Gastronomía básica: algunos platos

agosto 2, 2020

Si entendemos la gastronomía en su amplio significado, como la ciencia y el arte del ser humano con su alimentación y su medio ambiente, tendríamos que profundizar algo más en este pequeño post de Arahal. Pero sólo sirva esta introducción para entrar en el arte culinario del pueblo.

La cocina de Arahal, como el resto de la cocina regional que la rodea, se basa  en una gastronomía natural y sencilla. En ella reina la tradición, preocupada por alimentos sanos y equilibrados. Estos cuatro platos de conocido nivel popular son un ejemplo.

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Cocido de calabaza, un cocido de Arahal

El cocido de calabaza es muy sencillo de hacer – como todos los cocidos – y muy nutritivo, por la cantidad de verduras que tiene. Se ponen a remojo los garbanzos, en abundante agua fría. Esto se hará por separado, añadiendo un poco de sal al agua de remojo de los garbanzos para que se ablanden más. En agua se añaden los garbanzos, la verdura lavada y troceada, y la cabeza de ajo entera. Aparte se majan en un mortero tres o cuatro dientes de ajos y una cucharadita de pimentón. Añadimos el majado al cocido y cocemos a fuego lento durante al menos hora y media. Cuando falten 20 minutos para finalizar la cocción incorporar carne, longaniza, chorizo y tocino cortados en trozos. Es un puchero con su “pringá” muy original, con muchas verduras y con un sopa de sabor peculiar debido a unas hojas de hierbabuena.

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Tagarninas esparragás

Las tagarninas son plantas silvestres, fáciles de encontrar en muchos campos arahalenses. Una vez recogidas es necesario cortar sus tallos, que deberemos limpiar convenientemente antes de preparar cualquiera de las muchas recetas que podremos hacer con ellas. Se ponen a cocer durante una hora en una cazuela con agua hirviendo. En una sartén grande con abundante aceite de oliva, incorporamos 4 dientes de ajo lavados y pelados y 2 hojas de laurel y los doramos. Freímos también en la sartén 2 rebanadas de pan de pueblo. Luego se muelen en un mortero con un poco de agua y una pizca de sal. Las tagarninas cocidas y escurridas en la sartén  se sofríen junto a los ingredientes molidos en el mortero. Por último, se añade sal, comino y una cucharadita de pimentón.

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Garbanzos con bacalao

Éste es un plato tradicional de la cocina arahalense que se solía servir en Cuaresma junto con los potajes de vigilia. Se utilizan un buen bacalao bien desalado y unos garbanzos tiernos. Se ponen los garbanzos a cocer en agua con una hoja de laurel y sal. En una cazuela con aceite de oliva se hace un sofrito con cebolla, pimiento y ajos, todo picado. Cuando esté todo pochado se pone pimentón. Se rehoga y se colocan los garbanzos ya cocidos y escurridos con la hoja de laurel, la patata pelada y troceada y el bacalao. Se cubre con agua y se espera un buen hervor.
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Potaje de chicharos

Los chícharos son alubias pequeñas que se distinguen por tener un punto negro en la parte central. Equivalen al cocinar a las alubias blancas. Se preparan remojándolos en agua fría una noche. Se cocinan dando primero un hervor a las carnes y al añejo. Luego se colocan en una olla grande las carnes y se cubren de abundante agua. Se añade sal, hojas de laurel, media cebolla pelada y patatas peladas en dados. Después de cocer 40 minutos se añaden los chícharos y un chorro de aceite. Cuando las carnes y las legumbres están tiernas se añade trozos de morcilla y, si se quiere, un puñado de arroz para completar el guiso.

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Coche de línea

julio 1, 2020

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En una Guía Reinal de los años 20 (1) encuentro los servicios de Autos de Líneas existentes en la provincia de Sevilla, lo que se llamó durante mucho tiempo en Arahal los “coches de línea”, los “camiones”, y que ahora se ha simplificado con la palabra. Este servicio de los años 20 era ya muy extenso en esa época, formando una unión entre Sevilla y pueblos, o entre pueblos y otras provincias, cuando no existían apenas coches particulares.

