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La tradición

noviembre 11, 2010

“Todo lo que no es tradición, es plagio”. Leyendo la famosa frase de Eugenio D’ Ors, grabada en el Casón del Buen Retiro de Madrid, me vienen a la mente los hierros y herrajes que veo recorriendo las calles de Arahal. Esto es, balcones y cierros que muestran la transmisión de la tradición constructiva de una generación a otra. Tradición que continúa.

Es la primera impresión de Arahal. Desde la plaza de la Corredera avanzando por las calles que se abren en abanico, sin entrar en ninguna casa, podemos admirar cierros y balcones de forja, zaguanes forrados de azulejos, cancelas y otros elementos de la arquitectura tradicional arahalense. Pero, en especial, los herrajes de las fachadas. Un agradable paseo que puede explicar la historia reciente del pueblo y su fidelidad a los cerramientos. También su evolución en el XIX y XX, mostrando la competencia entre forja tradicional y fundición.

En esta foto de hace un siglo, las fachadas de la calle Corredera muestran los enormes cierros de la arquitectura doméstica de finales del XIX en un orden repetitivo pero no aburrido. Sobresaliendo en la acera con su podio, maderas y visillos, indican la evolución de una burguesía rural hacia otra más ciudadana. Muchas casas del pueblo cuentan con un rico muestrario de la labor de la herrería en balcones, ventanas y cierros. Los más antiguos los encontraremos en el centro, pero con reformas y construcciones nuevas, se han ido extendiendo hacia el exterior con una gran fidelidad a la tradición.

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Forja

Todo este trabajo de herrería nos lleva a preguntarnos quién o quiénes lo hicieron. Antes de la revolución industrial, el “herrero del pueblo” era un vecino importante en cualquier localidad. El herrero era artesano imprescindible para la casa y el campo, lo mismo que el carpintero. A veces eran talleres familiares, en cuyos orígenes, había gitanos herreros que habían pasado a una vida sedentaria. El arte gitano andaluz surgiría así de estos “sedentarios“ dedicados a la forja y la herrería. Recordemos brevemente a un joven Antonio Mairena trabajando en la herrería de su padre, antes de irse de camarero a una taberna de Arahal. La imagen ideal de la herrería sería el lugar de encuentro de aficionados al flamenco junto a la fragua. ¿Cómo era el trabajo del herrero, ahora que estos oficios artesanales desaparecen del pueblo y se transforman en industrias de cerrajeria instaladas en los polígonos industriales?

Mediante la forja se fabricaban los cierros y balcones, partiendo de barras cuadradas o redondas de hierro o acero. El herrero daba forma a las piezas en estado incandescente con ayuda de martillos de forjar. Para calentar los barrotes se utilizaba el fuego de la fragua. Cuando la pieza alcanzaba el calentamiento para ser forjada, tomaba un color amarillo naranja que correspondía a 1100º C y ya se podía dar forma en el yunque dando martillazos enérgicos y aplicados con destreza. Las grandes piezas se forjaban por dos herreros.

Se elegía para forjar una temperatura tan alta como se pudiera conseguir, 1100º ó 1250º C, que corresponde al color de incandescencia de amarillo claro. Si un calentamiento demasiado rápido podía producir grietas o granulación en la estructura, Tampoco había que dejar de atender la fragua para que las piezas no se enfríasen demasiado. La temperatura mínima a que se debía forjar era de unos 700º C. Si se enfriaba más (300º C por ejemplo) el barrote se volvía frágil y agrietable.

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Fundición

Si el hierro dulce y el acero se pueden forjar, también se puede moldear. Usando hierro de fundición, que se vierte en moldes, se fabrican elementos de cierre y sustentación para la arquitectura a partir de finales del siglo XIX. Balcones, cierros, columnas y otros objetos empezaron a salir de las fundiciones. Los balcones, más numerosos, eran fabricados para todas las regiones, mientras que los cierros se localizaban en el sur. Las columnas se utilizaron en arquitectura comercial o industrial y en Arahal no existen.

Dos balaustres de balcón: de forja (izda.) y de fundición (dcha.). Es fácil distinguir las dos técnicas de trabajo del hierro, ya que en la primera se percibe el trabajo de doblegar el hierro en la fragua. Y en la segunda existen volúmenes y formas producidas por un molde. Aunque a veces hay obras fundidas o coladas que imitan muy bien la forja.

