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Etnografía del verdeo

octubre 1, 2010

El verdeo, una tradición transmitida de generación en generación sigue siendo para Arahal razón de su existencia y de su economía. La recolección tiene lugar durante los meses de septiembre y octubre, aprovechando que el fruto tiene su mejor tamaño y aún no ha cambiado de color. Cada día, después de la cogida, la aceituna es transportada a las industrias para dar paso al proceso de elaboración.

Un breve repaso a la comunidad humana que encierra la palabra Arahal, nos manifesta la riqueza etnográfica que encierran estas labores agrícolas del otoño. Hay cosas que perviven y otras que no.

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Cuadrilla.- Una cuadrilla es el conjunto de trabajadores que participa en la recolección de un olivar. Su número depende de éste y sus circunstancias de explotación. Puede estar compuesta por 25 personas, por 10, por 5… En la cuadrilla suele haber más mujeres que hombres y muchos de los componentes son familiares. Recolectando en cada olivo puede haber tres cogedores, dos en los bancos para las partes más altas y uno en el suelo. La evolución en la recogida de la aceituna de mesa ha sido muy escasa, pues se continúa recogiendo a mano, evitando vibradoras y otros inventos que dañan a la aceituna. La fotografía actual de los cogedores con gorras americanas contrasta con la de hace 50 años de 7 cogedoras y 4 cogedores: las mujeres llevan pañuelos en la cabeza y pantalones debajo de la falda para poder subirse a los bancos sin enseñar nada.

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Banco.- Para alcanzar las partes más altas los cogedores se valen de un banco, una escalera doble, a veces con una red sujeta en la base para que las aceitunas caigan en ella y no entren en contacto con el suelo. A pesar de ser los bancos un tipo de escalera de fácil construcción en una carpintería, cada vez son más difíciles de encontrar y se convierten en un extraño apero agrícola en las tierras sevillanas.

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Macaco.- El proceso de recogida de la aceituna de mesa es totalmente manual, el verdeo de la aceituna se realiza de la misma forma artesanal de siempre, se recoge el fruto uno a uno, depositándolo en un cesto de esparto, que el recolector lleva colgado a su cuello, llamado macaco. Antes era fácil comprar un macaco en la espartería, ahora menos. Algunos cogedores los guardan como objetos sagrados, heredados de sus antepasados, otros improvisan con cualquier recipiente colgado al cuello.

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Espuerta.- Las espuertas de esparto o palma con dos asas se utilizaban en el olivar para llenar los macacos o para llevar las aceitunas en el remolque al almacén. También se usaban en las almazaras para prensar la aceituna. En otro tiempo la relación del esparto y la aceituna parecía una conjunción que nunca acabaría. Pero no, ahora son sustituidas por espuertas de goma, más fuertes e irrompibles, aunque menos degradables.

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Cántaro.- Antes, los cántaros acompañaban a los cogedores de forma imprescindible, no sólo servían para beber sino para hacer el gazpacho colectivo del mediodía. Junto a los cántaros iban los botijos, para que bebieran los trabajadores, aunque muchos lo hacían en la boca del cántaro. La cuadrilla no tenía que preocuparse del agua, una tarea de la que se ocupaba el encargado.

Ahora los cogedores llevan botellas de plástico en su mochila, dos elementos nuevos en el olivar. La recolección, más cómoda que antes, ha ido perdiendo su sentido grupal y el cogedor ha individualizado sus necesidades (transporte, comida, bebida).

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Barreño.- El plato barreño era el acompañante del cántaro, recipiente básico a la hora de preparar los avíos de los cogedores. Lo mismo que la maza de madera y los ingredientes del gazpacho guardados en una taleguilla. Se ocupaba de hacerlo uno del grupo, que debía procurar no olvidarse de ningun utensilio o ingrediente. Más fácil para el despistado que no traía cuchara era improvisar una cortándola de una hoja de pita, para lo que era necesario una buena navaja.