El servicio del coche de línea de Arahal era de uno al día y costaba el trayecto 4 pesetas, casi un duro, una moneda de cinco pesetas. Según el anuncio, con una sola parada en Alcalá de Guadaira.


A R A H A L

44 kms.  Precio clase única : 4 pesetas

Automóvil  Diario.  Pueblo que atraviesa : Alcalá de Guadaira


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La Guía Reinal de Sevilla era un pequeño librito conteniendo muchos datos de la capital y de la provincia. Tenía una reseña turística, geográfica e histórica de lugares importantes, pero se preocupaba de informar sobre todo de las comunicaciones por ferrocarril y carreteras. Para ello iba acompañada de un mapa y un recorrido de trenes. Además contenía 18 planos de las poblaciones más importantes.

En esa época Arahal pertenecía al Partido de Marchena y tenía 10.181 habitantes. Arahal aparecía en las guías con las letras F.C., que quería decir que tenía estación de ferrocarril. En el itinerario por carretera Arahal se encontraba en el itinerario de Sevilla a Málaga, como parada recomendada.

 

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Notas

1.- Guías Reinal. Provincia de Sevilla. Imp. Chulilla y Angel, Madrid (circa 1929). Sin paginar (100 pags aprox). Un plano plegado. Gráfico de Ferrocarriles. 

2.- Imágenes: Autobús años 20. Billete de autobús. Carretera andaluza en los años 20.

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Un pasaporte

junio 1, 2020

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Un pasaporte para ir a Sevilla… desde Arahal

En el siglo XIX no existían documentos de identidad como los que ahora solemos usar. Para identificar a una persona se otorgaban cédulas de identidad, documentos y pasaportes interiores como éste, emitido por el ayuntamiento de Arahal en 1823. El concepto de pasaporte ha evolucionado con el tiempo. Covarrubias en 1611, en su Tesoro de la Lengua Castellana, define al pasaporte como la “licencia para poder pasar alguna cosa vedada para los puertos”. El pasaporte identifica a una persona y le permite pasar.

Este pasaporte, realizado en el ayuntamiento de Arahal en diciembre de 1823, es el típico documento de la época necesario para viajar. Para ir a Sevilla era conveniente ir provisto de un papel que acreditara tu persona. Es un documento impreso, que indica que era habitual en el municipio, donde se realizaba y cumplimentaba con caligrafía de escribano y firma del alcalde.

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El texto de este documento dice

PASAPORTE

LIC D JOSE MIGUEL MONGE. Abogado de los Reales Consejos, Alcalde Mayor Y Capitan a Guerra por S. M. de esta Villa del Arahal, Presidente de su Ilustre Ayuntamiento, de las Juntas de Propios y Arbitrios, de la del Real Pósito, y y de la de Sanidad, Subdelegado de Bienes Mostrencos Vacantes, y Ab-intestatos de esta Villa, su término y jurisdicción &c.

CONCEDO PASAPORTE a Don Juan Roldán, Clérigo de Menores de esta vecindad, para que pase a la ciudad de Sevilla a diligencia propia.

POR TANTO SUPLICO a los Srs. Jueces y Justicias Reales Ordinarias y Militares no le pongan impedimento en su viage. Dado en las Casas Consistoriales de esta Villa del Arahal en diez y seis del mes de Dic, año de mil ochocientos veinte y tres.

Licdo. Monge              Por mandado de su Merced : Manuel Sánchez y Galindo 

 

Las señas, datos físicos del propietario del pasaporte, aparecen con claridad a la izquierda. Eran imprescindibles y lo más ajustadas posible para constatar la pertenencia del documento al individuo que lo llevaba. Una imagen fotográfica en la actualidad hacen innecesarias estas descripciones físicas.

