato para guardar los rebaños. Ya en el siglo XV, las Actas Capitulares de Morón nos hablan de la población de El Arraha, que terminará separándose de Morón a mediados del siglo XVI.
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Pascual Barea,  en su página (ilustración de arriba), trata el tema de la tioponimia de Arahal, mostrando la fotografía de un redil y amplía el término de “Rahal” a otros puntos geográficos donde también existe: uno en Villena (Alicante) y otro en Sicilia.
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Pero también hay teorías dispares, como la de  los Anales de Morón de A. Bohórquez Villalón, donde se puede leer que a “tres leguas de Morón al oriente hay una principal villa llamada Arahal, aldea en otros tiempos fundada en sitio de Morón. Y este nombre Arahal parece también hebreo, y significa olor de Dios, porque como consta del Rabino, Arah significa olor.  como consta de Santes Pagnino, Al significa Dios, y así los moros, imitadores de la lengua hebrea, le llaman Alá. Y se comprueba todo esto con que la villa del Arahal está en sitio llano y ameno, que debía de ser jardín o vergel de flores de Morón. Y tengo por sin fundamento la vulgar hablilla que dice se llamó antiguamente Tarahal por haber tarahes en aquel sitio. Porque por los papeles antiguos que referiré adelante, no consta de tal, sino de haberse llamado Arahal desde la primera vez que se hace mención de este lugar…”
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Esta interpretación es corregida en las notas a pie de página por Joaquín Pascual Barea: “Arahal de ar-rahl, es voz árabe que significa redil, que se hace extensiva al hato en que se alojan los pastores y que, tras irse constituyendo en época musulmana en una alquería o aldea, permaneció como nombre propio del lugar tras la llegada de los castellanos, que ignoraban su significado (cf. Eguilaz, p.271; Asín Palacios, p. 76)…”
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Para finalizar, acudimos a la Real Academia de la Historia, a la Declaración de conjunto histórico- artístico de Arahal, redactada por el académico e historiador Diego Angulo Iñiguez en 1975,  que ya incluí en estas páginas. Allí  leemos que El Arahal “no es pueblo muy antiguo. Su nombre, de origen árabe, que equivale al de El Hato o La Finca…” Por tanto, la Academia sigue el camino propuesto por Asín Palacios y continuadores.
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Referencias bibliográficas:
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– L. de Eguílaz y Yanguas:  Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental. (1886).
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– P. Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar  (1850)
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– Asín Palacios: Contribución a la toponimia árabe de España (1944)
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– Antonio Bohorques Villalón: Anales de Morón: transcripción del autógrafo (1633-1642), Introducción, notas e índices.  Universidad de Cádiz, 1994.

Boletin de la Real Academia de la Historia. TOMO CLXXIII. NUMERO II. AÑO 1976? – Página 405

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Arquitectura doméstica (2)

enero 20, 2010
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Sobre la arquitectura doméstica de Arahal, de la que ya traté en entradas anteriores, quiero establecer aquí unos caracteres generales que puedan servir para comprender mejor lo escrito sobre el tema. Para ello, dividiré la arquitectura del pueblo en tres modelos o prototipos, que se pueden aplicar a la casa de Arahal y a casi toda la de la región andaluza.
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En Arahal, como en otros pueblos de la campiña, estos tres modelos respondieron a unos condicionantes similares que ahora ya no existen. Los cambios producidos en el campo andaluz en los últimos años, desde la emigración a la mecanización, hicieron desaparecer las funciones de la vivienda tradicional. Actualmente en Arahal quedan pocas viviendas tradicionales y las que ahora se realizan son readaptaciones de antiguas casas a las que se les aplica un supuesto estilo sevillano, no formando parte de la arquitectura doméstica popular propiamente dicha. Por ello es necesario dar a conocer las características de la arquitectura del mundo rural, desconocidas por las nuevas generaciones.

Los tres modelos corresponden a tres grupos sociales principales, consecuencia del sistema agrario andaluz. Éste generó una sociedad clasista compuesta por grandes propietarios latifundistas y una enorme clase sin propiedades. A estos hay que añadir otro intermedio de medianos y pequeños propietarios que surgen en el s XIX, los mayetes. En su arquitectura aúnan las características de los otros dos.