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A la izquierda, la casa característica del agricultor en el siglo XVIII, presentan unas formas muy definidas: el cierro es aún pequeño y lleva una simple celosía de madera. A la derecha, una casa nueva utilizando el modelo de cierro antiguo.

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A un lado de la calle predominan cierros y ventanas de forja, al otro cierros de fundición. En Arahal los cierros no parecen disminuir sino aumentar.

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En estas dos fotografías aparecen balcones con más de dos siglos de diferencia en su realización. La simplidad de los barrotes de forja de la izquierda tienen su réplica a la derecha en el siglo XXI.

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¿Cuál es el futuro de la rejería en esta época de globalización? Ignoro si habrá generaciones que rescaten el trabajo artesanal y hagan renacer los oficios artísticos. Mientras tanto, podemos ver productos de hierro forjado que ofrece una compañía china por internet. Los herrajes ofrecidos se adaptan a un gusto ecléctico en el que se mezclan estilos de todo tipo. Como lo importante es el coste del transporte, los barrotes y elementos decorativos se venden sueltos. El precio es muy competitivo.

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Las cinco últimas fotografías de cierros y balcones en color pertenecen a la web del ayuntamiento de Arahal.
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Cierros

septiembre 19, 2009

cierros0En la arquitectura doméstica andaluza se utiliza la palabra “cierro” para designar el balcón o mirador acristalado y enrejado. Más allá de la ventana y de su finalidad de iluminación-ventilación (ventus), el cierro es un elemento arquitectónico que sobresale del muro para acercarnos a la calle, una salida encubierta del espacio privado al espacio público, incursión justificada en el concepto de la casa árabe y mediterránea. En Arahal se podría seguir una historia de su arquitectura a través de los cierros. Hay numerosos, afortunadamente, realizados en los tres últimos siglos. En el actual urbanismo son casi prohibitivos por invasión de calzada y escasez de espacio. La época gloriosa del cierro es el siglo XIX, perviviendo en el siglo XX y adaptándose en su decadencia a los nuevos materiales constructivos en la actualidad.

Un cierro, de mayor complejidad que la ventana, se compone de varios elementos. El vano es de grandes proporciones y, a veces, mayor que la puerta de la casa. Con un marco o bastidor que se prolonga hacia fuera forma un pequeño recinto de madera acristalada, protegido de las miradas exteriores por visillos. Este receptáculo descansa sobre un antepecho o podio de ladrillo o de obra y se remata por arriba con una cubierta de forma trapezoidal. Los cierros se construyen en planta baja y alta, teniendo mayor importancia los primeros, como se puede ver en esta casa de la calle Morón (imagen de la izquierda), realizados en 1901.

cierro doble

Desde el interior del cierro se puede apreciar la perspectiva de la calle con una gran visibilidad y hace innecesaria la salida exterior. En los antiguos cierros era la celosía de madera la que protegía de las miradas callejeras; con el siglo XIX el cierro incorporó cristales y visillos, creando un espacio confortable y permitiendo la colocación de asientos.

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Desde la plaza de la Corredera mirando a la calle Vera Cruz, podemos admirar esta hermosa hilera de cierros en dos plantas. Los cierros, ordenados geométricamente unos encima de otros, desaparecen en la fachada con vistas a la plaza y son sustituidos por balcones. Estos suponen el deseo de un mayor contacto con el espacio público. El balcón es el vano por excelencia en cualquier fachada, mientras el cierro sigue siendo una ventana grande.

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En esta casa de la calle Morón, observamos un cierro de gran tamaño si lo comparamos con los vanos del resto de la fachada. A eso contribuye la elevación del piso de la vivienda que ha obligado a construir un podio alto y, en proporción, coronarse con un elemento trapezoidal también voluminoso.

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Estos cierros de Arahal ya no existen. Pertenecen a la casa de los Torres que estuvo en la calle Felipe Ramírez.  Están entre los más antiguos de los ejemplos presentados aqui. Son cierros estrechos, que en la planta alta van provistos de antepecho y entablamento, mientras que abajo se simplifican sin podio. Lo más interesante es el interior de madera, propio del siglo XVIII, sin acristalamiento, con dos puertas o postigos que abren hacia el interior. Los cristales en cierros y miradores no aparecen hasta el siglo XIX. Afortunadamente, las fotos del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla quedan como testimonio de lo que fué esta casa.