SEÑAS

Edad      17 años

Carnes   Delgado

Pelo       Castaño

Ojos       

Nariz      Regular

Barba     Despoblada

Señas particulares 

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El documento contiene la firmas del alcalde, Licdo. José Miguel Monge, y del escribano, Manuel Sánchez y Galindo. Y se acompaña con el sello del ayuntamiento de esa época, un círculo en el que se lee VILLA DEL ARAHAL y que contiene el león desquijarado, tendido en tierra, y sobre el que ondula la inscripción latina que dice: “Absorta est mors in victoria” (“La muerte ha sido absorbida en la victoria”). Aquí abajo podemos comparar la evolución del sello municipal del XIX al XX.

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Historia de España. El año en que se hizo este pasaporte entraron en España los Cien Mil Hijos de San Luis, a solicitud del rey Fernando VII. Francia intervino militarmente en España el 7 de abril de 1823 para apoyarlo frente a los liberales y restablecer el absolutismo. El objetivo fundamental de la intervención francesa era terminar con los liberales en el gobierno desde tres años antes. El trienio liberal se había iniciado en 1820 con un pronunciamiento militar, durante el cual se restablecieron la Constitución y los decretos de Cádiz.

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Vida agricola en 1931. Odio a las máquinas.

mayo 3, 2020

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Un reportaje sobre el campo de Arahal aparecido en 1931 en la revista Ahora. El periodista acude al verano de Arahal para describir la crisis agrícola de los jornaleros, el paro, la competencia de las máquinas segadoras y el incendio de las cosechas. En el reportaje vemos fotografías del alcalde de Arahal, del aperador de Menguillán, de obreros y segadoras.

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Una máquina segadora parada en el cortijo de Menguillán.

El alcalde de Arahal, Juan Ortiz Luna, en Menguillán, rodeado por el periodista, el aperador y jornaleros (1931).

 

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El reportaje apareció en Ahora el 25 de junio de 1931. Estaba firmado por José de la Flor con el título Un reportaje de Ahora en el campo andaluz. El diario gráfico Ahora fue fundado en 1930 y tuvo corta vida pues se cerró al final de la guerra. Aunque de ideología republicana, mantenía una corriente moderada donde se podían leer firmas prestigiosas como Ossorio, Madariaga, Pío Baroja, Valle-Inclán, etc. El director era Luis Montiel y el subdirector el ahora recuperado M. Chaves Nogales.

Aquí debajo, las dos páginas del reportaje y su transcipción.

Un reportaje de AHORA en el campo andaluz

Mientras el “auto” avanza hacia el Cortijo Los Ojuelos, vamos ordenando las notas, de la conversación sostenida con el presidente del Sindicato de pequeños labradores de Arahal, don José Gamero Lobato. Con palabra precisa nos va exponiendo su opinión que, en gracias a la brevedad, vamos a procurar extractar.

– Los obreros -nos dice- han aumentado su jornada de trabajo con la implantación de las ocho horas. Claro es que este aumento se produce cuando trabajan en posesiones que tienen departamentos apropiados para que pernocten en ellas. Esto sólo ocurre en los cortijos, pues nosotros, los pequeños labradores que poseemos unas miserables hectáreas, no podemos decir lo mismo. De seguir las cosas así, el año que viene no podremos labrar nuestras tierras. Yo tengo unos terrenos a unas dos leguas de Arahal. Como carezco en él de alojamiento para los obreros, tengo que resignarme a que ellos vayan y vengan todos los días al pueblo. En las bases acordadas se dice que las ocho horas se contarán a partir del momento en que el campesino salga de la localidad. Como son dos leguas las que tiene que recorrer resulta que pierde tres horas, a razón de hora y media por cada legua. Al regreso pierde otras tres horas, y resulta que la jornada real que invierte en trabajar mis tierras son dos horas. ¿Cómo voy a poder pagar yo un jornal mínimo de cinco pesetas por dos horas de trabajo? En estas o parecidas condiciones estamos los ciento setenta labradores que constituimos el sindicato. Además no podemos empezar a segar porque carecemos de dinero para pagar los jornales. No discutimos el derecho del obrero a ganar más. Sabemos cuán grande es la carestía de la vida: pero nos es imposible pagar jornales de cinco a diez pesetas por dos horas o tres de trabajo efectivo. Los labradores ricos podrán resistir, pero nosotros estamos a punto de perecer. Yo de mí se decir que el año que viene no podré sembrar. No hay dinero. Los usureros no nos dan un céntimo con la garantía de las cosechas próximas. Los Bancos menos.