El gazpacho, durante la recolección, formaba parte importante de la dieta de cogedores y cogedoras. A mediodia se paraba para preparalo y un habilidoso de la cuadrilla era el encargado de hacerlo. En el barreño y con la maza de madera demostraba su arte, empezando con un majado del ajo, la sal gorda, el pimiento, el tomate… Todos comían en el barreño. Cuando quedaba poco líquido, se echaba aceite y se hacía un sopeado, en el que los más hambrientos introducían trozos de pan clavados en la navaja. Cada uno traía su segundo plato, un arenque o una lata de sardinas. Como postre, un racimo de uvas o una cala de melón.

Ahora ya no se come en el campo. A las 2 del mediodía termina el trabajo de una jornada que comenzó a las 6 ó 7 de la mañana. A las 10 hubo una parada para comerse el bocadillo, un pequeño descanso de un cuarto de hora, para coger fuerzas y continuar hasta la hora del almuerzo, que se hará en casa y al que seguirá una siesta.

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Almacén / Bocoy.- Almacén y bocoy eran palabras unidas en las tareas del verdeo y significaba para el cogedor conducir la aceituna a un lugar definitivo. Los toneles en los años 50 formaban una industria en apogeo, llenando los extensos patios de los almacenes de aceitunas. En algunos almacenes tenían taller de tonelería y en muchos pueblos sevillanos había talleres de bocoyes, que hacían florecer un gremio artesano importante en la comarca. Allí se doblaban las duelas de castaño y se ceñían con abrazaderas de hierro, formando el recipiente en forma de bocoy o de cuarterola que contendría manzanillas o gordales.

Actualmente los bocoyes que se alinean en los patios de los almacenes son de plástico o goma, como las espuertas, y como éstas, más duraderos y menos degradables.

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Aliño.- Las aceitunas eran cocidas en agua y sosa caústica, se llenaban los bocoyes apilados en los patios de los almacenes, y cada día los faeneros se ocupaban de “requerir”, es decir, echar salmuera en los bocoyes a través del agujero. Cuando las aceitunas estaban aderezadas, llevaban los bocoyes al interior del almacén, para ser desfondados y repartir su contenido por las mesas del escogido, donde las mujeres se encargaban del deshueso y relleno de las aceitunas, que finalmente, saldrían al mercado.
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Cambios imperceptibles se producirán en estas labores cuando vuelvan a repetirse otro año más, ya olvidado el verdeo de este 2010. Los olivos seguirán ahí inmutables ante la abundancia o la escasez, los precios altos o bajos y las incidencias de los cogedores.

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La otra arquitectura

julio 14, 2009

pared de pasto

Cuando pienso en casas muy antiguas de Arahal pienso en chozas. La choza es la arquitectura primaria en el urbanismo de los pueblos. Por eso, a mediados del siglo XIX, cuando el diccionario de Madoz dice que las casas de Arahal son de “pésima construcción y peores materiales”, se refiere a que la mayoría son chozas rurales, dejando el ladrillo y la teja para unas pocas y principales.

Siempre me han atraido las chozas y chozos, esa arquitectura de “construcción vegetal que podría corresponder al neolítico” (Caro Baroja), y que me conducen a las organizaciones más arcaicas de la vida rural. Las chozas de Arahal fueron desapareciendo de mi vista a la vez que iba aumentando en edad: de muy abundantes en mi infancia pasaron a ser inexistentes en mi madurez. Y no me refiero sólo a la chozas agrícolas en medio de un melonar sino a la chozas como vivienda permanente en los barrios de las afueras, como las del barrio de La Porra, al lado de San Roque, o las del Callejón de Paradas. A la vez, conocí chozos en las eras e innumerables sombrajos por todo el campo de Arahal.

chozas estructuras

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construcción de una choza

La choza podía tener una estructura completamente vegetal, como la de arriba a medio construir. O paredes de obra, de argamasa con ramas, o de ladrillo y piedra, como la de abajo. En ésta dos hombres ayudan a otro a construir un chozo de desahogo. Es interesante este carácter participipativo en la erección de una choza. Lo mismo que los instrumentos utilizados,  desde la escalera artesanal a una simple hacha. La tienda de ferretería no existía para ellos. La foto es de los años 50.