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La casa del gran propietario
Es la construcción prestigiosa que destaca de las demás y que se conoce con diferentes nombres, desde casa solariega a casa-palacio. En primer lugar destacan los materiales en sus característicos elementos: patios de columnas, suelos (en especial de mármol), maderas de calidad para portones y vigas, etc. La complejidad en su distribución  es una característica que la diferencia de la casa del mayete. Dispone de un gran número de dependencias, que se distribuyen en la zona residencial separada claramente de la zona de trabajo agrícola, cuyo centro es un corral- patio al que se accede por un portón en la parte trasera.

La zona residencial se organiza en torno a un gran patio que sirve como distribuidor de espacios y proporciona la luz a la vivienda. A l patio dan el comedor, salas diversas, de costura, salas de estar, y al fondo, la cocina, que comunica con el corral-patio. Los dormitorios, en la planta alta. El acceso se efectua mediante el zaguán, que permite la visibilidad del patio. Hay dos puertas: un portón de madera que se cierra por la noche, y una cancela a través de la cual se ve el patio. El aspecto exterior de la casa se llena con la ornamentación caracterísica de rejería: balcones, cierrros, etc. Los cierros son una forma de ruptura con la casa andalusí, que conecta con la calle. Los cierros de forja son el elemento decorativo principal junto a los balcones. La fachada presenta siempre un eje de simetría, y lo que son ventanas o cierros en la planta baja se convierten en balcones en la planta de arriba.

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La casa del mayete y del mediano propietario

En principio, la casa del mediano propietario se caracteriza por reunir en el mismo lugar la vivienda y la zona dedicada a las faenas agrícolas: cuadra, espacio para los aperos, “soberao”, etc. Se supone que, a diferencia del anterior, el mediano propietario no tiene recursos para dejar todos estos elementos en el campo y tiene que convivir con ellos en la casa del pueblo. Así la casa del mayete será un 50 % residencial y otro tanto estará dedicada a lo laboral.

Existe mucha variedad en los tipos de vivienda del mediano propietario, todas caracterizadas por lo funcional y por cierta emulación de la vivienda del gran propietario. No suele tener gran patio central de columnas o arcos al estilo de las grandes casas, sino un patio más pequeño o un patio-corral con su cuadra destinada a los animales de tiro. Éste estaba situado en el lado opuesto de la vivienda y,  junto con los comederos y bebederos para los animales, había un espacio para los arreos, herramientas y aperos de labranza. Podían existír otras dependencias, como gallineros, pequeños lagares, leñeras o cocinas de matanza. En el patio-corral estaba la escalera que llevaba al soberao, donde se guardaba el grano para su venta y la simiente para el próximo año. El soberao ocupaba toda la planta superior. La cocina estaba junto al corral, con una gran campana,  y era un espacio múltiple que podia servir de comedor y lugar de estar. Si el comedor estaba separado, era éste el centro de vivienda y lugar de desarrollo de la vida familiar.

El aspecto exterior de la casa del mayete se puede ver en el dibujo de arriba en su estado original. Dos plantas, una puerta principal, un portón para la cuadra, ventanas altas en el piso de abajo y pequeñas para el soberao. Con el tiempo este prototipo de la casa del mediano propietario iba incorporando “mejoras” en su aspecto, tanto interior como exterior. La transformación del corral-cuadra en patio, por ejemplo. La conversión de las ventanas en cierros, la incorporación de cancelas sustituyendo la puerta de madera, etc. son otros cambios. En las fotografías de Arahal, se ven calles de mayetes llenas de cierros y con patios centrales que un siglo antes no estaban así.

En la imagen de arriba se ve la calle de San Roque en los años 50. Los numerosos soberaos de las casas de la izquierda nos indican casas de mayetes. En las de la derecha, un grupo de casas sin soberaos y sin cierros nos indican que estamos aún ante viviendas de jornaleros. Como veremos más abajo, estas casas han evolucionado en medio siglo hacia  el confort, sin destruir completamente la estructura primitiva, transformando elementos agrícolas en elementos  residenciales: soberaos convertidos en pisos, incluso en áticos, cierros con nuevos materiales (pvc), portones con adornos de bronce al estilo de las casas del gran propietario, portalones de cuadra convertidos en puertas autómaticas de garage, incorporación de piscinas en lo que fué corral o patio de la cuadra, etc. Una forma de transformar estructuras antiguas en estructuras de más calidad residencial dentro de un orden arquitectónico preestablecido.

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La casa del jornalero

Es la tercera forma de vivienda, la más simplificada de la arquitectura rural. En los planos de arriba se dibuja su sencillo esquema de distribución interna. Al no tener el jornalero ni cosecha que guardar ni campo que cuidar, no necesitaba ni soberao para el grano, ni cuadra para las bestias.