– ¿Por qué opina usted que los obreros, allí donde puedan resistir una jornada efectiva de ocho horas, trabajarán más que antes?

Muy sencillo. Antes se trabajaba de sol a sol. Pero esto sólo era un decir. La verdad es que haciendo cuentas, la jornada de trabajo efectiva no pasaba nunca de cinco horas. Aquí en Arahal, por ejemplo, se reunían los obreros al amanecer en la plaza. Llegaban los encargados de reclutar trabajadores y les pagaban anticipado el día y, apenas cobraban, marchaban a comprar los “avíos” para el almuerzo. Una hora después se reunían de nuevo en la plaza y de ella partían para el lugar donde habían de trabajar. Llegado a él almorzaban. Empezaban la labor, que interrumpían a las doce o la
una para tomar un gazpacho. Terminado éste, otra vez al trabajo. A las cuatro, nueva interrupción para tomar una ensaladilla. Reanudación de la labor y un rato después ya los tenía usted camino del pueblo para que estuvieran en él a la puesta del sol. Durante la jornada se intercalaban cuatro o cinco cigarros, en cada uno de los cuales tenían media hora de descanso. Haga usted las cuentas y vea si trabajaban más de cinco horas. En cambio ahora no descansan para fumar, sino que lo hacen mientras trabajan, pues la jornada es continua. A mi juicio han salido perdiendo.

– ¿Podrán sostener los labradores los nuevos jornales?

– De ninguna manera. Con la actual tarifa, el campo como negocio es completamente ruinoso. Sólo habría un medio de que no lo fuera. Y sería aumentando proporcionalmente el precio de los cereales. Como esto no es posible, no hay que pensar en ello. El obrero tiene razón en pedir más dinero. Pero nosotros también la tenemos al decir que no podemos darlo. Ojalá pudiéramos vender nuestras tierras. Pero en estos momentos es imposible encontrar compradores. El Gobierno debe pensar la solución del grave conflicto que se le avecina. Todavía este año habrá cosechas, pero el que viene no habrá quien siembre.

Las palabras anteriores han sido dichas con un indomable acento de amargura. Este hombre ama el campo, donde ha pasado toda su vida. Y ahora, al vislumbrar en perspectiva el éxodo a la ciudad en busca de otros horizontes, siente el dolor de tener que abandonar este pueblo donde ha pasado su niñez y su juventud, donde le han nacido sus hijos y donde se había hecho la ilusión de entregar su cuerpo a la tierra que consideraba como su madre.

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Visita a dos cortijos. El odio a las máqulnas

Sigue rodando veloz el “auto” y seguimos ordenando las últimas notas de nuestra permanencia en Arahal.