La choza podía construirse de una forma “legal”, pidiendo permiso al ayuntamiento e intercediendo con la parroquia, o de forma “ilegal”, la habitual. En este caso, se escogía un terreno, al lado de otras chozas, y se preparaba palos y pasto para la construcción. De noche, con la ayuda de los vecinos, se levantaba. Luego venía la multa por parte de los municipales, pero la choza quedaba en pie. Este es el caso  de la choza urbana, usada para vivir toda la familia. El otro tipo, la choza agrícola para proteger un campo o un cultivo, generalmente para un solo morador, no necesitaba ningun permiso.

La choza arahalense sería del mismo tipo que cualquier modelo andaluz originado por la necesidad. Si la choza era agrícola, era importante que la orientación elegida estuviese hacia la salida del sol para que el calor no diese en el porche o fachada. La choza urbana no tenía tantas opciones para elegir su orientación en una calle o zona de chozas en un barrio marginal del pueblo.

juncia

Los materiales para hacer eran baratos y dependían del lugar: la juncia, la paja de rastrojo, la aenea, cualquier vegetal que bien sujeto en techo o paredes impidiera el paso del  frío o del calor. La juncia (en la imagen) era muy apropiada, se utilizaba para alfombrar los suelos  en las procesiones o para trenzar cestas y asientos de sillas. Los palos o “jorcones” sostenían sus “costillas” atravesadas que eran la estructura del techo. Sobre estas se colocaban un piso de cañas sustentantes del pasto. El techo se cosía con tomiza para hacerlo más resistente. Todos los materiales debían encontrarse cerca, en un radio inferior a los diez kilómetros.

No había habitaciones, sólo un espacio único. El interior podía tener elementos básicos de obra, como poyetes, en forma de mostrador o mesa, para colocolocar utensilios de cocina o un lebrillo para lavar. Todo lo demás era movible, aunque se podían hacer camastros de madera  con colchones de paja o armazones de obra para colocar la paja o la farfolla encima. La distribución del interior se hacía con telas o mantas colgadas de una cuerda. Las camas eran ocupadas por varias personas. Si era posible se hacia la cocina fuera, en otra choza, para evitar olores e incendios. Para la iluminación nocturan se utilizaban candiles o lámparas de carburo.

choza-con-personajes0

En esta fotografía de los años 20 vemos a dos jovenes campesinos endomingados delante de una choza con paredes de barro o ladrillo. Así era el entorno de una choza: no hay calle, el suelo es la tierra y los setos de chumberas ordenan el espacio.

choza y burro

Una imagen parecida treinta años después, en los 50. Un joven campesino junto a su choza va abuscar agua en su burro. No tiene agua corriente ni luz eléctrica, pero tiene todo lo demás. Las carecterísticas ambientales son idénticas a la anterior.

choza extrarradio

Las chozas persistieron en las afueras del pueblo conviviendo con las casas de obra. Con el tiempo fueron cambiando sus paredes por obra y luego la paja por tejas, hasta que desaparecieron. En la imagen es interesante el espacio ocupado, con un mínimo de terreno dentro de unos límites señalados por un seto natural. La casa tiene una especie de jardín que delimita un espacio-pérgola delante de la fachada para las veladas veraniegas. Detrás, el corral y el lavadero.

Interior+de+la+choza+3

En este interior de una choza agrícola se ha construido un piso en la parte posterior, realizado con tablas y vigas.  A través de él se ve el armazón del tejado con los palos o “jorcones” sosteniendo las “costillas” y encima el pasto. En el piso se acumulan aperos, baúles y ristras de ajos.  Se accede por una escalerilla artesanal hecha de palos.

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Las chozas en la actualidad son construcciones de capricho que no se habitan sino que se usan en determinados momentos, como las de la provincia de Cádiz o las del Rocío. En ésta de la foto con paredes de albañilería moderna, los propietarios han utilizado el plástico para proteger el tejado de pasto, privando de su belleza al paisaje y convirtiéndola en un remedo de las antiguas. La protección muestra la alta valoración que se tiene de un tejado de pasto, cada vez más difícil de hacer por no existir gente que conozca su técnica.

Pensar que en Arahal no quede ninguna choza, ni siquiera como bar de copas, me produce un sentimiento de pérdida.

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Referencias bibliógráficas:

-Julio Caro Baroja: “Pueblos del sur” en la Revista de Antropología.