Son edificaciones de planta rectangular, de fachada estrecha y construcción en profundidad. Disponen de una crujía, dividida en sala de estar-comedor y un dormitorio. Se le podía añadir otra crujía que se transformaba en soberao de pequeña altura con un ventanuco al exterior. Este soberao no se utilizaba como almacenaje sino como desván o dormitorio. Al final era posible encontrar un pequeño corral que hacía las funciones de patinillo.

Parece que la vivienda jornalera tiene su antecedente en la choza que habitaron los braceros no hace mucho, construidas con paredes de tapial y techumbre de elementos vegetales. Las cubiertas se transformaron en tejas, pero la distribución siguió siendo la misma. Ni este tipo de casa ni la casa del peón existe ya en Arahal, como no sea alguna medio derruida de difícil herencia. Los ejemplos fotográficos que he propuesto son mxtificaciones hacia la casa del mayete. En los años 50 existían aún bastantes, como se puede ver en las imágenes siguentes.

En estas dos imagenes, pertenecientes a un no-do de de los años 50, se pueden ver en Arahal las casas del mediano propietario y la del jornalero. En la calle Sevilla (imagen de arriba), las casas tienen aún un aspecto agrícola evidente, con soberao y portalón para la cuadra, propio de las casas de mayetes. Los carros en la calle acentúan aún más ese aspecto. La imagen de abajo, con una vista de las afueras del pueblo, muestra hileras de casas de jornaleros con las características que hemos visto arriba: fachada estrecha y ventanuco, indicando más un desván que un soberao. En la actualidad este tercer tipo de casas no existe en el pueblo. Han sido transformadas en viviendas acomodadas con planta alta, muy parecidas a las casas de mayetes.

¿Cuál sería ahora la arquitectura popular del pueblo? Dejando a un lado pisos, adosados y nuevas construcciones, la arquitectura doméstica de Arahal en su totalidad ha ido evolucionando hacia un estilo cercano al del mediano propietario, pero con comodidades.

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Referencias bibliográficas:

-PÉREZ ESCOLANO, V.: La arquitectura en Andalucía, en “Los andaluces”. Historia de Sevilla: Sevilla en el siglo XX, Volumen 6‎.

-ANTÓN CAPITEL, RAÚL RISPA . La arquitectura andaluza. Guía de arquitectura: España, 1920-2000‎ (1998 ).

-Arquitectura popular. Sevilla. 1985.

-J. M. CUENCA TORIBIO. Historia de Sevilla: Sevilla en el siglo XIX‎ . (1991).

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Miguel Manaute

enero 10, 2010

En homenaje a Miguel Manaute, paisano y amigo, incluyo aquí una serie de imágenes y noticias que necesitan poco comentario y que muestran algunos fragmentos de la biografía de este arahalense que dedicó su vida al pueblo y al campo andaluz.

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1965

1974

1980

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1982

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1982   –  1985

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1987  – 1988

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2003

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2006

V Festival Memorial Niña de los Peines “Al Gurugú”. Arahal. De izda. a dcha.: José Blas Vega, Antonio Murciano, Miguel Manaute y Félix Grande

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2007

Miguel Manaute Humanes, falleció el  8 de enero de 2010. Nacido el 23 de septiembre de 1944 en Arahal, fue trabajador del campo en tierras de su familia y se especializó en cooperativas y sociedades agrarias de transformación, participando en distintos proyectos cooperativos y sociedades agrarias de transformación. En torno a 1975, estuvo afiliado a la Federación de Trabajadores de la Tierra, de influencia socialista y tras abandonar dicha organización pasó a ser el promotor de las Uniones de Agricultores y Ganaderos en Andalucía (UAGA). Militante del PSOE, el 3 de agosto de 1982 juró en el cargo de consejero de Agricultura y Pesca del primer Gobierno autonómico andaluz, presidido por Rafael Escuredo, en el que figuró como independiente, y posteriormente repitió cargo con el primer ejecutivo de José Rodríguez de la Borbolla. En las listas electorales autonómicas del 23 de junio de 1990 no fue incluido en ninguna candidatura, dejando la política activa, aunque en 2003 regresó para convertirse en alcalde de Arahal, cargo en el que no repitió al acabar la legislatura.

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Referencia bibliográfica:

Prensa: ABC, Correo de Andalucia; Diario de Sevilla;  Etc.

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