Nos toca ahora hablar de la visita a los cortijos de Menguillán y Jimabalillo, efectuada en unión del alcalde y presidente de la Agrupación Socialista de Arahal, don Juan Ortiz Luna. Este había recibido un telegrama circular del gobernador civil de Sevilla, en que decia que, provisionalmente, quedaba suprimido el uso de las máquinas en las faenas del campo, para emplear mayor número de brazos y conjurar de este modo el paro forzoso. Esta medida sólo dejaría de aplicarse allí donde los obreros estuvieran conformes con el uso de las máquinas. Este telegrama fue objeto de una aclaración al día siguiente en el sentido de que en los pueblos donde hubieran acordado bases de trabajo que no excluyeran las máquinas, siguieran éstas trabajando. El alcalde de Arahal, como la mayoría de los de los pueblos de la provincia de Sevilla, consecuente con la interpretación dada por ellos al primer telegrama, ordenó la suspensión provisional de las máquinas. Y he aquí que la orden fue llevada personalmente por el alcalde a algunos cortijos, entre ellos el de Menguillán y el de Jimabalillo.

En los dos trabajaban, cuando llegamos, varias máquinas segadoras, que inmediatamente cesaron en sus tareas. Hablamos brevemente con Francisco Cabrera Balbuena, aperador de Menguillán. Tiene setenta y tres años, y se conserva fuerte como un roble. Cuarenta y cinco años lleva trabajando en este mismo cortijo. Pocas veces ha sentido la necesidad de ir al pueblo y menos a la capital. Bravo tipo de andaluz, apegado a la tierra. Todo lo que pasa ahora le parece fuera de la realidad. El amo siempre ha sido el amo. El pobre ha trabajado siempre y tendrá que seguir trabajando. El no entiende muy bien eso de que en una casa mande nadie más que el amo. Pero. en fin, manda que se paren las máquinas y obedece. No ha hecho otra cosa en su vida que obedecer, y ya es tarde para otra cosa. Se lo dirá, sin embargo, al amo, y él sabrá lo que tenga que hacer. Bravo tipo de labriego a la antigua usanza éste. De contextura física y espiritual bien distinta a los de ahora, que él no acierta a comprender.

Parecida escena en el cortijo de Jimabalillo. Igual extrañeza del aperador ante la orden. Júbilo entre los obreros que aguardan en el pueblo. Todos odian a las máquinas. Todos si pudieran las reducirían a un montón de hierro. Y con una satisfacción que no tratan de disimular comentan que unos compañeros de Osuna y de Ecija han destrozado varias máquinas, que sin pedir disminución de jornada, ni aumento de salario segaban , segaban incansablemente…

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Ante la tierra calcinada

Llegamos ante los terrenos del cortijo los Ojuelos. El fuego ya ha sido extinguido por los mismos trabajadores de la finca. Si con una magnífica nobleza innata no hubieran atajado los efectos de las llamas éstas hubieran acabado por destruir la hermosa posesión. De todas maneras han ardido unas ciento veinticinco fanegas de tierra. Charlamos con algunos braceros mientras Serrano hace una “foto”. ¿Causas del incendio? ¿Quién sabe cómo y por qué arden los cortijos? Los obreros se encogen de hombros como si de algo fatal e inevitable se tratase. Y nos informan que también han ardido mieses en cortijos de Osuna, de Ecija, del Rubio.

Reanudamos la marcha. Perdemos de vista la tierra calcinada y empezamos a ver otras en que e! fruto dorado se mece en las espigas. Y como consecuencia de la paralización de las máquinas, que al siguiente día, por virtud de la aclaración del gobernador habían de reanudar sus tareas, empezamos a ver cuadrillas de trabajadores que bajo el sol implacable siegan a grandes brazadas gavillas y gavillas de trigo. La vieja estampa del segador ha vuelto a tener justificación en los campos de Andalucía.

José de la Flor

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Portada del diario Ahora de 25 de junio de 1931.

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Arahal en un itinerario militar de 1860

abril 2, 2020

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Encontramos a Arahal en un itinerario militar de Andalucía de 1860. Este itinerario, llamado “Sancha-Rozas” por el nombre de sus autores, recorre completamente todo el territorio andaluz, dejando detalles muy curiosos de pueblos y localidades, que por su interés estratégico anotaban los militares.