-Angel B. Espina Barrio “Manual de Antropología Cultural”.

-Isidoro Moreno: “La identidad cultural de Andalucia”.

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Imágenes: 1.-Choza de paredes y techo vegetal con el típico jardín de macetas aprovechando latas de conservas. 2.-Estructura de choza a medio hacer. Se puede ver muy bien el basamento del suelo con piedras y tierra. 3.-Construcción de un chozo de desahogo al lado de una choza con techo de paja y paredes de obra. 4.-Juncia o castañuela de agua. 5.-Dos campesinos ante una choza (años 20). 6.-Campesino con burro y cantaros junto a una choza (años 50). 7.-Choza en el extrarradio de un pueblo. 8.-Piso en el interior de una choza agrícola. 9.-Choza actual protegida con plástico. (algunas imágenes proceden del blog historiacasasviejas.blogspot.com)

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Aperos y cultivo del olivo. (En memoria de mi padre)

enero 29, 2009

En el Catálogo de Aperos Agrícolas del Museo del Pueblo Español, realizado por Jose L. Mingote Calderón, existe un apartado sobre el cultivo del olivo que se acompaña con algunos aperos (no muchos). Sobre el mismo, este autor señala dos cosas importantes: la falta de estudios etnográficos del olivar y el cambio que se ha producido en su sistema de cultivo en los últimos años, con la consiguiente alteración de instrumentos y aperos tradicionales.

Creo interesante copiar aquí la terminología recogida por Mingote al respecto, intentando establecer unas mínimas bases etnográficas de las labores propias de la aceituna en Arahal:

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Terminología

Plantación

Estacas.- Sistema de reproducción a través de ramas.

Garrotes.- Idem con chupones del pie.

Zuecas.- Idem con protuberancias de la raiz.

Retoños.- Idem con brotes de raices.

Instrumentos y aperos: azadas, piquetas, rastrillos, escardillos, etc.

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Ordenación de la plantación

Marco real.- Los olivos ocupan los vértices de un cuadrado.

En linea.- Ordenación de los olivos como su nombre indica.

Al tresbolillo.- Los olivos ocupan los vértices de un triángulo equilátero.

Instrumentos y aperos: azadas, piquetas, rastrillos, escardillos, etc.

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tresbolillo

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Formación del árbol

Cima alta.- Manteniendo su forma natural.

Vaso o canasto.- Dando esa forma a la copa.

Instrumentos y aperos: hachas, hachuelas, serruchos, podaderas, tijeras, cuchillos, etc.

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Labores

Limpia.- Poda ligera, centrada en ramillas, tallos o chupones.

Poda.- La habitual en los árboles, que se realiza tras la recogida de la aceituna.

Desvareto.- Eliminación de ramas después de la recolección.

Tala.- Poda drástica, a causa de heladas o para la regeneración del olivo.

Afrailado.- Corte progresivo de ramas principales hasta conseguir la sustitución de la copa.

Instrumentos y aperos: podaderas, podones, rascadores, hachas, hachuelas, serruchos, podaderas, tijeras, cuchillos, etc.

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ordeno1

ordeno20

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Recolección

Vareo.- Golpeo con cañas o palos de distinto tamaño para hacer caer la aceituna.

Ordeño.- Recoger la aceituna con las manos, método normal para la de mesa.

Instrumentos y aperos: bancos, macacos, espuertas, etc.

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banco-aceituna

mesa-olivo1

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Limpia y selección

Instrumentos y aperos: tolva o mesa con rejilla, espuertas, etc.

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Referencias bibliográficas:

– José Luis Mingote Calderón: Catálogo de los aperos agrícolas del Museo del Pueblo Español. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1990.

– Andrés Guerrero García, VV Staff: Nueva olivicultura. Mundi Prensa, 2003.
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papa

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Imágenes, de arriba a abajo:

1.- Forma de marcar la plantación en tresbolillo. 2.- Ordeño con macaco. 3.- Macaco (cesta de esparto con forma troncocónica que se cuelga al cuello). 4.- Bancos o escaleras para la recogida de aceituna con ordeño. 5.- Tolva o mesa con rejilla para seleccionar la aceituna. 6.- Retrato de mi padre a comienzos de los años 50.

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