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En esta casa, también con fachada de piedra, de la calle Pozo Dulce, los cierros alineados siguen la tradición de los anteriores, aquí más evolucionados. Provistos de un podio que sobresale con un pequeño escalón y un entablamento de ladrillo. El abusivo color ocre o calamocha no empaña su monumentalidad.

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Dos antiguos ejemplos de la arquitectura arahalense. A la izquierda, una ventana de la calle Pozo Dulce, que todavía resiste en pie, probablemente del siglo XVIII. Se puede ver el alto podio en que se transforma el antepecho y las molduras alabeadas del entablamento. Detras de la reja habría una celosía de madera.  A la derecha, muy próximo, en la calle Madre de Dios, un cierro del siglo XIX, magnífico a pesar de su deterioro. Entre ambos se puede apreciar la evolución de ventana a cierro.

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Otros dos ejemplos como los de arriba. Una ventana y un cierro antiguos,que se hallan casualmente juntos, en la calle de la Cruz. La ventana de la izquierda mantiene los elementos clásicos de la ventana dieciochesca, con su antepecho hasta el suelo. Podemos ver una celosía de madera, de las que ya quedan pocas en el pueblo. Esta celosía, a través de la que se puede ver sin ser visto, evolucionará hacia el cierro de la derecha, con su estructura de madera, cristales, postigos y visillos.

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calle misericordia

La pureza y simplicidad de una casa del siglo XVIII se aprecia en esta de la calle Misericordia, camino del Cristo. Ni ventana ni cierro, sino un elemento de transición. Un gran antepecho hasta el suelo sostiene la rejería estrecha muy pegada a la pared, coronada por un entablamento de ladrillo. También contenía una celosía, que con el tiempo ha sido sustituida por una persiana. Es interesante observar esta casa, ejemplo bien conservado de una arquitectura que practicamente ha desaparecido de Arahal.

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cierro magdalena

Próximo a la parroquia de la Magdalena, este cierro antiguo en el que podemos observar la integración de sus materiales con los de la fachada encalada. El sencillo podio del antepecho contrasta con un entablamento de numerosas molduras, que acaban en un filete de ondas, probalemente metálicas, también encaladas. La madera de color marrón oscuro y su conservación en el tiempo, dan idea de su antiguedad.

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cierros plaza martires

Enfrente del anterior, dos cierros de la mismas características en una fachada actualizada. Ambos con un voluminoso entablamento en los que la utilización del color favorece su monumentalidad. En Arahal, como en todos sitios, el buen sentido común hace que se sigan unas pautas mínimas para la conservación de una casa antigua. No hace falta mucha fantasía. Las exageraciones y pretensiones son peligrosas.

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En esta casa de la calle Madre de Dios nos encontramos unos cierros modernos de mediados del siglo XX pintados en verde. Un concienzudo trabajo de rejería ha permitido introducir elementos curvos y alteraciones en los barrotes para mayor vistosidad. La base del cierro superior contiene azulejos decorativos. Aquí, la labor de constructor y herrero se han unido en una mayor ambición ornamental.

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maria beltran

iglesia

Dos ejemplos de cierros realizados en la actualidad siguiendo la tradición. Arriba, cierros de una casa de  la calle Maria Beltrán en los que vemos los mismos elementos que en los antiguos, salvo la utilización de nuevos materiales. Sobre un podio muy bajo, a ras del nivel de las habitaciones, se ha colocado una rejería de fundición, no de forja, con un acabado pavonado. El ladrillo de podio y zócalo está tratado para rechazar el agua. En la imagen de abajo,unas casas familiares de la calle de la Iglesia, se repiten las mismas características. La posibilidad de construir con formas antiguas pero con materiales modernos hace que perviva la casa tradicional sevillana en el pueblo. La calle de la Iglesia tiene buenos ejemplos.

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huerta perea

Coches contra cierros podría titularse la imagen de arriba. En una calle de la Huerta Perea, vemos como en casas de  reciente construcción los cierros son sustituidos por coches subidos a las aceras. En algunas de ellas, los cierros están en el piso de arriba, una forma de huir del ruido de abajo. El llamado parque automovilístico incide mucho en la vida cotidiana arahalense.

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