El plano dedicado a Arahal nos muestra al pueblo en un cruce de caminos que parten a localidades vecinas: dos caminos a Osuna (4 leguas); otros dos a Morón; dos a Paradas (2 leguas); un camino a Marchena (3 leguas). Además de los llamados caminos “de las labores”, que indican las salidas al campo y las tareas agrícolas. Se señala el cementerio, que queda en las afueras del pueblo, con un perímetro urbano de Arahal propio del XIX. Los militares señalan lugares de importancia toponímica: el Caserío del Vizcaino y La Quinta, camino de Mairena (4 leguas). (1)

Este Itinerario Topográfico de Andalucía se publicó en Madrid por el coronel de caballería S. Sancha y el teniente coronel, también de caballería, J. Rozas y Campuzano. Tiene formato de guía de bolsillo para ser manejado en campaña, contiene numerosos planos de recorridos, con soluciones y aclaraciones para el manejo de la tropa. Hay una hoja dedicada al plano de Arahal y su contorno.

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1.- “El Cuerpo de Estado Mayor tuvo encomendado, desde su creación en 1810, las siguientes tareas: el levantamiento de planos de campos de batalla, zonas fortificadas y fronteras; la formación de itinerarios descriptivos de los principales caminos adecuados para la marcha de las tropas; itinerarios estudiados para obtener un previo conocimiento del terreno y los medios de subsistencia que pudiera facilitar el mismo. El contenido de estos itinerarios comprendía los nombres de las localidades, parajes y puntos notables que atravesaba la ruta; el número de vecinos de los pueblos (para calcular la capacidad de alojamiento); las distancias, expresadas en minutos de marcha regular a pie; los rumbos de las principales alineaciones, y una descripción detallada del camino, así como de los medios de todas las clases que podían hallarse en el recorrido, especialmente agua, carros, acémilas, piensos, alojamiento y cualesquiera otros apropiados para satisfacer las necesidades militares. Dichos itinerarios se iniciaron durante la Guerra de la Independencia y se continuaron después, tanto en tiempo de paz como de guerra, en la Península y territorios de Ultramar. Para perfeccionarlos se dieron oportunas instrucciones en el año 1847, determinando que al mismo tiempo de estudiar el itinerario se levantaran simultáneamente el plano topográfico de la ruta y sus aledaños, lo que se hizo, en general, a la escala de 1:20.000, con representación del relieve por curvas de nivel.

Se comprenderá la importancia que alcanzarían tales trabajos en una época en la que no existía aún mapa alguno de España que mereciese mediana confianza, pues precisamente hasta ese año de 1847 no aparece la primera hoja del Atlas de Coello, y del mismo tiempo, dos años antes, data la Carta Geométrica de Galicia, por D. Domingo Fontán, a escalas diez y cinco veces menores, respectivamente, de la de los itinerarios gráficos. Éstos se utilizaron más adelante para la formación del Mapa itinerario Militar de España al medio millón, por el Depósito de la Guerra, en 1865, mientras que en 1867 se publicaba un Itinerario Descriptivo Militar de España en ocho tomos, comprendiendo 1.200 itinerarios y 70.300 kilómetros de recorrido”. (Centro Geográfico del Ejército, Archivo Cartográfico)

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Bibliografía: Itinerarios Topográficos de las Comunicaciones de la Cap. General de Andalucía. Escrito por los Coroneles Sancha y Rozas. Editado por El Zaragozano. Encuadernación en tela editorial. 16×9 cms con 92 páginas, 1 plano desplegable y 67 láminas a toda página.

Imágenes. Arriba: Soldado de Infantería. 1860. (artemilitarynaval.es). Debajo: Regimiento de Infantería: Oficial, granadero y fusilero. años 60. 

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2 cántaros de agua para Zaragoza

marzo 9, 2020

Parece sorprendente el envío de cántaros de agua desde Arahal a Zaragoza en aquella época de difíciles caminos y diligencias. Agua para beber, de efectos medicinales. Uno de los cántaros se rompió antes de llegar.

Es el agua de La Lapa, que a mediados del siglo XIX se descubre como curativa de piedras del riñón. La noticia se difunde, la prensa la recoge, y los pacientes lejanos que no pueden desplazarse hasta el pozo de Arahal, tienen que conformarse con que les envíen el agua. Esa es la historia que cuenta La Nación en junio de 1864.

D. Lorenzo Martínez del Arahal es el propagador de los beneficios del agua y el que envía los cántaros.

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La Nación. 4/6/1864

“En el término de la villa del Arahal, en la provincia de Sevilla, y como á media legua de dicha población, existe un pozo de agua potable, en la hacienda llamada de La Lapa, que tiene la especial virtud de curar radicalmente el mal de piedra en el poco tiempo que se usa, como le ha acontecido á D. Lorenzo Martínez y Galán, que sufriendo hace años, en breves días de beberla ha logrado su completa curación, así como las de otras personas que por su noticia la han usado.

De este mismo bien se ha utilizado D. Juan Mazo, secretario del ayuntamiento de Cosuenda, provincia de Zaragoza, que al saber por un comandante retirado de aquella población los prodigios del agua, pudo conseguir que D. Lorenzo Martínez, no sólo le diese instrucciones sobre el particular y sus maravillosos efectos, sino que por conducto de las diligencias de esta capital le remesase (sic) dos cántaros bien acondicionados de dicha agua, y aunque a su destino no llegó más que uno, por haberse roto el otro en Despeñaperros, ha bastado tan corta cantidad de agua para convencer que son instantáneos y prodigiosos sus efectos en la curación del mal a que se aplica, como se demuestra en la carta que tenemos a la vista, fechada en Cosuenda en 16 del actual, en que, entre otras cosas, le manifiesta el secretario de aquella villa a D. Lorenzo Martinez, del Arahal, que el 8 había empezado a tomar el agua, haciéndolo un vaso en ayunas, otro con el chocolate y otro al oscurecer, y que en el primer dia se sintió con incomodidad al vacío ó hígado y riñones, resultando haber expelido algunas arenas; pero en el segundo día fue una cosa prodigiosa, al ver que salieron con abundancia, algunas partículas como trocitos de papel mojado.

Manifiesta también que ha seguido tomándola hasta dicha fecha con el mismo sistema, y aunque no expelía las arenas en la misma abundancia, sin embargo iban saliendo y se sentía bien, causándole pena la falta de agua, pues abrigaba el convencimiento que ésta le ha de salvar, y que de seguro, al haber llegado los dos cántaros, creía hubiera asegurado el alivio, si no la curación, por algún tiempo; por lo que le recomendaba se ocupase en ver los medios de que se había de valer para hacerle más remesa del agua, sín la contingencia de la anterior, por si le era imposible trasladarse por sus ocupaciones al Arahal para tomarla en su origen.

Y como deseamos el bien de los que puedan padecer el mal de piedra, nos apresuramos a darle publicidad, en bien del público, y para complacer los filantrópicos deseos de nuestro amigo el D . Lorenzo Martínez”.

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La Nación 15/9/1864

“Hace algún tiempo que en El Porvenir, periódico sevillano, se habló de una fuente que existe en el Arahal, cuya agua, según decían, había dado muy buenos resultados en la curación del mal de piedra. Son ya varías las personas que han obtenido alivio y hasta curación completa con la referida agua, y como creemos de gran interés lodo cuando puede producir algún alivio á la humanidad doliente, copiamos hoy del periódico indicado lo que publica sobre este asunto, seguros de que lo leerán con gusto nuestros abonados:

He aquí como se expresa El Porvenir:

“Nuestro amigo D. Lorenzo Martínez con fecha 7 del actual nos escribe de dicha villa, acompañándonos la carta que ha recibido de Cosuenda, provincia de Zaragoza, de D. Juan Marco, a quien le ha hecho dos remesas de la mencionada agua, expresándose sobre los maravillosos efectos que causa, en los términos siguientes:

“Cosuenda 3 de Setiembre de 1864.—Mi querido amigo y compañero D. Lorenzo: El agua Santa de La Lapa es preciso ya que ocupe en medicina el lugar que los hechos demuestran, y no temo en afirmar que es el litontrítico mas eficaz y heroico que se conoce.

Consultado por varias personas y cediendo gustoso a mis deseos de humanidad, he cedido dei agua que V. me mandó últimamente, sobre una arroba escasa a D. Lorenzo Cister, vecino de Sástago, y sobre arroba y media a D. Pedro Pablo Candado, rector párroco de Murero.

Justo es que yo me ocupe de los resultados que les ha producido, en bien de la humanidad, y para probar al mundo incrédulo las virtudes medicinales ya indisputables del agua de la Lapa, insertando lo que los mismos sujetos me dicen.”

“Sástago 31 de Agosto de 1864.—Apreciable amigo don Juan: Con la alegría que puede V. figurarse, he tomado la pluma para decirle los buenos efectos que me ha producido el agua: cl 4 de Julio empecé á tomarla, y el 3 desapareció el dolor, quedándome un ardor mas suave que otras veces, y el 9 por la larde me noté, estando paseando, una revolución muy grande, pero me duró poco rato, y al ir á orinar, noté que me salió bastante sangre coagulada con un cálculo del tamaño de una cabeza de alfiler grande, quedándome muy descansado, y Continué echando por algún tiempo arenillas, y por fin, desapareció completamente el dolor, sin que lo haya vuelto a sentir hasta hoy, cuando estaba padeciendo dolores insufribles con mucha frecuencia.—No me ocurre más por hoy, sino que le doy un millón de gracias por haberme cedido tan celestial agua, etc.”

“Murero 29 de Agosto de1864.—Dice, entré otras cosas, que en los diez ó doce días que tomó el agua, no experimentó ningún alivio; pero así que añadió un vaso más al chocolate de la tarde, sobre tomar uno еn ayunas, otro al chocolate de la mañana, experimentó un grande alivio, y que ahora que se le ha concluido el agua, no sabe lo que será de él, y concluye rogándome le proporcione tres cantaras de dos arrobas.

Para satisfacer, pues, los deseos del expresado señor rector, espero tendrá la bondad de remesarme el agua de La Lapa, que el mismo señor desea, por el mismo conducto qué’sé há servido hacerme las anteriores remesas; me encarga mucho dicho señor rector que sea cuanto antes, porque abriga la confianza de que el agua le ha de dar la vida, y cuente V. que pasa el pobrecito de sesenta y cuatro años.

Dispense V. tantas molestias; pero no tenemos ya más remedio que ayudar a nuestros semejantes, y disponga a su arbitrio del que se repite suyo atento afectísimo amigo y compañero Q. B. S. M.—Juan Marcos.»

“El mismo D. Lorenzo Martínez nos ruega publiquemos el análisis que se ha hecho de la mencionada agua, para que los que estén á larga distancia, y carezcan de recurso para proporcionársela del pozo que la produce, hagan la composición y tengan un remedio eficaz a que acudir en el mal de piedra, pues aunque no sea la compuesta tan pronta y eficaz, siempre deberá surtir efecto máxime si se usa con constancia.

Analizada el agua de La Lapa resultó contener el volumen examinado:

Doscientas siete milésimas partes de carbonato de cal.

Setenta y dos milésimas de carbonal de magnesia.

Ciento cuatro milésimas dé cloruro de magnesia.

Y trescientos setenta y seis milésimas de cloruro de sodio.

Y además indicios de materias orgánicas inapreciables.”

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Bibliografía

La Nación (Madrid. 1849 – 1873), con el subtítulo de “periódico progresista constitucional”. Hemeroteca Nacional. Madrid.

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